El Espinal no ha corrido con la suerte de los barrios de Manga, El Cabrero o Pie de La Popa, a pesar de haberse formado para la misma época, y en un sector privilegiado por su cercanía con el Centro Histórico.
Contiguo a las lagunas de San Lázaro y de Chambacú; y a fortificaciones coloniales como el imponente Fuerte de San Felipe de Barajas, la atracción histórica de 1657 que seduce a propios y foráneos, El Espinal es dueño de una historia particular.
Según el historiador cartagenero Rodolfo Segovia, en 1891 El Espinal junto con los barrios mencionados, “adquirieron la categoría de corregimientos”. A principios del XX se levantaron las primeras casas de madera de estilo republicano. Pero a diferencia de Manga, pensada y urbanizada por el general Dionisio Jiménez, este barrio creció por sí solo.
Según el profesor Ricardo Chica Géliz el barrio “apareció a fines del siglo XIX por cuenta de campesinos, viajeros y comerciantes que esperaban durante la noche y la madrugada, la apertura del Revellín de la Media Luna para hacer su ingreso a la ciudad (intramuros), en el desaparecido Baluarte de los Doce Apóstoles. Cuando tumban aquella muralla y aparece el puente Heredia entonces nace El Espinal”.
Para Chica Géliz la edificación más destacable del barrio era El Corralón de Mainero, “un edificio de madera de tres pisos, donde se apretujaban cerca de trescientas familias a finales de los años cuarenta del siglo XX” y cuya desaparición se dio en 1950.
La gentrificación llegó a El Espinal con la construcción de dos centros comerciales y la venta de casas para dar paso a hoteles boutique y edificaciones para entidades privadas, pero a pesar de ese fenómeno de modernización, elitización o llegada de inversionistas a esta zona residencial, el barrio no ha podido librarse de ciertos males.
Está lleno de negocios de comida, chatarrerías, lava autos, talleres de mecánica. A pesar de la cercanía con el Castillo de San Felipe, muy pocos residentes viven de la actividad turística.
Un barrio divididoEl desarrollo urbano de la ciudad ha sido, paradójicamente, parte de sus tormentos. Cuando construyeron la avenida Pedro de Heredia en 1960, lo dividieron en dos sectores: el sector de “Calle Nueva de El Espinal”; una calle de 550 metros que quedó como un barrio aparte dentro de Torices; y El Espinal como tal que hoy está al lado del Castillo de San Felipe. Hay familias con nexos en uno y otro sector.
Y en ambos sectores se construyeron casas de maderas, algunas aún en pie, que guardan las mismas líneas arquitectónicas. Las casas de madera de barrios como El Espinal, Torices o Lo Amador, según textos históricos del Banco de la República, tienen la influencia de una “arquitectura tropical basada en la que el imperio británico usaba en sus colonias, estilo traído al Caribe por los Estados Unidos”.
Una de las casas de madera más emblemática del barrio supera los 100 años, es de dos pisos y se mantiene en pie, a pesar de las actividades que en ella se cumplen. Está en la esquina de la Calle Real de El Espinal, contigua a una sede de la Policía Metropolitana en el lote público denominado Parque de la Comida Caribeña, al lado del nuevo puente Heredia.
Ahí vive la heredera de la propiedad y su esposo, que ahora usan el inmueble como bodega de materiales de reciclaje. Montañas de cobre, aluminio, plásticos, cajas de cartón y otros materiales ocupan el sofocante interior.
“Esta casa la hizo Manuel Romero, quien también ayudó a construir la casa de Rafael Núñez”, dice el hombre. “Yo vivo con una nieta de él”, agrega y advierte que no están vendiendo.
El retiro, sin sistema de alcantarilladoDetrás de la casa de Romero, está el más deprimido de los sectores, una calle bizarra llamada El Retiro.
Unas 21 casas conforman la callejuela que da al moderno vecino: el Centro Comercial Mall Plaza. Fue pavimentada gracias a ese desarrollo comercial pero, según los residentes, tanto los propietarios del complejo comercial como el Distrito no cumplieron su palabra de mejorar las condiciones habitacionales y ambientales del barrio.
Cuenta Elías Orozco Saltarín, quien habita desde hace 50 años una de las casas más grandes de El Retiro, también de esquina, que el sector no tiene un sistema de alcantarillado. “La ciudadanía debe saber que todas las necesidades de El Retiro van a parar a la laguna de Chambacú que da a nuestros patios y a Puerto Duro”.
Orozco explica que las casas que dan a la laguna “se convirtieron en accesorias y aquí habitan vendedores de arepas, tintos, golosinas, panes, y demás que proceden de diversos pueblos de la sabanas de Bolívar, Córdoba o Sucre, como Tuchín, Chimá, entre otros”.
Una mirada a esas residencias revela un intrincado laberinto de habitaciones, cuyos ocupantes no tienen un servicio sanitario regular.
Orozco también le pide al Distrito que haga los estudios para una obra de ingeniería en el Canal de El Espinal, que cruza contiguo a su casa y que permanece todo el año con maleza, aguas estancadas y basuras. “Aquí se reproducen mosquitos que trasmiten las enfermedades a los niños y el Distrito no hace nada”, dijo el residente.
En El Retiro también vive, desde hace 59 años, la familia de Jorge González Suárez y Ana Modesta Matos. Él es el padre de Aníbal González Paz, un entrenador de boxeo que tiene una escuela de esta disciplina en una de las casas del callejón.
Maribel González, otra de las hijas, comenta que cuando se anunció la construcción del Mall, se dijo que les iban a construir el alcantarillado y a emplear a muchos residentes. “Pero todo eso quedó en nada. Sobre el alcantarillado, los constructores pusieron un tubo para hacernos creer que con eso ya era suficiente, pero no es así”, advirtió.
A pesar de que El Retiro es un paso obligado de transeúntes que vienen y van al centro comercial, el callejón permanece con muchas de sus falencias en silencio.
El tráficoLas casas de El Espinal por lo general carecen de espacios para el parqueo de vehículos. Los vecinos se quejan de las incomodidades del tráfico vehicular y el esmog.
Opiniones“Pedimos más apoyo a nuestros jóvenes y que el Distrito cumpla con la promesa de la construcción del alcantarillado”, dice el residente Jorge González
“A pesar de que la seguridad mejoró con la presencia de la Policía y los Centros Comerciales, aún se presentan casos”, dice Maribel González
“Pedimos empleo para los jóvenes residentes de El Espinal en los centros comerciales y empresas que están llegando al barrio”, pide Elías Orozco





