Las comunidades NARP (Negros, Afrocolombianos, Raizales y Palenqueros), en nuestra lucha por un gobierno más diverso e inclusivo, defendemos un discurso que aboga por la necesidad de representación en los cargos de poder; sin embargo, nos encontramos votando por funcionarios como Miguel Polo Polo, quien, si me lo preguntan, es la persona más blanca que existe en Colombia. Este hecho me lleva a cuestionarme si la mera representación es suficiente. Está claro que se necesita una buena representación para que haya un verdadero cambio.
La famosa Ley 70 de 1993 (sobre comunidades negras), que muchos de mis colegas defienden a capa y espada en cuanto a la participación de las comunidades negras en el poder, es clara y concisa. No obstante, como costeños, debemos tener en cuenta que dicha ley no menciona la palabra ‘Caribe’, ni mucho menos ‘mujer’; por ello, la Costa Atlántica no tiene presencia significativa en los cargos de poder. El Pacífico es el territorio negro más grande del país, pero no es el único.
Es importante que las comunidades negras se organicen, tenemos tierra y territorio más no territorialidad, esto quiere decir que no tenemos un gobierno propio como las comunidades indígenas, que tienen entidades territoriales. Para lograr esto se necesita reformar la ley. Es un camino largo por recorrer, pero por lo pronto es crucial que el Caribe establezca una mesa de negociación directa con el gobierno, para promover estrategias de participación política con enfoque interseccional y de género. Esta estrategia debe incluir educación política integral que combata el racismo estructural y sistémico. Es necesario desarrollar un currículo que aborde temas relacionados con la diversidad racial, étnica, de clase y de género, asegurando que el programa sea accesible en territorios de distintos niveles socioeconómicos.
Con esto se eliminaría el cliché de que en este gobierno se colocan negros por ser negros y tendríamos amplia representación en el Congreso de la República. Asimismo, se debe ejercer acción inmediata para poner fin al escrutinio público, por tener un representante de comunidades negras como Miguel Polo Polo. Es crucial recordar que la representación no es solo un asunto de tener rostros negros en cargos públicos, sino de que esos rostros reflejen los intereses y las realidades de las comunidades a las que pertenecen. Si bien la visibilidad es importante, no debe confundirse con el auténtico poder de transformación. La experiencia de aquellos que provienen de nuestras comunidades debe ser el motor que impulse políticas públicas, dirigidas a erradicar las profundas desigualdades que enfrentan los pueblos negros en Colombia.
Las luchas por la tierra, la educación, el acceso a la salud y la seguridad, deben ser prioridad, no solo un discurso de campaña.