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Mariela Marrugo: la realidad de ser una madre cuidadora en Cartagena

Mariela representa a cientos de madres cuidadoras que, incluso con carencias, encuentran en el amor por los suyos la fuerza para seguir adelante.

Mariela Marrugo: la realidad de ser una madre cuidadora en Cartagena

Mariela Marrugo (centro) es una madre cuidadora que tiene bajo su cuidado a sus dos hijos Sarai (izquierda) y César (derecha). // Foto: cortesía.

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Cuando salió de Venezuela, Mariela Marrugo nunca se imaginó lo que le esperaba al volver a su tierra. A sus 70 años, esta mujer es el único pilar de un hogar sostenido por el amor, pero ceñido en la precariedad y la falta de apoyo institucional.

Mariela es madre cuidadora a tiempo completo de dos de sus hijos: César Camargo Marrugo y Saraí Camargo Marrugo, de 31 y 28 años respectivamente, quienes viven con discapacidad desde su nacimiento.

Por si fuera poco, desde hace ocho meses asumió la responsabilidad de cuidar a su hermano, quien desarrolló Parkinson y movilidad reducida tras sufrir un accidente y convulsiones.

La soledad de su rol se profundizó de manera devastadora hace cinco años, cuando su hija mayor Lismelis falleció repentinamente. Ella era su gran apoyo, quien cuidaba de sus hermanos mientras Mariela trabajaba. Tras su muerte, Mariela se vio obligada a dejar su empleo y a mudarse al lote que su hija había invadido en “La Roca de Cristo”, un sector de invasión en el Cerro de Albornoz. Le puede interesar: Dumek Turbay se reúne con cuidadores de Cartagena para fortalecer el Sistema Distrital del Cuidado

Mariela recuerda los buenos años en Venezuela con todos sus hijos. // Foto: cortesía.
Mariela recuerda los buenos años en Venezuela con todos sus hijos. // Foto: cortesía.

Un entorno difícil

Allí, en una pequeña casa de madera con piso de tierra y sin divisiones, el día a día es una batalla constante contra el entorno. No tienen servicios públicos ni agua potable; dependen de camiones cisterna cuyo suministro es controlado de forma estricta. El hacinamiento es tal que las camas de sus hijos están pegadas y apenas hay espacio para moverse. Ante esto, Mariela reflexiona con dolor:

“Yo no reniego porque le doy gracias a Dios que tengo un techo. Pero de verdad no son las condiciones, no son las condiciones para ningún ser humano”, manifiesta.

La paradoja de su vida es que Mariela es una profesional de la salud. Estudió y ejerció como licenciada en enfermería en Venezuela, costeándose los estudios con un enorme esfuerzo mientras trabajaba en casas de familia. Sin embargo, la crisis de ese país la obligó a retornar a Colombia, donde la vida la empujó nuevamente al trabajo doméstico por días hasta que la pandemia y la pérdida de su hija la dejaron con las manos atadas, sin poder salir a trabajar por no tener con quién dejar a sus hijos.

Incluso un emprendimiento de costura que intentó iniciar gracias a una máquina donada por la Alcaldía de Cartagena permanece frenado: no tiene el espacio físico ni las condiciones eléctricas adecuadas para instalar su taller.

A pesar de la acumulación de adversidades y de la falta de ayuda estatal efectiva, pues sus solicitudes de vivienda y apoyo han quedado en promesas o trámites sin respuesta, Mariela se niega a perder la dignidad y la gratitud. Agradece profundamente a sus vecinos, quienes están pendientes de ella cuando debe salir al médico y quienes la ayudaron a levantar y proteger su vivienda de las lluvias y los vientos. Y, sobre todo, mantiene intacto su orgullo:

“Yo me acostumbré y a mis hijos a andar así sea con la misma ropa, pero bien limpia. A mí no me gusta andar inspirándole lástima a nadie, ni mis hijos tampoco”.

Mariela Marrugo sigue adelante, levantándose cada mañana para atender el aseo, la alimentación y las citas médicas de los suyos. Al mirar al futuro, su único deseo no es para ella, sino para quienes dependen enteramente de sus cansadas pero firmes manos:

“Me defino como una madre muy entregada con mis hijos. Me gustaría que mis hijos tuvieran otro estilo de vida, una vida más digna o que vivieran en mejores condiciones”.

Lo más urgente para las cuidadoras en Cartagena

La representante de la Asociación Nacional de Familias Cuidadoras de Personas con Discapacidad (Asofadisc) Saida Herrera afirma que en una ciudad como Cartagena es urgente la caracterización exclusiva de cuidadores de personas con discapacidad de acuerdo a la Resolución 2646 de 2025 del Ministerio de Salud.

Asimismo, una estrategia de inclusión laboral formal con enfoque diferencial para los cuidadores y personas con discapacidad con los ajustes razonables, a su vez la participación en ofertas de emprendimientos con el fin de activar la economía para este grupo poblacional.

De igual manera, se necesita incluir a la población con discapacidad y sus cuidadores en la oferta y programa de vivienda que desarrolla el Distrito. Le recomendamos: Cuidadoras de personas con discapacidad marcharán en Cartagena para exigir que el Distrito cumpla su palabra

Compromisos adquiridos con la Alcaldía de Cartagena

Hace dos semanas, reprsentantes de Asofadisc y de las cuidadoras en Cartagena se runieron con el alcalde mayor Dumek Turbay para hablar de los retos y compromisos de la Administración distrital con esta comunidad.

En esta asamblea el alcalde acordó el regreso de la oficina y cafetería en las instalaciones del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (Ider), utilizados por la sede de Asofadisc.

Igualmente, la creación del fondo distrital según la Ley 2456 de 2025, la cual autoriza a los distritos y municipios de Colombia a crear fondos territoriales de protección y apoyo a personas con discapacidad y sus cuidadores. También, la instauración de unidades productivas para cuidadores en varios puntos de la ciudad y macro proyectos para la mejora de las condiciones de este grupo poblacional.

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