Cuando una persona enciende un bombillo o conecta un electrodoméstico, espera que la electricidad llegue de forma segura y continua. Sin embargo, en el recorrido desde las plantas de generación hasta los hogares se producen pérdidas de energía que, aunque en algunos casos son inevitables, en otros responden a prácticas ilegales que deterioran la calidad del servicio.
Leonardo Rodríguez, experto de Afinia, explica que las pérdidas de energía corresponden a la diferencia entre la energía que recibe o distribuye una empresa y la que finalmente logra facturar a sus usuarios.
“Es la energía que se inyecta en las redes de transmisión y distribución, pero que por diferentes razones no llega a ser pagada por el usuario final”, señala. (Lea también: Fraudes de energía: ¿Cómo afectan a los usuarios y al sistema eléctrico?)
Dos tipos de pérdidas
Las pérdidas de energía se clasifican en dos grandes categorías: técnicas y no técnicas.
Las pérdidas técnicas son propias del funcionamiento del sistema eléctrico y obedecen a principios físicos. Se producen, por ejemplo, por la resistencia natural de los conductores, el efecto Joule —que convierte parte de la energía en calor— y los procesos de transformación que ocurren dentro de los transformadores eléctricos.
“Podría compararse con un tubo por el que circula agua y que inevitablemente tiene pequeñas fugas debido a las características del material. Es algo que puede reducirse con tecnología e infraestructura, pero que nunca puede eliminarse por completo”, explica Rodríguez.
Por otro lado, las pérdidas no técnicas tienen origen en acciones humanas y sí pueden evitarse. Entre ellas se encuentran las conexiones clandestinas, la manipulación de medidores, los llamados “ganchos” o conexiones directas ilegales.
¿Por qué nunca habrá cero pérdidas?
Aunque muchas personas consideran que un sistema eficiente debería evitar cualquier desperdicio de energía, la realidad es diferente.
De acuerdo con el experto, todos los materiales utilizados para transportar electricidad presentan resistencia eléctrica, lo que provoca que parte de la energía se transforme en calor durante su recorrido.
A esto se suman las pérdidas propias de los transformadores, ocasionadas por fenómenos físicos, además de las pérdidas resistivas que se presentan en líneas de transmisión de gran longitud. “Se trata de fenómenos inherentes a las leyes de la física, por lo que es imposible que un sistema eléctrico tenga pérdidas iguales a cero”, precisa.
El impacto de las conexiones ilegales
Mientras las pérdidas técnicas forman parte del funcionamiento normal de la red, las conexiones ilegales representan uno de los principales problemas para la operación del sistema eléctrico.
Estas prácticas alteran las cargas previstas sobre la infraestructura, generan fluctuaciones de voltaje, picos de tensión y pueden ocasionar interrupciones del servicio.
Además, incrementan el riesgo de daños en transformadores y equipos eléctricos, tanto de la red como de los hogares y establecimientos que sí cuentan con conexiones legales.
Desde el punto de vista de la seguridad, las consecuencias también son graves. Las instalaciones irregulares elevan el riesgo de incendios, quemaduras y electrocuciones para las personas e incluso para los animales, debido a que muchas veces se realizan sin cumplir normas técnicas ni condiciones mínimas de protección.
Los usuarios cumplidos también resultan afectados
Rodríguez advierte que quienes pagan oportunamente el servicio también sufren las consecuencias de estas prácticas.
Entre los efectos se encuentran sobrecostos económicos derivados de las pérdidas ocasionadas por el hurto de energía, afectaciones en la calidad del suministro por apagones y variaciones de voltaje, daños en electrodomésticos y mayores riesgos para la seguridad de las comunidades. (También te puede interesar: ¿Qué hacer si ve cables caídos o postes en mal estado? Esto recomienda Afinia)
“En la práctica, el fraude eléctrico termina generando un impacto colectivo. No solo compromete la estabilidad de la red, sino que también obliga a realizar inversiones permanentes para reparar daños y controlar las conexiones ilegales”, concluye.
Por ello, las empresas del sector insisten en la importancia de promover una cultura de uso legal y responsable de la energía, entendiendo que el cuidado de la infraestructura eléctrica es una responsabilidad compartida que beneficia a toda la comunidad.
