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Cartagena

Así nacieron las Humanidades con la Universidad de Cartagena

La Facultad de Ciencias Humanas mantiene viva una tradición de pensamiento crítico, reflexión y transformación social.

Así nacieron las Humanidades con la Universidad de Cartagena

Las Humanidades en los orígenes de la Universidad de Cartagena. //Foto: Cortesía UdeC

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La Facultad

El 23 de abril de 1990, Día del Idioma, instituido en homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra y al escritor inglés William Shakespeare, fallecidos en 1616, se expidió el Acuerdo Número 16, mediante el cual se creó la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena. La Facultad nació con los programas de Filosofía, Historia y Lingüística y Literatura. Más tarde, en 2011, se estableció el Programa Profesional Universitario en Lenguas Extranjeras. Además, en la actualidad cuenta con las maestrías en Humanidades Contemporáneas y en Lenguas Extranjeras Aplicadas. Hasta ese momento, la enseñanza de estas disciplinas recaía en el Departamento de Humanidades e Idiomas, dependencia creada en 1957 y antecedente directo de la nueva facultad.

Sin embargo, la lucha de las humanidades -entendidas entonces como la ciencia de las bellas letras, la gramática latina combinada con la castellana, el acceso a los idiomas extranjeros y el estudio de la naturaleza, la historia, la retórica, la lógica, las matemáticas, la física y la metafísica- comenzó con la fundación misma de la Universidad, en 1827, y su apertura, en 1828, mediante la instauración de los estudios de Filosofía y Letras, transformados posteriormente en la Facultad de Filosofía y Literatura.

Así, algunas áreas como las matemáticas, la física, la aritmética, la trigonometría y la astronomía, entre otras, hoy consideradas componentes básicos de las denominadas ciencias duras, se integraban entonces al campo de las humanidades. Esto ocurría a pesar de que la Facultad solo otorgaba el título de bachiller, por determinación de Francisco de Paula Santander en 1826.

Los inicios de una tradición en la UdeC

En un principio, la responsabilidad de enseñar Filosofía recayó en el bachiller Antonio del Real -hijo del prócer de la Independencia José María del Real Hidalgo- y en el catedrático José Dionisio Araújo, quien había sido profesor del Colegio de Cartagena y, más tarde, en 1836, asumió la dirección de la naciente Facultad de Medicina. En 1829, tras concluir el primer año de estudios, Araújo examinaba a sus alumnos en temas relacionados con la naturaleza de los juicios y los raciocinios, las reglas del método analítico, las especies de argumentación y las lecciones de lógica e ideología. Del Real, por su parte, exigía a sus cursantes explicar proposiciones de óptica, catóptrica y dióptrica, así como conceptos relacionados con los sistemas astronómicos. Desde luego, los asuntos del pensamiento y de la ciencia hacían parte del componente filosófico de la Universidad.

En el campo de la Literatura, inicialmente se contó con los servicios de Blas González para enseñar los fundamentos de la Gramática Latina y Castellana. Sin embargo, en 1832 se planteó la necesidad de contratar a Lázaro María Ramos como catedrático de la “Gramática Latina combinada con la Castellana” para las clases mayores. No hay que olvidar que en ese momento se avanzaba en el proceso de consolidar el castellano como idioma principal de la República, y la enseñanza universitaria era clave para alcanzar ese objetivo.

Asimismo, el aprendizaje de idiomas extranjeros resultaba necesario para acceder a la información y al conocimiento producidos en otras partes del mundo. Por ello, en 1833 se contrató a Antonio Benedeti para enseñar inglés y a Henrique Manuel para las clases de francés. Este último curso terminaría siendo impartido también por Benedeti desde 1835, quien además recibió apoyo económico de la Universidad para publicar su Gramática francesa, destinada al uso de la juventud granadina, editada por la Imprenta de Francisco de Borja Ruiz en 1837. Cabe anotar que esta fue la primera gramática francesa escrita en español en el país.

Aunque era considerada una “facultad menor”, la formación en Literatura y Filosofía resultaba fundamental para obtener el grado de bachiller y acceder posteriormente a las facultades mayores de Medicina y Jurisprudencia. Estudiantes y egresados de estas dos facultades incluso decidían iniciar su trayectoria como catedráticos en el ámbito de las humanidades. Tal fue el caso, en 1834 y 1835, de Pedro Francisco Castellón y Manuel del Río -primer egresado de la Universidad en llegar a ser rector-.

A ellos se sumaron, durante la década de 1840, Ramón Benedeti, Juan A. Araújo, Dionisio H. Araújo, Dionisio Jiménez, José Ángel Girón, Mateo Espinosa, Juan N. Pombo, Juan A. Arias, Vicente García y José Manuel Royo. También lo hizo el joven Rafael Núñez, nombrado catedrático de la Facultad de Literatura y Filosofía en 1850.

Esta Facultad constituyó un verdadero espacio de aprendizaje y de experiencias compartidas, abierto a toda la comunidad, en cuyo seno se sentaron las bases del conocimiento humanístico y de otras disciplinas. Incluso, algunos catedráticos encontraban refugio en sus aulas después de culminar sus periodos rectorales. Fue el caso del exrector Ildefonso Méndez Zapata, quien, tras ejercer la Rectoría entre 1839 y 1842, aceptó en 1843 el cargo de catedrático sustituto de Literatura.

Las Humanidades en los orígenes de la Universidad de Cartagena. //Foto: Cortesía UdeC
Las Humanidades en los orígenes de la Universidad de Cartagena. //Foto: Cortesía UdeC

La ampliación de los conocimientos

Asimismo, los catedráticos de la Facultad impulsaron la creación de los primeros colegios privados destinados a preparar a quienes aspiraban a obtener grados académicos o ingresar a la Universidad. En la década de 1840, por ejemplo, funcionaron el Instituto Benedeti -más tarde llamado Colegio Unión-, el Colegio Araújo -fundado por el egresado de Jurisprudencia Dionisio H. Araújo- y la Academia de Educación de Simón de Lavalle.

En esta última institución llamaba particularmente la atención la amplitud de su oferta académica, que incluía la enseñanza de español, latín, inglés y francés; historia antigua y moderna; mitología; bellas letras; lógica; ontología; teodicea; psicología; derecho natural; moral; fundamentos de religión; aritmética; álgebra; geometría; trigonometría plana y esférica; dibujo lineal; agrimensura; cosmografía; astronomía; cronología; física; mecánica; teneduría de libros y operaciones de comercio. Algunas de estas enseñanzas, a cargo de Simón de Lavalle -catedrático de Ciencias del Mar en la Escuela Náutica y, posteriormente, de la Sección de Filosofía de la Universidad-, introducían los denominados conocimientos útiles y la educación industrial y comercial, tan reclamados en aquella época.

En otras palabras, los inicios de la educación industrial y comercial encontraron refugio y punto de partida en las propuestas de estudio de la Facultad de Literatura y Filosofía. Paradójicamente, esta Facultad desapareció con el tiempo y su proyecto no volvió a resurgir sino hasta después de mediados del siglo XX.

Quizás, como lo sugiere Martha C. Nussbaum, comenzaban a imponerse otros tiempos, en los que la rentabilidad adquiría mayor peso en la concepción de la salud y el progreso de las naciones, por encima del valor de las artes y las humanidades como generadoras de pensamiento crítico. Pese a ello, en la casi bicentenaria Universidad de Cartagena permanece hoy una Facultad de Ciencias Humanas transformadora de vidas y plenamente vinculada con la discusión, la reflexión y el análisis crítico de nuestro tiempo.

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