Ya han pasado 11 días desde que terminaron las Fiestas de Independencia, una celebración que tiene como objetivo recordar que hace 206 años Cartagena se liberó del yugo español y adquirió la absoluta independencia.
Durante los cinco días de alegría y jubileo, estas, sin duda, le generaron a la ciudad enormes ingresos económicos al turismo, estacionamientos comerciales y al Gobierno distrital por los impuestos y permisos. Asimismo, nativos y turistas pudieron disfrutar de la nutrida agenda festiva propia de la celebración anual.
Cabildos, comparsas, disfraces, reinas y actores festivos impregnaron un ambiente folclor y jolgorio en todos los rincones de la ciudad, pero desafortunadamente a todos no les va bien en fiestas.Si bien hubo muchos ciudadanos que gozaron en paz y tranquilidad, muchos de los que asistieron a los eventos festivos con el fin de disfrutar, terminaron siendo víctimas de vándalos que los intimidaron para robarles sus pertenencias.
Y aunque las autoridades señalaron que quedaba prohibido la realización de cualquier tipo de espectáculos públicos o eventos privados con picós o cualquier otra clase de artefactos de amplificación sonora que generen alteraciones a la tranquilidad y convivencia ciudadana, la calma de algunos barrios se vio interrumpida por jóvenes que se dieron cita por Facebook e improvisaron ‘banditos’, los cuales en la mayoría de los casos terminaron en riñas y batallas campales que ni las autoridades pudieron acabar.
Este es el caso de El Cabrero, un barrio en el que todo es perfecto hasta que llega el 11 de noviembre. Sí, ese caótico y odiado día acaba con la tranquilidad y paz que se vive diariamente en este sector histórico situado de frente al mar caribe, en el Centro de Cartagena.
Según cuenta Augusto Villafrade Ruiz, residente por más de 29 años, durante las festividades novembrinas familiares y amigos se reunían en sus viviendas con el fin de gozar la independencia sanamente. Sin embargo, esto ya no es posible ya que desde hace cinco años, cada día del bando, jóvenes de otros barrios se apropian de sus calles, muchos con malas intenciones.
“Lo que sucede ese día es un atropello denigrante que todos los años debemos soportar con motivo y por causa de la Batalla de Flores, porque nuestra única calle es invadida por jóvenes que no viven en este barrio y que, desde la 1 de la tarde, forman una guerra de fuegos pirotécnicos, lo que es insoportable y fastidioso”.
De acuerdo a Villafrade, lo más grave de la situación es que en la comunidad la mayoría de los habitantes son adultos mayores y niños quienes tienen que soportar altos niveles de música, pólvora por doquier, licor y, en el peor de los casos, peleas y atracos. Adicionalmente, se ven en la obligación de quedarse en sus casas porque durante más de 8 horas la enorme masa impide cualquier movilización.
Según otro residente de la comunidad, estas fiestas callejeras se organizan en Facebook por dos o tres personas que anuncian que prestan sus carros con potentes sistemas de audio instalados, e incentivan a todos los adolescentes a asistir para formar el desorden.

José Guevara, presidente de Asocabrero, indicó a este medio que es una situación bastante delicada porque debido a la multitud se han presentado daños en jardines, vidrios y puertas de las fachadas de los edificios. Además que no es una fiesta con espíritu de celebración sino que se convierte en un espacio donde impera el irrespeto, abuso y el delito y las autoridades no dan abasto con la conglomeración.
“Ese día los habitantes del barrio decidieron refugiarse en sus casas a esperar que el desorden acabara, pero aun así fue imposible estar tranquilos porque en cualquier momento podía pasar algo terrible afuera. El hecho de que en plena fiestas no puedas salir y verte restringida de hacer cualquier actividad es como si te estuvieran coartando tu derecho a la libertad y no es justo”, sostuvo Guevara.
Ante esta situación los afectados indicaron que desde que se forman estos desórdenes en su barrio han sido exageradamente tolerantes, pero que para el próximo año no permitirán que se sigan violando sus derechos, es por ello que ya adelantan reuniones con las autoridades y Secretaria del Interior para tener un control judicial y no se permita el acceso al barrio.
No solo pasa en un barrio
Esta misma escena se repitió en Manga y Getsemaní, donde jóvenes sin falta de sentido de pertenencia y civismo, protagonizaron una guerra de buscapiés y desmanes, generando caos en el sector y acabando con la tranquilidad y seguridad de los niños y vecinos. Los disturbios en estos sitios no dejaron personas detenidas, según informó la Policía.
Estos 'banditos' no son eventos realizados por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, sino por jóvenes que, por querer celebrar sus días de vacaciones, organizan parches en diferentes barrios de la ciudad, dejando las calles llenas de toneladas de basuras e incomodando a los residentes.
Según el reporte de las autoridades, la atención en centros de salud, al igual que los delitos y comportamientos contrarios a la convivencia, se dispararon en los días de fiestas, es decir, no todos los ciudadanos disfrutaron de esta fecha con tranquilidad.

Las fiestas en cifrasDe acuerdo al Sistema de Información Turística de Cartagena de Indias (SITCAR), la Terminal de Transporte de Cartagena movilizó más de 40.000 pasajeros y unos 4.400 despachados desde esta terminal.
Asímismo, los hoteles afiliados a la Asociación Hotelera de Colombia, Cotelco, tuvieron en días festivos de celebración de la Independencia una ocupación del 65,87%.
El último balance que entregó la Policía fue de 2.942 urgencias, 46 capturados, la incautación de 94 kilos de pólvora, se aplicaron 59 comparendos por incumplir normas de convivencia, 98 medidas correctivas por infringir el Código de Policía, y la incautación de 11 armas de fuego por porte ilegal.
El uso de la pólvora durante las Fiestas de la Independencia causó quemaduras a 11 personas, de las cuales seis, es decir, la mayoría, son menores de edad.
El gerente de Gestión Social de Pacaribe, Óscar Osorio Avendaño, destacó que muchas de las personas que disfrutaron de los distintos eventos, organizaban o empacaban los residuos sólidos que generaban, en una clara muestra de civismo.
¿Podrán disfrutar las fiestas todos los cartageneros sin sentirse amenazados? En un año lo sabremos.
