En Japón existe una metodología que se ha llegado a implementar en los servicios de la salud de todo el mundo, denominada las 5S: Seiri, Seiton, Seiso, Seiketsu y Shitsuke, que significa Clasificación, Orden, Limpieza, Estandarización y Disciplina, respectivamente; la cual se emplea para crear espacios de trabajo más organizados, limpios y seguros.
En el sistema de salud, esta organización se aplica tanto en centros hospitalarios como en los hogares de pacientes que requieren cuidados permanentes. En estos casos, especialmente cuando se trata de personas con demencia o postradas en cama, adaptar el espacio puede ser difícil, pues las viviendas no suelen estar diseñadas para sus necesidades. Por eso, pacientes y cuidadores deben ajustar y organizar el entorno de acuerdo con las condiciones y necesidades del paciente, procurando que sea funcional y seguro para todos.
Según un estudio realizado por Richard Fleming y Nitin Purandare, estas medidas son relevantes para los pacientes con demencia ya que un espacio pensado en ellos ayuda a maximizar su independencia y reforzar su identidad personal. También lo es para pacientes con movilidad reducida o postrados en cama, así como para sus cuidadores, ya que es importante que los artículos estén dispuestos según su necesidad o urgencia. Le puede interesar: Personas con discapacidad en Cartagena: estas son las acciones de la Alcaldía en vivienda, salud e ingresos
¿Qué dicen los expertos?
Para el psicológo clínico Henry Rondón, la organización es fundamental para que el paciente se sienta seguro y tranquilo dentro de su propio hogar. “Ese espacio construido por la persona hace que ya sepa de antemano donde están las cosas y pueda movilizarse con facilidad, así como identificar claramente los espacios y tener control sobre varios aspectos, como la ubicación de objetos personales. Eso disminuye la incertidumbre y es particularmente pertinente porque se aumenta la sensación de seguridad y facilita la adaptación al nuevo entorno”, puntualizó.
Por otro lado, un entorno desorganizado puede sentirse como una carga física y emocional para el cuidador. “Si los cuidados de una persona dependiente ya son grandes, si les añadimos invertir tiempo y esfuerzo en despejar espacios, limpieza constante y organización, esa sensación de sobrecarga puede aumentar. Por eso es importante el apoyo a cuidadores y que, cuando hablamos de entornos familiares, no recaigan las responsabilidades del cuidado en una sola persona, porque eso puede generar síndrome del cuidador”, expresó Rondón.
El síndrome del cuidador se refiere al cansancio que puede sentir la persona que está a cargo del cuidado constante de alguien que lo necesita. No se trata solo de agotamiento físico, sino también del estrés, la preocupación y el cansancio mental que puede generar asumir esta responsabilidad todos los días.
El hogar como espacio de cuidado
Las familias de pacientes con dependencia deben adaptar sus hogares para facilitar el cuidado y garantizar el bienestar de sus seres queridos. Maryoris Bersinger conoce esta realidad de cerca, es madre cuidadora de Steven Cedeño, quien tiene la enfermedad huérfana hiperglicinemia no cetósica (HNC) y permanece postrado en cama, bajo su cuidado permanente.

“Hemos tenido que adaptar la casa, por ejemplo su habitación está totalmente acondicionada como si estuviera en una UCI, también todo en las paredes está organizado. Está pintado de blanco, cuenta con aire acondicionado, además tenemos gel antibacterial para el lavado de manos antes de entrar a la habitación, o incluso la mascarilla, si alguien que viene a verlo y está congestionado lo necesita”, declaró Bersinger. Le recomendamos: Mariela Marrugo: la realidad de ser una madre cuidadora en Cartagena
Así mismo, se debe tener en cuenta que los hogares con pacientes dependientes deben ser pensados más allá que alrededor del cuidado.
“Tratamos en lo posible de tener una casa alegre y armoniosa. Yo más tengo hijos, cuatro niñas y Steven que está en condición de discapacidad. Es así como junto con mi esposo tratamos que nuestra casa sea normal. Incluso hay muchas personas que nos dicen que no sabían que tenemos un niño con discapacidad, que nos ven tan tranquilos y todas esas cosas. Por ejemplo, jugamos, salimos con las niñas, pero al mismo tiempo le brindamos una atención llena de amor y cuidados a mi hijo. Por eso siempre entramos al cuarto para cargarlo y hablar con él, y durante las fiestas o navidades, lo sacamos del cuarto para compartir en familia”, recalcó Bersinger.
Adaptar el hogar a las necesidades de una persona dependiente no significa convertirlo únicamente en un espacio para el cuidado. También implica reconocer que allí habitan otras personas con necesidades, anhelos e identidades que van más allá de la enorme responsabilidad de cuidar, muchas veces en silencio, a un ser querido. Por eso, cuidar a los cuidadores y preservar su espacio también resulta fundamental cuando se habla del cuidado de otros.

