El Cerro de la Popa es reconocido por ser el punto más alto de Cartagena. Desde su cima puede verse una panorámica única de la ciudad que diariamente atrae a decenas de turistas y los invita a adentrarse en este ecosistema.
Por estos días, cuando se celebran las Fiestas de la Candelaria, el cerro también tiende a ser un lugar de peregrinaje y devoción, en el cual los cartageneros se congregan para vivir su fe y mantener sus tradiciones.
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Lo que no todos saben es que muy cerca de allí, a tan solo unos pasos de donde se llevan cabo las misas o donde están los miradores más reconocidos, habita una comunidad que con el paso del tiempo ha ido creciendo.
Algunos la reconocen simplemente como una invasión, pero tras más de diez años de estar asentada allí, hoy es toda una población que ha construido un tejido social alrededor de las identidades de quienes la conforman, la realidad en la que viven y la esperanza de lo que pueden ser.
Se trata de la Bendición de Dios, un territorio que emergió ante la necesidad de decenas de familias de contar con un techo para vivir y que a pesar de las dificultades, como la ausencia de servicios básicos, la convivencia ciudadana o la histórica falta de atención por parte de las autoridades, se ha mantenido en el tiempo.
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De esa resiliencia también han sido parte un grupo de niños, niñas y adolescentes, que con el acompañamiento de distintas organizaciones como Funsarep y la Asociación Narrarte lograron crear el semillero ‘BenPro’ con el buscan darle un mayor reconocimiento a su comunidad, no solo por las problemáticas que aún enfrenta sino por todas las potencialidades que tiene y lo que puede llegar a ser.
Aleinys Meléndez, de 14 años, es una de las que hace parte de este grupo. Ella cuenta que BenPro nació el año pasado y que significa ‘Bendición y Prosperidad’, dos palabras que describen lo que representa su territorio para ellos y lo que auguran para su futuro.
“En el semillero comunicamos, hablamos sobre las identidades de nuestro barrio, nos reunimos entre chicos y chicas y planteamos cosas para mejorar nuestra comunidad, como nuestra biblioteca y nuestros espacios pedagógicos”, explica.
Así mismo, cuentan con un medio de comunicación llamado ‘La Popa Magazine’, con el que gracias al apoyo de estudiantes de comunicación social de la Universidad de Cartagena han logrado producir varios documentales sobre su comunidad, con el fin de darla a conocer desde su propia visión.
“Hemos mostrado problemáticas que tenemos como la falta de agua o el alcantarillado; pero también cómo nosotros como jóvenes podemos salir adelante y alzar la voz, que no solo los adultos pueden hacerlo”, dice Eilis Valdez, de 15 años.
El poder de contar el territorio
Yenifer Patrón Torres, directora de la Asociación Narrarte, explicó que en la comunidad se tienen apuestas pedagógicas que incluyen la lúdica, el arte y la comunicación, especialmente desde lo audiovisual.
“Estos son niños y niñas que han querido visibilizar no solamente sus realidades sino también el deseo que tienen de transformar y ser protagonistas de su comunidad, sus familias y su propia vida”, destacó.
Es así, que integrantes del semillero han aprendido a potenciar sus habilidades comunicativas y a ponerlas al servicio de su propio desarrollo. “Lo que más me ha gustado es poder tomar fotos y videos, de ahí pueden salir oportunidades”, comenta Yunis González, de 13 años.
Para Keilyn Alcázar, la joven de 15 años líder de BenPro, esta experiencia ha significado mucho no solo para los 40 niños, niñas y adolescentes que hacen parte del grupo, sino en general para toda la comunidad, que ha reconocido el valor que tiene su población infantil.
“Yo visiono mi comunidad triunfante. Hemos pasado muchas dificultades pero varias las hemos podido solucionar gracias a Dios. Aún nos faltan muchas, como nuestros servicios básicos y casas dignas, por eso queremos continuar trabajando”, indicó.
Este impulso es el que permite a los jóvenes seguir soñando con un futuro y pensar que sus metas son realizables, pues lo que han logrado hasta ahora no es menor: poder organizarse y desarrollar proyectos en colectivo. “En el semillero he aprendido muchas cosas, a compartir con mis compañeros y a entenderlos”, cuenta Eiker Valdez, de 17 años.
Un plan de vida para la Bendición de Dios
Carlos Díaz Acevedo, docente investigador de la Universidad de Cartagena, también ha acompañado este proceso de formación en la Bendición de Dios, ahora con miras a que los menores formulen su Plan de Vida Barrial.
“Los niños y niñas no solo son el futuro, sino una parte importante de nuestro presente. Son los sujetos llamados al cambio y a la transformación. Ellos se han mostrado dispuestos, atentos, participan, son muy críticos, están aprendiendo y eso se nota. Nosotros solo contribuimos a amplificar esas voces, a que se organicen, planifiquen y actúen en la ciudad para ejercer sus derechos”, manifiesta.
El objetivo con este Plan de Vida Barrial es que en él puedan expresar la visión que tienen para su territorio y proponer iniciativas para alcanzarla. Para esto, también se está convocando a otras organizaciones, universidades e instituciones que puedan apoyar este proceso y así contribuir a la mejora de la calidad de vida en la comunidad Bendición de Dios.
Por una Cartagena Un Metro Diez
Hace diez años nació la agenda ‘Cartagena Un Metro Diez’, inspirada en una frase del exalcalde de Roma, Walter Veltroni, quien aseguró que las ciudades deberían estar pensadas a la altura de los niños y las niñas.
Organizaciones sociales agrupadas en la Mesa Local de Infancia y Adolescencia Cartagena Mía dieron impulso a este trabajo convocando a niños, niñas y adolescentes a que soñaran su ciudad, y hoy se está dando continuidad a ese trabajo dándoles la oportunidad a los menores de la Bendición de Dios de contar su comunidad y expresar lo que quieren para ella.
El objetivo es seguir replicando este trabajo en otras poblaciones de la ciudad, de tal manera que la voz de los más pequeños sea escuchada y tenida cuenta para lograr una Cartagena Un Metro Diez, a la altura de su población más importante.
