No hay como el arte, ese que nos deja ver el mundo tal cual es, o tal cual fue.
La ropa que usamos es arte andante, de hecho, la moda inició con la aparición del Homo Sapiens, que vestía con pieles de animales que cazaba y lo mismo ocurría en el neolítico. Hoy no solo portamos moda, también la fotografiamos para que no quede en el olvido. Muchos cibernautas consideran que siempre existirá un futuro en donde se mire hacia atrás, quizá por eso se cuide tanto la estética en el presente. No obstante, ¿qué hay de esos años en los que no existían los filtros, y ser descomplicado era una característica propia del adolescente?
Este es el primer TBT del año y qué mejor que empezarlo con algo característico de enero: los regresos a clases. Ese olor al papel de las agendas, los rayones accidentales con tinta de lapicero en la ropa blanca y aquellos aires del retorno luego de unas largas vacaciones. Lea también: Fotos: Cartagena tuvo trenes que pasaban por el carril que hoy usa Transcaribe
Desempolvamos la biblioteca de imágenes de El Universal y conseguimos 30 imágenes que te harán recordar (o conocer) el ambiente universitario en Cartagena en los años 2000.
Una época en la que el galopante intercambio de información no existía, pero era muy común la pregunta “¿qué hiciste en tus vacaciones?”. Tocaba si o si llegar a clases y soltar el nudo en la garganta para actualizar a los amigos con cualquier tipo de información, desde la más seria hasta la más inoficiosa.





“Recuerdo que el primer día de clases estábamos todos en el salón, expectantes sobre nuestra primera clase. De pronto, llegó un señor y se paró frente a nosotros y nos dijo que íbamos a comenzar la case. Todos nos sentamos, hasta que una compañera cayó en cuenta de que la clase estaba agendada con una profesora... el supuesto profesor era uno más de nuestros compañeros, solo que se veía mucho mayor que todos nosotros, por eso nos creímos el cuento y en adelante le apodamos: ‘el Profe’”, cuenta Anaya, originaria de Guaymaral, Bolívar, quien realizó sus estudios universitarios en Cartagena,





“Mi etapa universitaria fue del 2006 hasta el 2012 y lo disfruté mucho. Fue una etapa muy tranquila, dónde los estilos emo eran los del momento, además de los estilos reguetoneros. Las amistades era más fuertes, mis amigos y yo éramos como hermanos, nuestro contacto era cara a cara. Recuerdo que muchos estudiantes usaban Blackberry para comunicarse, yo nunca tuve uno, pero sí viví el nacimiento de Instagram y el uso de Messenger, desde el computador. Fue una conyuntura entre el comienzo de las redes sociales, pero no existían los influencers. Vivíamos más pendientes a la comunicación por llamadas fijas y por minutos que recargábamos con unas tarjetas prepago. Había un sai en cada esquina, y cuando llamaba por el fijo a una amiga, me contestaba toda la familia y después me la pasaban”, cuenta Balaguera, cartagenera de nacimiento.
Y agregó: “Muchos usaban el pelo hacia la cara, tapándose un ojo, tipo emo. Los maquillajes eran con las cejas muy delgadas, los ojos delineados fuertemente, y también había una moda de descaderados y pantalones bota ancha. Yo usaba pantalones bota anchas y unos zapatos deportivos brillantes que estaban de moda. También estaba de moda echarse mucha iluminación alrededor de los ojos, uno parecía un oso panda”.










“Éramos la generación que se quedaba en los pasillos, parecíamos unos indigentes, usando ropa rasta y mochilas, hablando de los problemas del Estado y sus abusos. Siento que muchos de los estudiantes de ahora se van más por el físico y cómo se ven, se comparan con las estrellas de las redes sociales y no saben lo que pasa en su ciudad, muchos no ven las noticias ni por error. A esta generación le hace falta un poco de eso”, expresó Mayuris Redondo a El Universal.





“Era fanática de bandas como Kudai o Pxndx. En ese entonces me tocaba comprar el CD para escuchar algunas canciones de lanzamiento, pero como esos grupos musicales no eran de aquí, mi novio me ayudaba quemándome la música en el CD para que yo la pusiera en el minicomponente o en el DVD. Recuerdo que eso tenían una trenza con tres colores, yo nunca supe manejarlo. Lo cierto es que fueron años maravillosos, lastimosamente no tan fotografiables como ahora; muchos de esos recuerdos están en mi corazón, pero no me queda ni una foto, no me acuerdo de la cara de muchas amigas del salón. A veces he buscado a algunas por las redes sociales y ya no las encuentro, no sé que será de sus vidas”, contó Cabarcas a El Universal.





