Es poco lo que los cartageneros saben respecto a la amenaza que representa para la ciudad el cambio climático.
El Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar) ha alertado sobre los riesgos que ponen en vilo a Cartagena por ser una ciudad costera.
De conformidad con las investigaciones y pronósticos de este Instituto, los barrios próximos al mar como Bocagrande, Castillogrande, El Laguito, Marbella, entre otros, serían los mayores afectados por este fenómeno natural, pero provocado por los desórdenes del hombre contra el medio ambiente.
El Distrito tímidamente estudia medidas y estrategias para contrarrestar las eventualidades del cambio climático.
El profesor Jesús Olivero, investigador de la Universidad de Cartagena, advierte que la vulnerabilidad de la ciudad es mucha frente a las inminentes consecuencias del cambio climático, el cual es un proceso irreversible, pero no imposible de afrontar.
La cuestión es de adaptabilidad y de tomar decisiones prontas que reduzcan los riesgos.
Dice que la Secretaría de Planeación está en la tarea de elaborar un plan para enfrentar los efectos del clima, y por consiguiente eso obliga a hacerle modificaciones al Plan de Ordenamiento Territorial (POT).
PROCESO ACELERADO
El cambio climático es universal y se debe a la serie de cambios que está experimentando el planeta Tierra.
La producción de dióxido de carbono (CO2) ha acelerado el proceso que conlleva al calentamiento global y en consecuencia al derretimiento de los polos.
El capitán de navío Ricardo Molares Babra, director del CIOH (Centro de Investigaciones Oceanográficas de Hidrográficas del Caribe), explica que a razón de lo anterior se aumenta la temperatura y la humedad, lo que provoca el aumento del nivel medio del mar y su expansión, pero como no tiene espacio para su creciente volumen, sobrevienen entonces las inundaciones.
De manera encadenada el oleaje golpea en las costas y cuando esto sucede los vientos aumentan y empujan la arena extendiéndose a otros espacios, que es precisamente el fenómeno registrado en las últimas semanas en las vías de Bocagrande contiguas al mar.
La deforestación de los manglares y el aumento de las construcciones a la orilla de la playa ponen en más riesgo a Cartagena, debido que “castrar el manglar le quita la posibilidad de que el sedimento se detenga y cree una defensa para huracanes y el mar de leva, y las construcciones frente a la playa le restan espacio al mar para que se mueva y se expanda”, explica el oficial naval.
Manifiesta que es muy preocupante el mal uso que se le ha dado a la zona costera, y que quizá es muy tarde para hacer algo.
Otro aspecto son las construcciones lujosas que se han erigido sin un estudio previo y bueno, pues proyectos como los hoteleros provocarán el hundimiento de la tierra y zanjan el terreno para más inundaciones.
“Toda la línea costera la hemos utilizado y ya no hay espacio para una comunicación entre la vida marina y la terrestre, ya no es posible que un cangrejo venga e interactúe con el manglar, cortan el manglar y ponen edificios. Se ha atrofiado la cadena alimentaria entre el océano y el continente”, complementa Jesús Olivero.
COMBATIR LA POBREZA, PARTE DE LA SOLUCIÓN
Para el investigador Jesús Olivero, una de las formas de afrontar un evento severo por cambio climático severo es disminuir la brecha entre los que tienen mucho y los que tienen poco, puesto que Cartagena sigue creciendo desordenadamente y eso tiene mucha injerencia, porque las posibilidades de hacer algo disminuyen.
“Hay que prepararse para un evento catastrófico asociado a la entrada de un huracán. No se pudo detener el huracán Katrina en Nueva Orleans, y de la misma manera nadie podría detener la destrucción que habría en Castillogrande, Bocagrande y El Laguito”, explica.
NO SOLO LOS HURACANES
También las oleadas de calor y la cada vez más poca disponibilidad de agua potable son graves.
“El agua dulce disponible para Cartagena está abasteciendo las necesidades industriales de Mamonal. En un evento como el Fenómeno del Niño nos podemos quedar sin agua, podríamos fácilmente enfrentarnos a una fuerte sequía del Canal del Dique, lo que significa un desabastecimiento total de agua en la ciudad, y no hay bombas que nos permitan obtener agua subterránea, nadie parece estar pensando en eso”, explica Jesús Olivero.
Para hacer algo más frente a este monumental problema ambiental, el capitán de navío Ricardo Molares por su parte insiste en la necesidad de reducción global del CO2, para lo cual es indispensable generar conciencia masiva al respecto.
Igualmente debatir estrategias para contrarrestar los efectos de nuevas construcciones, porque “tampoco hay que negarle la oportunidad a Cartagena de su desarrollo urbanístico y arquitectónico, pero sí se puede hacer algo más”, concluye el oficial.




