El pasado martes 29 de agosto, Javier*, un cartagenero que se gana la vida trabajando como taxista, cogió una peligrosa carrera que pudo terminar en tragedia. Dice que sus pasajeros se veían muy elegantes, pero que de un momento a otro las cosas comenzaron a tornarse oscuras.
Javier* cogió a los pasajeros en el barrio Santa Mónica. Dijo que los jóvenes que tomaron el servicio salían de un reconocido restaurante de la ciudad, por lo que no sintió correr riesgo alguno, de hecho, en el trayecto iba conversando con ellos. Lea también: Estas son las motos que más se roban los delincuentes: casos en Cartagena
“Me dijeron que los llevara a Simón Bolívar por diez barras, como eso está ahí mismo cogí la carrera. Íbamos hablando lo más de normal, yo incluso les conté cosas mías y cuando llegamos al apartamento que yo freno el carro para cobrarles, me dicen que me quedara callado y no me hiciera matar, que esto era un atraco. Yo quedé congelado”, relató Javier*
“Tranquilo, no lo vamos a matar, solo necesitamos el carro”, fueron las palabras de los delincuentes. Tras el anuncio, Javier comenzó a forcejear, pero ante la fuerza de los sujetos, el conductor terminó en la parte trasera y uno de los ellos comenzó a conducir el vehículo. A partir de ese momento, Javier quedó paralizado, pues ya lo estaban apuntando con un arma de fuego.

“Me llevaron por la Troncal, comenzaron a dar vueltas en el carro conmigo dentro, no sabían qué hacer. Fueron aproximadamente 40 minutos de zozobra, ya eran las dos de la madrugada y ellos me quitaron el celular, pensé que me iban a matar. Yo quería salir vivo de esa, y pensé en mi familia y los casos que veo en las noticias, así que me quedé callado. Finalmente uno de los muchachos, que puede tener como unos 25 años, me dijo que me bajara y contara hasta 300”, puntualizó la víctima.
Unos metros más adelante el celular de Javier* fue tirado a la carretera, mientras el vehículo conducía a toda velocidad hasta desaparecer por completo.
La odisea apenas comenzaba, al hombre le tocó caminar hasta la portería del barrio El Rodeo, donde logró pedirle ayuda a dos vigilantes que estaban en la entrada y les contó lo que le acababa de ocurrir; estos guardas de seguridad le ayudaron a conseguir un carro para que lo llevaran a su casa, y justo ahí venía la peor parte.
“El taxi no era mío, me tocó llamar a la dueña y explicarle lo que me había pasado. Ella me dijo que el carro ni siquiera tenía el sistema de GPS, por lo que es difícil ubicarlo. Afortunadamente ella y su hijo fueron empáticos conmigo, me preguntaron que si me había pasado algo a mí, que lo material se recuperaba”, aseveró Javier.
El miércoles a Javier* le informaron que el carro estaba en Turbaco, cerca de la estación de Policía del municipio; sin embargo, cuando llegó al lugar no lo encontró. Hasta el momento sigue en la búsqueda.

