“A Cartagena ya no se le puede dividir en dos, porque son varias las ciudades que están creciendo en ella”.
De esa forma se expresó la investigadora del Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional, Claudia Mosquera Rosero, quien estuvo en Cartagena participando en un foro sobre raza, pobreza y patrimonio cultural organizado por el Observatorio del Caribe.
Nacida en Cartagena, Mosquera Rosero opina que la metáfora bipolar donde existe una Cartagena popular, que es pobre; y una Cartagena elitista, que es blanca y rica, sirvió a estudios urbanos durante cierta época, “pero hoy, en el siglo XXI, creo que esa metáfora ya no es útil para entender el dinamismo que está ocurriendo en los barrios, en los grupos sociales, en la gente nueva que está llegando, en la manera como la clase media se ha ido fortaleciendo”.
Expresó, durante su intervención en el evento, que “es importante despolarizar esa visión y mirar más cómo se están comportando los distintos sectores, lo cual daría más cuenta de lo que somos hoy”.
La investigadora teorizó que la causa de la vieja polarización que por años caracterizó a Cartagena podría estar en que se trataba de una sociedad muy estática, fenómeno que empezó a cambiar a finales del siglo XX, aunque algunos estudiosos seguían insistiendo en que existían dos Cartagena y que no se comunicaban.“Creo que no es riguroso ni justo seguir diciendo eso, porque las mismas dinámicas económicas han hecho que los diferentes sectores interactúen permanentemente, sin que eso signifique que hayan desaparecido las relaciones de poder, lo que sucede es que aparecieron nuevos actores sociales con otras maneras de ejercer ese poder”, indicó.
Hizo énfasis en que los procesos de movilidad son diferentes, puesto que han aparecido nuevos centros de educación superior y, con ellos, nuevos profesionales que se insertan en el movimiento citadino, “y participan de la producción industrial, pero también habitan nuevos conceptos de viviendas y asumen otras maneras de divertirse, puesto que la oferta de entretenimiento ha crecido y ya no es solamente la playa el lugar para el esparcimiento”.
Especificó que esos nuevos actores sociales tienen diferentes procedencias: desplazados por la violencia armada, cartageneros que hicieron su vida profesional y familiar en el interior del país y regresan a disfrutar sus pensiones; gente que ha trabajado en el exterior por corto tiempo y viene a invertir el capital acumulado, etc”.
Asimismo, Mosquera considera que no existe una élite cartagenera, sino un mito, “pues quienes en algún tiempo pertenecieron a esa élite, que vivía de apellidos y abolengos, residen, desde hace muchos años, en Bogotá o en el exterior; y en Cartagena solo quedó el imaginario. La supuesta élite de hoy, por una parte es cordobesa y la otra parte es del interior del país, ambas ligadas a los grandes negocios o al sector portuario e industrial”.
Añadió que esas nuevas élites son las que mandan en la ciudad, recomiendan quién debe estar en los puestos de poder, “además de que ya mapearon a Cartagena y saben dónde están y quiénes son las personas claves para ayudarse a sostener en ese círculo de poder”.
