La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro marcó un hecho sin precedentes en la historia reciente de Venezuela y sacudió a la comunidad venezolana que reside en Cartagena, una de las ciudades colombianas que más ha recibido migrantes en la última década, a donde aproximadamente han llegado cerca de 100 mil ciudadanos del vecino país.
Desde la madrugada, la noticia comenzó a circular con fuerza entre grupos de venezolanos en la ciudad, provocando conversaciones cargadas de emoción, pero también de cautela y preocupación. Para muchos, el anuncio representa el fin de un ciclo político que desencadenó una profunda crisis económica, social y migratoria, con graves repercusiones para sus vidas; para otros, abre un escenario incierto que aún genera temor.

“Por fin se respira aire de libertad en Venezuela”
Para Angelina Sardi, entrenadora física venezolana radicada en Cartagena y quien huyó de la crisis en Venezuela, la captura de Maduro simboliza un punto de quiebre histórico. Asegura que durante años el poder estuvo sostenido por estructuras que se beneficiaron de las riquezas del país, y considera que este hecho abre la posibilidad de que Venezuela resurja.
“Hoy podemos decir que se respira aire de libertad. Venezuela es un país rico en alegría, inteligencia y capacidad productiva, y sabemos que puede levantarse de las cenizas”, expresó. (También te puede interesar: Trump promete reparar la infraestructura petrolera de Venezuela)
Sentimientos encontrados y temor por sus familiares en Venezuela
No todos comparten el mismo optimismo. Carmen Álvarez, quien también migró del vecino país y ha sido integrante de un grupo de mujeres migrantes en Cartagena, manifestó sentimientos encontrados. Aunque reconoce que muchas personas celebran la noticia, advierte que la situación sigue siendo frágil.
“Mi preocupación es que aún tengo familiares en Venezuela y no sabemos qué decisiones puedan tomar quienes todavía tienen poder. Si no se desmonta toda la estructura que sostuvo al régimen, el riesgo de violencia sigue latente”, señaló.
Álvarez hizo un llamado a la comunidad internacional para que acompañe a Venezuela con acciones concretas que protejan a la población civil y eviten nuevos episodios de confrontación.
Por su parte, otra mujer venezolana, quien se dedica al comercio y quien prefirió mantener su identidad bajo reserva, manifestó su preocupación por su familia. “Mi hija es médico (en Venezuela)m pero de la policía y los están llamando a presentarse. Creo que empieza otra amargura para mí. Yo tengo a cinco familiares presos en Venezuela”, manifiesta. (Lea también: Así fue la operación ‘Resolución Absoluta’ que derrocó a Nicolás Maduro)

Momento de alegría, dolor y esperanza en Venezuela
La noticia ha removido memorias e inevitablemente también revivió heridas. Ana Briceño, ama de casa y migrante venezolana, describió una mezcla de emociones: alegría por lo ocurrido, tristeza por los años de sufrimiento y esperanza de que este sea el inicio de un proceso de libertad y reencuentro familiar. “Siento alegría y siento tristeza, tanta pena por los que partieron luchando por la democracia, por los que lucharon para que nuestro país fuera libre”, dice.
En la misma línea, Manuel Matias Campo, repostero y panadero migrante, afirmó sentirse feliz por la caída del régimen, pero preocupado por el destino inmediato del país y por sus seres queridos que permanecen en Venezuela.
Cartagena, reflejo de una diáspora venezolana en vilo
Las reacciones en Cartagena reflejan el sentir de la diáspora venezolana en distintas ciudades del continente: una combinación de alivio, expectativa y temor. La comunidad, que hoy forma parte activa del tejido social y económico de la ciudad, observa con atención los acontecimientos, consciente de que lo que ocurra en los próximos días podría marcar el futuro de millones de venezolanos dentro y fuera del país.
Mientras tanto, desde Cartagena, muchos migrantes coinciden en un mismo anhelo: que este momento histórico no desemboque en más violencia, sino en un proceso de justicia, reconstrucción y paz que permita algún día volver a casa.
