“Salvemos juntos a la ciénaga de La Virgen”, ese es el nombre del gran pacto que esperan firmar pronto el Establecimiento Público Ambiental (EPA), las comunidades que residen sobre la ciénaga, y también actores del sector privado, que en conjunto ya están desarrollando acciones para recuperar este ecosistema.
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“La idea del pacto es que participen la institución, gremios y ciudadanía, y hacer un compromiso para rescatar a la ciénaga que ha sufrido por mucho tiempo por vertimientos de aguas residuales y residuos sólidos que llegan de los canales, los sedimentos y las invasiones. A pesar de eso, uno va a la ciénaga y ve una cantidad de aves y un potencial de pesca”, expresó Javier Mouthon, director del EPA.
Y es cierto. A pesar de todos los atentados que históricamente ha sufrido la ciénaga en materia ambiental, aún puede percibirse la belleza y la riqueza de este ecosistema, que con un mejor cuidado sería una excelente fuente de desarrollo sostenible. Es hacia allá que le apunta el pacto y el proyecto de gestión hídrica de la ciénaga.
Actualmente se está trabajando en barrios como Olaya, Fredonia y Nuevo Paraíso, pero la intención es abarcar todos los barrios ubicados en el margen de la ciénaga.
Con ellos se han hecho siembras de plántulas de mangle, limpiezas, talleres y capacitaciones con el fin de propiciar el cuidado del ecosistema. Incluso, se está avanzando en la consolidación de negocios verdes de reciclaje, huertas y viveros de manglar, con el fin de que las personas puedan obtener un ingreso económico a través de esta actividad.
En total se han sembrado 1.250 plántulas de mangle, se han limpiado 1.200 m² de bordes de manglar, y otros 1.620 m² de áreas del cuerpo de agua están en proceso de recuperación. También se han recolectado 4 mil semillas de mangle rojo para viveros comunitarios.

“Obviamente tenemos que luchar en contra de la otra fuerza que son las personas que siempre quieren estar cortando el manglar, pero la idea es poder ver el potencial que tiene este cuerpo de agua, y dar soluciones ambientales que tengan un beneficio social y económico”, resaltó Mouthon.
El proceso
El programa de gestión hídrica, que comenzó hace un año, se inició haciendo caracterizaciones socieconómicas de la población que vive al borde de la ciénaga, especialmente de aquellas que viven en hogares con pisos en tierra, paredes de madera y sin servicios públicos, que son las más vulnerables. Hasta el momento se han identificado 439 unidades de vivienda y 2.119 personas en este lugar.
“Nos encontramos con ese panorama y lo que buscamos es un reencuentro con el manglar y la ciénaga. Hacerle ver a la comunidad que este ecosistema no es solo un sitio para talar y lotear sino que tiene unos beneficios mucho más grandes”, explicó la bióloga del EPA, Luisa Pinzón.
A estas personas se les propuso crear grupos enfocados en diferentes áreas como reciclaje, ecoturismo, viveros, patios productivos y otras actividades de recuperación ambiental, a las cuales muchos respondieron positivamente.
Así, dependiendo del área, se fueron realizando capacitaciones técnicas con el fin de comenzar a desarrollar las actividades. Para la creación de negocios verdes, se invirtieron $76 millones gracias a la agencia Mercy Corps.
“Somos conscientes de que si no les damos a los habitantes una opción para poder salir de la ciénaga, no lo van a hacer. Ellos realmente buscan salir e irse a un barrio formalizado, con servicios públicos, donde no tengan que pasar tantas necesidades, por eso la idea es que estos negocios tengan un impacto positivo para que eso suceda”, dijo Pinzón.
Gracias a esto, jóvenes que solían lotear en el cuerpo de agua han pasado a montar viveros y a participar de las actividades.

“Eso nos da una doble función porque las áreas que iban a ser ocupadas por un lote pasaron a ser ahora un sitio de siembra de mangle y de viveros de conservación. Nos hemos encontrado con jóvenes dispuestos a trabajar, pero muchas veces lo que frena los procesos es su necesidad de recursos, porque ellos pueden tener muchas ganas, pero lo cierto es que tienen que rebuscarse y no solo pueden dedicarse al proyecto”, resaltó la bióloga.
La meta
Con el propósito de poder consolidar el proyecto como una verdadera oportunidad para las personas que viven al borde de la ciénaga, y al mismo tiempo lograr la recuperación del ecosistema, se busca sumar más aliados e incentivar actividades que les permitan a los habitantes obtener un ingreso.
“Sabemos que eso no es rápido ni inmediato, y este es un proyecto que necesita mucho diálogo con la comunidad porque todos debemos aprender a amar a la ciénaga, sus recursos y aprender la importancia de proteger los bosques de manglar”, expresó Pinzón.
A su vez indicó que es importante comenzar a ver la ciénaga ya no solo como una laguna costera sino como un socioecosistema donde naturaleza y comunidad conviven entre sí.
