Desde su posesión como alcalde de Cartagena, en ese entonces vigoroso y en plena salud física, Campo Elías Terán Dix desnudó una personalidad indecisa, errática y contradictoria y en sus actos de funcionario reflejó amplio desconocimiento de los alcances de su cargo y demasiada impreparación para manejar una ciudad abundante en deficiencias pero rica en oportunidades, la más promisoria de Colombia.
Hoy, cuando se palpa un insoportable envilecimiento de la gestión pública que le fue encomendada, mal puede recurrirse a la enfermedad como explicación de ese acontecer. No es el cáncer pulmonar o cerebral, ni morbo alguno de estirpe física, la causa del desastre de Cartagena. La fuente de tantos males es la personalidad del gobernante electo. Altanero en apariencias y ante terceros, mas sumiso a los pedimentos familiares y obediente a los requerimientos de sus manejadores, sea por apoyos políticos o económicos.
Decisiones y rectificaciones, procesos contractuales adelantados en la penumbra, incapacidad para organizar un equipo estable de colaboradores, dubitación e improvisación en la selección de funcionarios, un ambiente mefítico en la contratación pública y falta total de claridad en las metas que animan los pasos de la Alcaldía, son evidencias de la gravísima situación de Cartagena, sin que existan atendibles razones para esperar mejoría.
“El Alcalde, papel que le llegaba, era papel que firmaba”. Esta descripción que no es obra de un malqueriente sino de su recién posesionado Secretario Jurídico (véase EL UNIVERSAL de ayer) certifica a los gobernados el comportamiento irresponsable de Terán Dix en el desempeño del complejo y delicado cargo de Alcalde Mayor de Cartagena.
Entre tanto, los escándalos surgidos desde el inicio de este mandato, como ya es costumbre, parecieran no despertar preocupación en los organismos de control. ¿Por qué en Cartagena no puede actuar la Procuraduría General con la rapidez y efectividad que lo hizo en Bogotá frente a Morenos y Nules? ¿Existe alguna interferencia para ello? ¿Por qué la Fiscalía General no actúa a pesar de la gravedad de los hechos denunciados?
Cuando se mira la indiferencia y dejadez de los organismos de control, territoriales y nacionales, es difícil dejar de evocar el desgarrado alarido del profeta Isaías: “prevaricadores han prevaricado con prevaricación de protervos.”
Es tonto esperar que la salvación nos venga de fuera. Nosotros mismos, los dolientes, tenemos el deber de acudir a la solución que la ley nos depara: la revocatoria del mandato conferido a Campo Elías Terán Dix para ser Alcalde de Cartagena por cuatro años, de los cuales medio le ha bastado para ponerla en afrentoso estado de postración.
Es cuestión de dignidad de los cartageneros y de todos los habitantes de Cartagena. En modo alguno es un combate contra un enfermo, es una reacción contra las actuaciones de un mal gobernante que llevará a la ciudad a uno de los peores períodos de su historia. El cáncer de Campo Elías se puede curar como parece superado el cáncer de Chávez, y así lo deseamos todos. Lo que no tiene sanación es su comprobada ineptitud para administrar la ciudad.
Cartagena no puede despilfarrar cuatro años en manos incapaces para delinear su futuro. Es tiempo justo para que Cartagena despierte y enderece su destino, mañana será tarde.
Abogado – Docente Universidad del Sinú – Cartagena
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