I. La amenaza
En 1923, dos décadas después de finalizada la guerra de los Mil Días, un grupo estudiantil de la Universidad Nacional en Bogotá propuso una reforma educativa que incluía dejar una sola universidad pública en la capital colombiana y suprimir las departamentales, localizadas en Cartagena de Indias, Popayán, Medellín y Pasto. Las razones eran las carencias financieras y académicas de estas instituciones universitarias. Un señalamiento especial se hizo a la Escuela Médica de la Universidad de Cartagena, por los insuficientes laboratorios clínicos. En esos tiempos, dicha universidad además de medicina, impartía jurisprudencia y bachillerato en filosofía y Letras. Todos los programas debían ser suprimidos.
La Universidad de Cartagena estaba a punto de cumplir su primer centenario y hacía pocos años usaba ese nombre luego de numerosas denominaciones que tuvo desde su creación. Sus primeros cien años fueron tórpidos, interrumpidos por guerras o por epidemias. Pese a ese escenario adverso, los nativos comprendían el valor de la educación y persistieron en conservar la universidad que les encargó con agradecimiento Simón Bolívar en 1827. Surgieron entonces los defensores de la Universidad de Cartagena: Manuel Pájaro Herrera (profesor de Medicina), Rafael Calvo Castaño (decano de Medicina), Manuel Dávila Flórez (rector de la universidad) y el cuerpo estudiantil. Ellos difundieron sólidos argumentos para la defensa institucional, recogidos por la prensa nacional y local. Lea aquí: Estudiante de la UdeC gana premio internacional con proyecto innovador
II. Los defensores
Manuel Pájaro Herrera. Bachiller y médico de la Universidad de Cartagena, nacido y residente en el barrio Getsemaní, uno de los primeros afrodescendientes hijo de la esclavitud que al hacerse letrado se convirtió en dirigente y prolífico escritor, fue de los primeros en rechazar la centralización universitaria e indicar que por décadas los médicos egresados de su universidad habían defendido exitosamente la salud de los cartageneros, la de los habitantes de otras poblaciones de la región Caribe e incluso los de más allá de los mares. Enfatizó que la obra social y benéfica que cumplían el departamento de Bolívar y la Universidad de Cartagena era para que se formasen médicos instruidos en las ciencias, que ejercían bien dotados pese a las limitaciones, penurias económicas y distintas necesidades.
“Al enfermo hay que curarlo, mas no matarlo”, expresó con vehemencia. Rafael Calvo Castaño. Nacido en Cartagena, estudió medicina en la Universidad de Cartagena y su vida estuvo ligada a la Escuela Médica como estudiante, profesor o directivo. También fue director de Instrucción Pública Departamental, alcalde de Cartagena y gobernador de Bolívar. En 1923 adelantó acciones para mejorar la escuela médica: consiguió que el Hospital Santa Clara dejase de ser dirigido por las religiosas de La Presentación y lo cumpliera la Escuela Médica, hizo crear la Junta Reformadora del Hospital conformada por profesores de Medicina, logró cambiar de nombre al hospital por el de Hospital Universitario de Santa Clara y creó la Escuela de Parteras y la Escuela de Enfermeras. Lea aquí: Instalan mesa de niños y niñas en la Universidad de Cartagena
Manuel Dávila Flórez. Nació en Mompox, de sólida formación, amplia experiencia y trayectoria como educador, estudió Jurisprudencia en la Universidad de Cartagena, profesor y su rector en dos oportunidades, ministro de Instrucción Pública, congresista y secretario de Gobierno y Guerra, presentó argumentos sólidos sobre el beneficio para las regiones que generaban las universidades departamentales, especialmente para las poblaciones más humildes que no podían enviar a Bogotá a sus hijos para realizar estudios universitarios. Enfatizó la importancia de fortalecer el nacionalismo por medio de la educación, la necesidad de escuelas de arte y oficios, de estimular investigación, publicaciones y exigir disciplina férrea con formación humanística. Tenía asombrosa claridad en cuanto al beneficio del manejo de diferentes idiomas, integración universitaria, nuevas áreas de formación y bibliotecología. Solicitó aportes gubernamentales para la Universidad de Cartagena, pero los negaron por limitaciones presupuestales. Bajo la amenaza de 1923 lo propuso de nuevo y viajó a Alemania a gestionar traída de profesores, misiones médicas y pedagógicas. Con las mismas intenciones al año siguiente viajó a Roma, pero allá presentó una bronconeumonía severa y falleció el 1 de abril de 1924.
El estudiantado universitario. Siempre activo y a la vanguardia, debatió la problemática del cierre de la universidad y realizó la Primera Asamblea de Estudiantes de Bolívar. Los estudiantes respaldaron las ideas de Dávila Flórez y ante su fallecimiento homenajearon su legado erigiendo un busto en la plaza de los estudiantes, calle de la Universidad, frente al claustro de San Agustín. Cien años después, el busto (foto) aún se encuentra en el mismo lugar haciendo memoria entre las nuevas generaciones y visitantes. Lea aquí: La Universidad de Cartagena celebró estos importantes logros con la ciudadanía
III. La evolución
La intentona de una sola universidad pública continuó en 1924 y se intensificó en los dos años siguientes. El informe final de la Segunda Misión Pedagógica Alemana que el Gobierno nacional había contratado con la finalidad de obtener ideas en cuanto a políticas educativas también recomendó una sola universidad en Bogotá, lo que intensificó la discusión. Incluso, en 1926 se propuso que la Universidad de Cartagena se convirtiese en escuela de comercio. El rechazo y la indignación fueron mayúsculos. Un editorial del periódico La Patria de Cartagena, 13 de marzo de 1926, exhortó a los habitantes de esta región a defender su universidad.
En septiembre de 1926 comisiones del Congreso Nacional y de la Cámara de Representantes estudiaron el proyecto de ley que buscaba suprimir la universidades departamentales y lo consideraron inaplicable, inconstitucional y señalaron que la centralización universitaria, modelo después de todo no aceptado universalmente, no era lo apropiado para Colombia, y el proyecto fue definitivamente archivado. Lea aquí: Universidad de Cartagena clasifica en ranking internacional THE-ODS
La Universidad de Cartagena continuó la labor que comenzó desde el siglo XIX: generar profesionales e intelectuales distinguidos y poseedores de calidad humana, vocación de servicio, experticia, capacidad y destrezas. ¡Viva la UdeC!