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Columna

El valor de la esperanza

“Promover y/o mantener la esperanza mejora la recuperación del paciente y le puede dar más años de vida. Estudios demostraron que...”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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Recibió muchos regalos de boda. Pero el más llamativo y a la vez más intrigante fue esa gigantesca vasija ovalada que yacía en medio del palacio como permanente reto envuelto en misterio. El regalo llegó con la admonición más increíble: por nada del mundo podría abrirla para ver lo que había en su interior. Era una utopía dada su gigantesca y enfermiza curiosidad. El peor día de la historia fue ese en que ella abrió la vasija. Todos los males, habidos y por haber, que habían sido encerrados por el mismo dios quedaron libres desde entonces y para siempre, para desgracia de todos. En el fondo de la vasija estaba Elpis o Spes, la esperanza. Lo anterior es un resumen del mito que hoy conocemos como la caja de Pandora que aparece en La Teogonía y en múltiples referencias. Para algunos la esperanza estaba en esa vasija, puesto que era uno más de los males del mundo. Un mal que puede llevar a la pasividad y la ilusión o un mal necesario para poder afrontar la muerte. Pero los optimistas plantean que ante el sufrimiento y la desgracia la esperanza sería el último bastión en que la humanidad podría refugiarse y tener un motivo para jamás rendirse.

La ciencia ha evaluado la esperanza como intervención en enfermedad, especialmente en escenarios críticos, como cuidado intensivo y oncología. La evidencia es contundente en que promover y/o mantener la esperanza mejora la recuperación del paciente y le puede dar más años de vida. Así, dos estudios demostraron que pacientes críticos con niveles más altos de esperanza al egreso de UCI presentaron mejor sobrevida y menos estrés post traumático.

Más recientemente, un estudio que comparó 426 pacientes con cáncer con 2.048 pacientes sin cáncer demostró que ambos grupos, especialmente los que tenían cáncer, prefirieron opciones con tan solo 10 % de esperanza de supervivencia a largo plazo que una opción similar y más segura a corto plazo. El mismo estudio encontró que el valor monetario de la esperanza para esa opción era de 12.445 dólares para pacientes con cáncer mientras que para la población general era de 5.985 dólares.

Entre tantos candidatos no será fácil escoger la mejor opción y la mayor esperanza para Colombia el próximo año. Más difícil será saber cuánto pueda costarnos. Eso sí, no podemos ver esa opción con pasiva ilusión.

Es menester que sepamos que la materialización de esa esperanza requiere de todos. Sin embargo, tengo para mí que nuestra esperanza no tiene precio ni costo y que su valor pasa por la fortaleza con la que afrontemos los próximos meses. Lo decía Dickinson: “La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma, y entona melodías sin palabras y nunca, nunca se detiene…”.

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