Cuando D se levantó para ir al baño las imágenes eran borrosas. Entró al cuarto y vio de reojo a un hombre que no conocía, pero en medio del trance, sin reconocer la habitación, se subió a la cama y durmió. Lo único que recordó fue que la noche anterior estaba con un amigo en una discoteca y que luego se encontró con un grupo de compañeros que estaban bailando. Eso. Pero ahora, envuelta en sábanas vio el rostro del hombre a su lado, con quien a duras penas había intercambiado palabras en el trabajo y supo que algo había pasado la noche antes pero no recordaba nada, la información en su mente era escasa. Sintió el cuerpo pesado y una angustia irritante de no saber, todavía, qué pasó.
En el año 2011, D tenía 24 años y se abría paso en el ámbito profesional ejerciendo su carrera como enfermera en un hospital de Cartagena de Indias. Una tarde cualquiera quedó con un amigo en salir a tomar un par de cervezas y después se encontraron con un grupo de compañeros del trabajo en una reconocida discoteca en la que universitarios y empleados iban a descargar el estrés acumulado de la semana. Sabe que había baile, y que de pronto le pudieron haber dado aguardiente o una cerveza pero después de ahí no recuerda nada más, ni siquiera en qué momento se fue el amigo con el que se encontró inicialmente. Lea aquí: Periodista barranquillera denunció en redes ser víctima de acoso sexual
D, como muchas otras mujeres, sintió culpa de haber estado en el lugar y la hora equivocada. Pensaba que de no haber tomado alcohol hubiese sido una simple celebración más. Pero cuando despertó casi al mediodía, cayó en cuenta de que el hombre que había visto en la habitación cuando se despertó para ir al baño, no era el mismo que estaba ahí a su lado. Supo entonces que hubo más de una persona en la habitación y sintió miedo. Lo cuestionó, le preguntó por qué estaba ahí, en su casa y en el mismo cuarto, estaba desesperada. El hombre, le dijo, con aire de confundido que para qué le hacía esas preguntas, si ella misma le pidió que la llevara con él. D sabía que no era así, que nunca hubiese pensado en acostarse con ese hombre por el que ni siquiera sentía atracción.

Después de un par de meses, no soportó el hecho de seguirlo viendo en el hospital, lo repudiaba con solo verlo, así que renunció y se enfocó en sanar ese doloroso episodio de su vida a través de una iglesia en la que se congregó, y en la que conoció a la única persona a la que le ha contado su historia y quien la acompañó en los sentimientos que fue atravesando.
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De acuerdo con la Procuraduría General de la Nación, los informes de la Estadística Delictiva de la Policía Nacional indican que, entre enero y agosto de 2023, se registraron 8.295 casos de delitos sexuales hacia menores de edad en el país. De esta cifra, 4.605 afectaron a niños y niñas, mientras que 3.690 se dirigieron a adolescentes. Para el año 2022, las principales víctimas fueron mujeres, quienes representaron un 83,6% de los casos. De esta manera, a pesar de que D era una mujer adulta cuando fue víctima de violencia sexual, la mayoría no ha llegado a la adolescencia cuando se enfrentan a una situación de abuso. Lea aquí: Capturan a abusador serial en Colombia: violaba a niñas desde 1998

Fue el caso de N. Nació y creció en un hogar rodeado de amor y cariño, era una niña alegre, con los ojos llenos de inocencia. Para aquel entonces su papá estaba saliendo con una mujer distinta a su mamá, con quien se quedaba a solas. La mujer, valiéndose de esa soledad, abusaba de ella, invadía su cuerpecito con el repugnante deseo de darse a sí misma un sórdido placer. N tenía solo cuatro años. Sin entender por qué aquella persona usaba sus manos para tocarla, se acostumbró a la idea de dejar que otras personas lo hicieran de distintas formas. Cuando cumplió cinco, uno de sus primos adolescentes, la presionaba para que acomodara su cuerpo en posición de “perrito” y con ligeros movimientos rozaba sus genitales una y otra vez. Así hasta que cumplió nueve. No le contó a nadie de su familia, creció con la sensación vergonzante a sus espaldas, sintiéndose sucia, usada y al igual que D, culpable. Cada vez que las imágenes acudían a su memoria, le producían arcadas y corría a vomitar.
Mientras que el resto de niñas de su edad gozaban de una infancia dotada del amor de sus familias, ella se cuestionaba por qué tenía que lidiar con situaciones que no entendía y que no le eran agradables a su cuerpecito, destinado a los abrazos y a los juegos propios de su edad. Fue creciendo, asimilando y entendió que su historia no era la misma que la de sus amiguitas del colegio, de ello fue más consciente cuando estando más grande, una mujer cercana a su familia le dio un jugo de naranja y la llevó a una habitación en la que frente a sus ojos tenía sexo con su novio. Ella, aterrada, supo que una vez más aquel fantasma la visitaba, del cual al parecer no podía huir.
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En la historia de D, hay un componente que se repite como patrón en muchos casos de abuso sexual: el alcohol. “Ante la pregunta de si este tipo de delitos se pueden presentar cuando ambas personas están embriagadas, corresponde aclarar que todo debe analizarse en el caso concreto, pues existen muchas variables que pueden determinar la comisión o no de una conducta punible relativa a la violencia sexual”, explica Enrique del Río, abogado penalista y docente. Lea aquí: Llegó borracho y abusó de su sobrina de 15 años: lo mandan a prisión

Y añade: “Por ejemplo, si una de las dos personas preordenó su comportamiento y con el conocimiento y la intención embriagó a su compañero (a) con el fin de doblegar su voluntad y tener relaciones sexuales sin su consentimiento, es evidente que se trata de violencia sexual”. Además, enfatiza en que el consentimiento sexual puede ser retirado en cualquier momento, siendo este reversible e independiente de cada acto, lo que quiere decir que a pesar de que una persona haya aceptado un encuentro, puede negarse en cualquier momento.
El 24 de noviembre del 2024 se promulgó la Ley de Sobrevivientes Adultos de Nueva York, una ventana legal que permitió que más de 3.700 personas pudieran presentar demandas por abusos que ocurrieron cuando tenían más de 18 años, sin importar la fecha en que ocurrió. La ley benefició a miles de víctimas y salpicó a la industria del entretenimiento americano, convirtiendo a Hollywood en una cueva de abusos encubiertos durante años. Los más sonados fueron Donald Trump, el rapero Sean ‘Diddy’, Axl Rose, rockero de la banda Guns N` Roses y el director de cine Harvey Weinstein, quien fue acusado por una actriz que narró cómo este la desnudó, la obligó a masturbarlo y luego a practicarle sexo oral. Todos ellos fueron demandados y se espera que la ley haga justicia a favor de las víctimas de una industria que presume, ostentosa, sus estrellas. Lea aquí: ‘Piolín’ engañó con juguetes a 2 niños para abusarlos sexualmente en su casa
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Actualmente N tiene 25 años, es profesional y está cumpliendo el sueño que más la hace feliz: ser madre. Las heridas ocasionadas por los abusos sexuales fueron profundas pero han podido ir sanando gracias a la fe, a terapias psicológicas y a tratamientos farmacológicos debido a ciertas afectaciones de su estado de ánimo. Por su parte D, estudió Derecho y se graduó como abogada, profesión que le ha permitido adentrarse en el mundo de las leyes y ser consciente de aspectos que desconocía cuando pasó todo. Luego de hacerse amiga de un miembro de su iglesia, se enamoraron y se casaron. Hoy es su mejor amigo y esposo.
N y D, gracias por prestarme sus historias y dejarme asomar a sus relatos. Gracias por despertarme la rabia y el dolor, pero sobre todo por ayudarme a creer que el mundo que necesitamos lo construimos entre mujeres.
*Las iniciales N Y D no corresponden a los nombres de las víctimas, quienes decidieron permanecer en anonimato*
