Cartagena cumple un año más entre contrastes: una ciudad histórica que conserva el encanto de sus murallas y el magnetismo del Caribe, pero donde también avanzan megaproyectos que comienzan a redefinir su futuro. Algunos llevan décadas en discusión; otros empiezan a tomar forma, pero todos comparten un mismo fin: transformar la manera en que La Heroica se mueve, se conecta y se piensa a sí misma.
Transporte acuático: el sueño de navegar la ciudad
Pocas ciudades en Colombia tienen una relación tan íntima con el agua como Cartagena. Rodeada por la bahía, ciénagas, caños y canales, durante décadas expertos y urbanistas han insistido en que el transporte acuático puede convertirse en una solución complementaria a la movilidad terrestre.
La idea no es nueva, pero en los últimos años tomó un nuevo impulso como parte de la apuesta de ciudad por descongestionar corredores viales y aprovechar su geografía natural. Cartagena posee condiciones privilegiadas para desarrollar un sistema de movilidad acuática que conecte zonas insulares, barrios y sectores estratégicos mediante rutas sobre la bahía y cuerpos de agua internos.
En 2026, el proyecto ha mostrado avances concretos. La Alcaldía de Cartagena anunció la puesta en marcha de un piloto de transporte acuático con embarcaciones modernas y sostenibles que navegarían inicialmente sobre la Bahía.
La propuesta contempla posibles estaciones como La Bodeguita, Manga, Bocagrande, Pasacaballos, Punta Arena y Bazurto, integradas con el sistema de transporte público de la ciudad, Transcaribe.
Además, el Distrito adelantó acercamientos con empresas internacionales especializadas en movilidad marítima eléctrica, con el propósito de implementar embarcaciones de bajas emisiones y tecnologías amigables con el medio ambiente. La visión es convertir el agua en alternativa real de movilidad para miles de cartageneros y visitantes.
Para muchos, se trata de un proyecto que podría transformar la relación histórica de Cartagena con sus cuerpos hídricos, durante años subutilizados, y abrir paso a una ciudad más conectada, sostenible e integrada con su entorno natural.
Más allá de una solución de transporte, el sistema acuático representa también una nueva manera de imaginar la ciudad: una Cartagena que mirar hacia el agua como parte de su identidad y de su futuro.
El traslado de Bazurto: una deuda histórica
Si existe un proyecto capaz de redefinir el mapa urbano de Cartagena es el traslado del Mercado de Bazurto. Durante décadas, el principal centro de abastos de la ciudad ha funcionado como motor económico popular, pero también ha enfrentado retos relacionados con movilidad, espacio público y saneamiento ambiental.
Hoy, la Alcaldía de Cartagena y la Cámara de Comercio avanzan en la estructuración del ‘Nuevo Bazurto’, una iniciativa que contempla la construcción de una nueva central de abastos posiblemente en la variante Mamonal-Gambote, identificada por estudios técnicos como la zona con mayor potencial para albergar el proyecto.
Los análisis realizados han evaluado aspectos como conectividad vial, acceso al transporte de carga, cercanía a puertos, disponibilidad de servicios públicos y posibilidades de conexión terrestre y náutica. Según el Distrito, la iniciativa busca modernizar el sistema de abastecimiento de Cartagena y mejorar la logística de distribución de alimentos para las próximas décadas. El proyecto también contempla la transformación del actual mercado, conservando el valor histórico, económico y cultural que Bazurto representa para la ciudad
El Malecón del Mar y la nueva relación con la Costa
Otro de los proyectos que aparece constantemente en la conversación ciudadana es el Malecón del Mar, concebido como una gran intervención de espacio público frente al Caribe.
La iniciativa busca ampliar las zonas peatonales, integrar sectores turísticos y ofrecer nuevos espacios para el deporte, la recreación y el encuentro ciudadano.
El proyecto representa una tendencia cada vez más visible en Cartagena: recuperar el borde costero para la gente y no únicamente para los vehículos o desarrollos privados. Este tipo de obras pueden redefinir la manera en que los cartageneros viven la ciudad y se relacionan con el mar, especialmente en una capital turística donde el acceso al espacio público sigue siendo uno de los grandes retos.
Lo cierto es que el éxito de esos megaproyectos dependerá no solo de la inversión y la ingeniería, sino de algo más complejo: lograr que el desarrollo urbano beneficie realmente a quienes habitan la ciudad todos los días.

