Con poco más de una hectárea de extensión y alrededor de 500 habitantes, Santa Cruz del Islote, una pequeña isla artificial en zona insular de Cartagena, es de lo pocos lugares en el país donde la cuarentena ha sido acatada al pie de la letra. Gracias a eso, hoy permanecen libres de COVID-19.
“Gracias a Dios no hemos tenido ningún caso, ni quisiera asintomático. Aquí la gente es muy sana y respeta las leyes. Como dice nuestro alcalde, aquí nadie sale a ‘pendejear’ sino cuando realmente lo necesita”, asegura Ramiro De Hoyos, Inspector de Policía de la isla.
De acuerdo con De Hoyos, este logro ha sido posible ya que desde que se decretó el aislamiento obligatorio y se socializaron las medidas de bioseguridad, en la isla se definieron protocolos de estricto cumplimiento para la entrada y salida del lugar.
Una persona que quiera salir de la isla solo lo puede hacer por tres motivos: porque tiene alguna cita médica o situación de salud lo requiera; porque tenga que salir a comprar víveres o porque trabaje por fuera.
“Los protocolos se están manejando a través de Guardacostas y con el consejo comunitario, controlando quién entra quién sale. El que sale es porque lo necesita y amerita de verdad y se le da el aval. Eso sí, debe hacerlo con su tapabocas y se les toma la temperatura, lo mismo que cuando vienen de regreso”.
Aunque afortunadamente no han tenido que padecer los embates del virus, a esta isla de vocación turística la ha golpeado la crisis económica por la restricción de este tipo de actividades. Sin embargo, asegura el inspector que han sobrevivido con la ayuda de las donaciones y con su talento innato para la pesca.
“Hemos tenido dificultades, porque el comercio de la isla gira alrededor del turismo, pero como en la isla también sabemos pescar, con eso hemos sobrevivido y no nos ha hecho falta la comida. También recibimos ayuda de las empresa privadas, la Alcaldía, la Gobernación y hasta de la Vicepresidencia. Confiamos en que pronto todo se pueda superar y volver a la normalidad”, indicó.
De Hoyos precisa que si bien en la isla no se han presentado problemas, temen que los adultos mayores puedan enfermarse ya que durante este tiempo de aislamiento no han podido recibir sus medicinas, pues anteriormente el médico iba hasta la isla a valorarlos y recetarles los medicamentos y el inspector los reclamaba, pero con la pandemia el médico no volvió.
“En la isla hay unos 80 adultos mayores; con ellos tenemos problemas porque no se les están entregando los medicamentos para hipertensos, ni diabéticos. Anteriormente el médico iba y los valoraba, pero con esto no ha sido posible y por tanto no les han hecho las recetas. Esta es una situación que nos preocupa porque se pueden agravar”, asegura.
