Durante cinco años, Besodia Villar Pérez recorrió las calles de Cartagena con un saco al hombro. Salía a buscar material reciclable bajo el sol y la lluvia, sin un lugar donde almacenarlo y sin conocer realmente cómo funcionaba el negocio al que había llegado por necesidad. Hoy, a sus 52 años, habla de su oficio de otra manera. Pertenece a la Asociación de Recicladores Aecasu, vive en Puerta de Hierro y es su representante legal. Su historia hace parte de los procesos de fortalecimiento que se han desarrollado a través del Programa Asociaciones Circulares, de la Cámara de Comercio de Cartagena, con la organización Ambientados como operador. “Un cambio grande. Ya no nos vemos como antes”, cuenta Besodia al recordar lo que significó para ella pasar de trabajar en la informalidad a contar con una organización, documentos, uniformes y nuevas herramientas para desarrollar su actividad.
Un oficio que comenzó por necesidad
Besodia no planeó convertirse en recicladora. Un día perdió su empleo y, mientras asistía a un partido de fútbol con su hija, encontró material aprovechable en el suelo. Comenzó a recogerlo y venderlo. Descubrió que podía obtener ingresos y decidió continuar.
Durante cerca de cinco años trabajó de manera independiente. Recorría las calles con un saco, recogía el material que algunos vecinos le guardaban y trataba de acumularlo para venderlo a un mejor precio. Pero las condiciones eran difíciles. “No tenía dónde guardar el material, pasé muchas necesidades”, recuerda. Con el tiempo encontró a otras personas que estaban en una situación similar. El paso siguiente fue organizarse y buscar alternativas para formalizar su actividad.
Ahí apareció la Cámara de Comercio de Cartagena.

De recoger en la calle a tener una organización
La formalización significó mucho más que obtener documentos. Para Besodia y sus compañeros implicó aprender a organizar una asociación, establecer estatutos y cumplir requisitos que antes desconocían. Después llegó el encuentro con Ambientados y el programa Asociaciones Circulares.
La organización participó en el proceso, asistió a las capacitaciones y terminó obteniendo el primer puesto. A partir de allí comenzaron a acceder a nuevos espacios, eventos y oportunidades. “Con ellos hemos tenido un cambio económico”, asegura Besodia.
Uno de los cambios más visibles fue la manera en que comenzaron a ser recibidos en empresas y otros establecimientos. Antes, explica, muchas puertas estaban cerradas porque no contaban con la documentación ni con una presentación que les permitiera identificarse como una organización formal.
Ahora llegan uniformados, con sus documentos y con el respaldo de una asociación. “Ya no nos tratan igual. Ahora como ya tenemos nombre, nos llaman Ambientados o Aecasu. Vengan”, cuenta.
Una transformación que también es humana
La formalización no solo cambió la forma de trabajar. También modificó la percepción que Besodia tiene de sí misma y la que, según cuenta, otros tienen de los recicladores.
Recuerda que en el pasado algunas personas los señalaban o los llamaban de manera despectiva. Incluso existía desconfianza cuando llegaban a determinados lugares. “Ahora nos sentimos con más respeto, con más autoridad”, afirma. Para ella, el cambio ha sido total. “Mi vida ha cambiado a partir de ahí. 100%”, sostiene.
Un modelo que busca cerrar la brecha
La experiencia de Besodia refleja el propósito de Ambientados, un ecosistema que busca conectar la generación de residuos aprovechables con su reincorporación como materia prima. Su CEO y fundadora, Susana Perdomo, explica que uno de los objetivos es avanzar de la recolección tradicional, en la que todos los residuos terminan mezclados, hacia modelos de recolección selectiva.
La idea es que los usuarios separen sus residuos y que los recicladores puedan recoger directamente el material aprovechable, sin tener que buscarlo entre bolsas de basura.
Desde 2021, Ambientados ha trabajado en este proceso con organizaciones de recicladores y la CCC. Según Perdomo, a través del programa Asociaciones Circulares se han formalizado seis organizaciones en el primer año, ocho en el segundo y actualmente trabajan con 12, para alcanzar un total de 296 recicladores formalizados.
El proceso contempla cuatro componentes: formalización, formación, dotación y acompañamiento en el cumplimiento de normas técnicas para el aprovechamiento. Pero este año se sumó un nuevo elemento: la incorporación de herramientas de inteligencia artificial para apoyar la administración de los procesos de economía circular y facilitar el cumplimiento de las normas por parte de las organizaciones.

Más que recoger residuos
Para Perdomo, hablar de reciclaje también implica cambiar la percepción que existe sobre quienes ejercen este oficio. En Cartagena, señala, el reciclador representa un eslabón fundamental para el aprovechamiento de los residuos y para la protección del ambiente.
“Estos recicladores llevan más de 30 años haciendo esta labor”, explica, al advertir que su trabajo también contribuye a evitar que una mayor cantidad de residuos termine en los cuerpos de agua y otros espacios de la ciudad.
Por eso, el propósito de Asociaciones Circulares no se limita a enseñar cómo recoger o clasificar materiales. La apuesta, con la ayuda de la CCC es que las organizaciones puedan convertirse en unidades productivas más sólidas, acceder a nuevos mercados y que los recicladores encuentren en su oficio una fuente de ingresos digna y sostenible.
“Así como a mí me enseñó mucho este proceso, yo sé que hay muchos recicladores que necesitan esa ayuda también”, afirma Besodia.
*Artículo elaborado en colaboración con la Cámara de Comercio de Cartagena.

