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Cartagena

Historia del pasaje Dáger: una joya republicana del Centro Histórico de Cartagena

El Pasaje Dáger guarda parte de la memoria comercial de Cartagena. Su recuperación abre una nueva etapa para este inmueble del Centro Histórico.

Historia del pasaje Dáger: una joya republicana del Centro Histórico de Cartagena

El Pasaje Dáger forma parte de la historia arquitectónica y comercial del Centro Histórico de Cartagena.

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Desde que Cartagena estuvo sitiada por piratas, se tienen registros de la existencia de la manzana donde se erigiría con el tiempo una de las propiedades más emblemáticas de la ciudad. En los planos de antaño se evidenciaban ya los terrenos en los que fueron levantadas las dos edificaciones que le darían vida al hoy conocido Pasaje Dáger.

Si se le preguntara a un cartagenero de más de 30 años, seguramente recordaría con añoranza los días en que el comercio, el turismo, las tiendas de ropa y los talleres eléctricos le daban a este lugar una vida agitada y concurrida.

Pero, retrocediendo en el tiempo, una investigación del arquitecto restaurador Alberto Herrera Díaz ha tejido los hilos de la historia que vinculan a esta edificación con momentos relevantes de Cartagena, así como con personajes ilustres y con el sentir de los cartageneros. En los planos de la época del ataque del corsario inglés Francis Drake a Cartagena, en 1586 —reseña el arquitecto Herrera—, ya aparece trazada la manzana donde hoy se encuentra el pasaje, una de las más antiguas del Centro Histórico.

Pasaje Dáger: de una casa baja a tres pisos

El pasaje no siempre fue el que sobrevive en estos tiempos. De acuerdo con el arquitecto Herrera, esta edificación, en sus inicios, fue una casa baja con patio interior, que luego se transformó en una casa alta y, posteriormente, en una edificación de tres pisos que se unió al edificio posterior llamado Yabrudy, para conectar con un pasaje comercial, a nivel del primer piso, la avenida Carlos Escallón y la calle Nuestra Señora de las Carretas.

Desde los tiempos de la Colonia, las edificaciones del centro fundacional se catalogaban, según su tipología arquitectónica, en casas altas, medias o bajas. “Sobre la casa existen referencias que la vinculan al año 1777, donde se señala ya como una casa alta”, señala el arquitecto.

Otras referencias de los registros históricos, además, vinculan a la vivienda con un personaje considerado relevante para Cartagena y para Colombia: Joaquín F. Vélez, quien vivió en este lugar hasta su muerte en 1905. Vélez, nacido en Cartagena en 1832, fue un militar y abogado cercano a Rafael Núñez y bisabuelo del artista Enrique Grau. Además, fue jefe militar y civil de Bolívar durante la Guerra de los Mil Días, representante de Colombia ante la Santa Sede y candidato a la Presidencia en 1904.

Luego de su muerte, la propiedad fue adquirida por Alejandro Dáger. Para entonces, la edificación tenía dos pisos y estaba construida en mampostería y cemento. Posteriormente, su nuevo dueño realizó reformas que incluyeron la demolición de una parte y la adición de un piso, según consta en la escritura n.º 169 del 23 de mayo de 1935. Estas modificaciones, así como los convenios efectuados por Dáger, habrían contribuido luego a propiciar la unión con la vivienda Yabrudy y a que surgiera el acceso de un pasaje, que con el tiempo sería bautizado con su apellido.

“Podemos decir que la mayoría de inmuebles del Centro Histórico datan del periodo de la Colonia. Sin embargo, durante los siglos XIX y XX sufrieron transformaciones motivadas por los modelos importados de Francia e Italia y por los cambios de uso, con el fin de suplir las nuevas necesidades de la población”, apunta Herrera. De esta manera —añade— se transformó el lenguaje arquitectónico en algunos inmuebles del Centro. Y, con esos nuevos usos, apareció una nueva tipología que fue conocida en la ciudad como “pasajes” porque vinculaba a dos calles paralelas a través de un uso comercial.

En la misma década de los 30, en este lugar también funcionó el Hotel Núñez, y en las décadas posteriores la propiedad pasaría por varios dueños. Los registros muestran que fue vendida, en el año 1935, a Inés Toledano de Kellems. En 1987 se transfirió la propiedad a Randolph Kellems Toledano y este la vendió a Francisco Suárez Perdomo. En 1993 se generó un título a favor de Judith Porto de González, que lo entregó luego a sus herederos y estos, a su vez, lo vendieron en el año 2014 a Bayron López Salazar.

El Pasaje Dáger forma parte de la historia arquitectónica y comercial del Centro Histórico de Cartagena.
El Pasaje Dáger forma parte de la historia arquitectónica y comercial del Centro Histórico de Cartagena.

Una arquitectura destacada del Centro

El Pasaje Dáger, además de su historia, destaca porque tiene elementos de interés arquitectónico, de estilo republicano, que resaltan en su estructura y lo convierten en una joya. “Eso puede apreciarse a nivel de su fachada, de sus balcones, de su trabajo artesanal, de lo que se llama el núcleo principal, que queda sobre la Calle de las Carretas”, cuenta el arquitecto Herrera. Su ubicación también ha contribuido a que el pasaje forme parte de la memoria comercial de Cartagena. Su cercanía con las plazas de los Coches y de la Aduana lo sitúa en un sector estratégico del Centro Histórico, donde durante generaciones se encontraron comerciantes, compradores y trabajadores de distintos oficios.

La calle Nuestra Señora de las Carretas formó parte de ese entorno de intercambios y encuentros. Ese mundo de pequeñas tiendas y mercancías también aparece en la poesía de Luis Carlos López, quien en “Calle de las Carretas” retrató la presencia de los comerciantes árabes en la ciudad: “Locales y locales y locales // de turcos y más turcos… ¿Quién diría // que sin fez y con fines comerciales // se nos volcase allí media Turquía, // para vender botones con ojales // y ojales sin botones?...”, escribió.

En el pasaje, esa vida comercial se expresó en almacenes de artículos eléctricos, talleres de reparación, zapaterías y establecimientos de ropa para hombres. Ahí se fue construyendo una cotidianidad que muchos cartageneros todavía recuerdan. Los electricistas, en particular, mantuvieron durante décadas su actividad en este lugar.

Pasaje Dáger: el deterioro y una nueva etapa

Con el tiempo, el edificio sufrió un fuerte desgaste estructural, lo que llevó a que fuera evaluado en 2011 por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC) ante el riesgo de ser declarado en ruina debido a daños en sus paredes y estructuras metálicas.

Con el cierre de algunos establecimientos y las puertas cerradas en parte del inmueble, aquella vida agitada fue perdiendo espacio. Sin embargo, el recuerdo de sus almacenes permanece entre quienes lo recorrieron para comprar una camisa, reparar un aparato o cruzar de una calle a otra.

Fue en 2014, con la adquisición de López, cuando se inició una serie de estudios para obtener una licencia de construcción para recuperarlo. Posteriormente, después de su muerte, la propiedad fue vendida a una nueva firma de la ciudad.

Ahora, cuando un proyecto que recupera el inmueble busca restaurar su esplendor republicano y convertirlo en uno de los lugares con mayor potencial comercial y turístico de la zona, vale la pena recordar la trayectoria de este sitio, que seguramente volverá a brillar para contar una nueva historia de una nueva Cartagena.

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