Hablar de energía eléctrica suele parecer estar reservado solo para ingenieros, técnicos o adultos. Durante mucho tiempo esa ha sido la idea predominante. Sin embargo, en un salón de clases de la Institución Educativa Madre Gabriela San Martín, en el barrio Olaya Herrera, un grupo de estudiantes ha demostrado que este tema, y en específico el ahorro energético, también puede enseñarse desde la curiosidad, el juego y las preguntas que solo hacen los niños.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido con la Escuela del Ahorro, en el marco de ‘Gente Bacana Encendiendo Nuestra Energía’, una iniciativa desarrollada por Afinia y El Universal, que durante cinco sesiones ha acompañado a cerca de 60 estudiantes de sexto, séptimo y octavo grado para enseñarles cómo usar la energía de manera responsable y, sobre todo, cómo convertir ese conocimiento en una herramienta para transformar sus hogares y su comunidad.
Más que memorizar conceptos técnicos, los estudiantes están aprendiendo a observar su entorno con otros ojos. Descubriendo qué electrodomésticos consumen más energía, por qué es importante desconectar los equipos cuando no se utilizan y cómo pequeñas acciones cotidianas pueden marcar una diferencia tanto en el bolsillo de las familias como en el cuidado del planeta.
¿Cómo la Escuela del Ahorro está formando niños que enseñan a ahorrar energía?
Uno de esos rostros es el de Elías Barrios, de 11 años, quien llegó al programa con algunas nociones básicas sobre energía, pero encontró un espacio que despertó aún más su curiosidad. “Estoy muy satisfecho con la Escuela del Ahorro porque antes conocía algunos aspectos de la electricidad, pero no sabía tantas cosas como las que estoy aprendiendo aquí”, cuenta con entusiasmo.
Su hermana Sara Barrios, de 12 años, ni siquiera hacía parte del proyecto inicialmente. Acompañó a Elías a una de las sesiones y terminó enamorándose del tema.
“Desde el primer día sentí que podía aprender muchas cosas acerca de la energía y por eso, decidí ingresar”, recuerda.
Lo que empezó como una actividad extracurricular rápidamente cruzó la puerta del colegio para instalarse en su casa.
Hoy ambos viven pendientes de apagar luces, desconectar cargadores, evitar dejar equipos funcionando innecesariamente y recordarles a los demás miembros de la familia que cada acción cuenta.
La transformación ha sido tan evidente que incluso su abuela, Enith Valiente quien al principio desconocía el contenido de las clases, comenzó a notar cambios en la rutina familiar.
“He visto que les gusta ahorrar energía. Ahora nos dicen que no hagamos esto porque consume más energía y aumenta la factura”, asegura.
Y los resultados no tardaron en reflejarse.
La familia comenta que la factura de energía ha disminuido significativamente después de comenzar a aplicar varias de las recomendaciones aprendidas durante las sesiones.
Pequeñas acciones que generan grandes cambios en el hogar
Para muchos adultos puede parecer insignificante desconectar un cargador o apagar un ventilador cuando nadie está en la habitación. Para estos estudiantes, esas acciones ahora hacen parte de su rutina.
Durante las vacaciones escolares, por ejemplo, cuando permanecen más tiempo en casa, los hermanos se encargan de revisar que las habitaciones vacías no tengan luces encendidas y que los aparatos electrónicos permanezcan desconectados cuando no se están utilizando.
Pero el cambio más importante no ha sido solamente económico.
También cambió la manera en que entienden el consumo responsable.
Elías recuerda con especial sorpresa una actividad en la que debían identificar cuánto consumían algunos electrodomésticos.
Descubrir, por ejemplo, que una freidora de aire puede requerir alrededor de 1.500 vatios de potencia lo llevó a observar con más atención los hábitos de consumo dentro de su casa.
Sara, por su parte, encontró otra forma de aplicar lo aprendido.
Después de analizar el consumo de una consola de videojuegos, comenzó a explicarle a uno de sus amigos por qué mantenerla encendida durante horas podía incrementar considerablemente el consumo eléctrico.
Sin proponérselo, ambos empezaron a convertirse en multiplicadores del conocimiento.
Cuando el aprendizaje sale del salón de clases
Si Elías y Sara representan el cambio dentro del hogar, Sebastián Cogollo, de 12 años, quien vive en el Sector Nuevo Paraíso, demuestra que el impacto también puede extenderse a toda una comunidad.
Representante estudiantil y guardia ambiental en su comunidad, encontró en la en este espacio formativo una oportunidad para fortalecer su liderazgo.
“Ha sido un proceso muy bonito porque me ha ayudado en mi aprendizaje, en mi desarrollo como estudiante y también me ha enseñado a observar mejor a mi comunidad”, explica.
Pero Sebastián no se quedó únicamente con las clases.
Junto con su madre y otros líderes comunitarios comenzaron a organizar encuentros con vecinos para compartir lo aprendido.
Ya han visitado varias familias y preparan nuevas jornadas de sensibilización para llevar mensajes sobre ahorro energético a otros sectores del barrio.
Su madre, Yulixzi Curiel, asegura que el programa despertó algo más profundo que simples hábitos de ahorro.
“Afinia cambia el eje de transformación social. Ya no es solamente una empresa que presta un servicio; está formando niños con conocimientos que antes no tenían y que ahora quieren compartir con otros”, afirma.
Más que aprender sobre energía, formar ciudadanos para el futuro
Quizá el mayor logro de la Escuela del Ahorro no pueda medirse únicamente en kilovatios ahorrados. Se refleja en niños que ahora hablan con seguridad, que hacen preguntas sin miedo, que sueñan con convertirse en ingenieros eléctricos, gestores ambientales o facilitadores comunitarios.
Elías incluso confiesa que le gustaría trabajar algún día con circuitos eléctricos porque le encanta experimentar y aprender cosas nuevas.
Sebastián, en cambio, se imagina como ingeniero ambiental, convencido de que cuidar la energía también significa cuidar el planeta.
Mientras la Escuela del Ahorro se acerca a sus últimas sesiones, hay un sentimiento que se repite entre los participantes: ninguno quiere que termine.
Porque entendieron que hablar de energía no es únicamente aprender cómo funciona un recibo de luz. También significa descubrir que, desde la infancia, cada decisión cotidiana puede iluminar el camino hacia comunidades más conscientes, hogares más responsables y un futuro construido por niños que ya comenzaron a liderar el cambio.