Después de más de dos siglos de silencio, en la tarde de este viernes, 22 de mayo, el tradicional cañonazo volvió a estremecer la emblemática plaza de la Proclamación, en el Centro Histórico de Cartagena, devolviéndole a la ciudad una de sus ceremonias más simbólicas y evocadoras de la época colonial.
El acto, liderado por la Gobernación de Bolívar, la Fuerza Naval del Caribe y la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla, permitió revivir una costumbre que durante siglos marcó la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad amurallada.
En tiempos virreinales, la detonación de un cañón a las nueve de la noche anunciaba el cierre de las puertas de Cartagena y advertía a la población sobre la necesidad de resguardarse frente a posibles amenazas provenientes del mar, especialmente de piratas y corsarios que acechaban este estratégico puerto del Caribe.
Así fue el cañonazo en la plaza de la Proclamación
Como momento central de la ceremonia, dos cañones Skoda modelo 1915, de 75 milímetros y pertenecientes a la Armada de Colombia, dispararon sendas salvas que resonaron entre los muros centenarios del Centro Histórico. Más que una demostración militar, el estruendo se convirtió en un puente entre el pasado y el presente, marcando el inicio de la recuperación de una tradición que durante siglos formó parte de la identidad de Cartagena.
La jornada continuó con una presentación del Grupo de Manejos Especiales y de los gaiteros de la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla, quienes ofrecieron un espectáculo cargado de disciplina, marcialidad y tradición.

La ceremonia concluyó con un reconocimiento especial otorgado por la Armada de Colombia y la Gobernación de Bolívar a diversas autoridades civiles y militares presentes en el evento, en una noche que quedará registrada como el momento en que Cartagena volvió a escuchar el eco de su historia y a reencontrarse con una de las tradiciones más emblemáticas de su pasado.
Para la Gobernación de Bolívar, el retorno del cañonazo representa mucho más que la recuperación de un ritual histórico. Significa preservar el patrimonio cultural, fortalecer el sentido de pertenencia de los ciudadanos y reafirmar el compromiso institucional con la protección de las tradiciones que han dado forma a la identidad bolivarense.
El gobernador de Bolívar encargado, Manuel Berrío Scaff, destacó el profundo valor simbólico de esta recuperación histórica. “Este homenaje representa un acto de memoria, dignificación y reconocimiento para aquellos hombres y mujeres que asumieron con entrega el compromiso de servir a Colombia, demostrando con su ejemplo los más altos valores de sacrificio, honor y amor por la patria”, expresó Berrío Scaff.
Y agregó: “Recuperar este espacio significa también preservar nuestras tradiciones, fortalecer el valor de nuestra memoria histórica y reafirmar el compromiso de las instituciones con la cultura y el patrimonio de nuestra región”.
Históricamente, el cañonazo fue una expresión de autoridad, organización y defensa. Su potente sonido marcaba el cierre oficial de la ciudad fortificada y simbolizaba la vigilancia permanente sobre uno de los enclaves más importantes del continente durante la época colonial.
Hoy, su recuperación trasciende el ámbito ceremonial para convertirse en una herramienta de memoria colectiva y educación patrimonial.

