Con la caída de la noche, la ciudad empezó a contar otra historia. No la del afán cotidiano ni la del ruido habitual, sino la de la Caravana de la Alegría, una experiencia pensada para que los niños descubrieran una Cartagena iluminada desde la ilusión, el asombro y la celebración colectiva.
El recorrido inició en Olaya Herrera y avanzó entre árboles gigantes cubiertos de destellos, ángeles, estrellas que parecían marcar el camino y pesebres iluminados que evocaban la tradición navideña. Cada parada se convirtió en una invitación a detenerse, observar y vivir la Navidad como un momento de encuentro y color compartido.

Espacios emblemáticos como la Plaza de la Aduana y el Parque Lineal de Crespo se transformaron en escenarios festivos. Entre risas, canciones y villancicos, los niños descubrieron una Cartagena nocturna, luminosa y acogedora. El alumbrado no solo embelleció la ciudad, sino que abrió un espacio para el disfrute colectivo y la apropiación del espacio público.
Acompañados por elfos y Papá Noel, los más de 100 niños y niñas vivieron una noche de fantasía en la que cada parada traía una nueva sorpresa. Las risas, los aplausos y las miradas llenas de asombro marcaron el ritmo de un recorrido pensado para celebrar la infancia y la Navidad. (También te puede interesar: El Parque Centenario reabre sus puertas: Así quedó tras las obras)
La actividad contó con una logística organizada que permitió el traslado en buses por los distintos puntos del alumbrado, garantizando un recorrido seguro y ordenado. La caravana fue liderada por El Universal con el respaldo de Cemento País, marca que además entregó regalos navideños a los niños y niñas, cerrando la jornada con sonrisas y emoción.
“Es muy divertido y todo lo que estamos viendo es muy lindo”, expresó Sharon Álvarez, una de las participantes, sin apartar la mirada de las luces. Melody Banquez, también del barrio Olaya Herrera, destacó la experiencia compartida: “Es muy chévere porque estamos compartiendo con los compañeros y es muy bonito todo lo que estamos viendo”. Por su parte, Sebastián Cervantes resumió la emoción del recorrido: “Es espectacular porque vinimos a ver las luces al centro y todo está muy bonito”.

En esta temporada, Cartagena no solo se ilumina: se celebra a sí misma. La ciudad reafirma su vocación turística y cultural, y convierte la Navidad en una oportunidad para compartir, recorrer y reencontrarse con sus calles desde la mirada limpia y esperanzadora de la niñez.
