Estamos en el sector Los Pinos en Nelson Mandela. A lo lejos vemos a Angie, quien con emoción trata de correr hasta el carro en el que vamos, pero sus piernas curvas, a causa de su enfermedad, no se lo permiten. Sin embargo, no se deja vencer y hace todo lo posible por llegar hasta nosotros. (Le puede interesar: El ‘gigante’ de 24 años y su enfermedad poco común)
Viste un traje negro con puntos blancos y naranjas. “Ándale, de la emoción se me olvidó el tapabocas”, es lo primero que dice al estar cerca de nosotros.
Sube al carro y, mientras llegamos a su casa, con una sonrisa de oreja a oreja comienza a contarme todos los cambios que ha tenido al ser diagnosticada con el síndrome de Wilson, una enfermedad rara heredada que provoca la acumulación excesiva de cobre en los órganos. Sin embargo, me dice que ella no la heredó de ningún familiar, o eso dicen los estudios que hasta ahora le han realizado.
Angie Cáseres o Angie Mandela y sus charadas, como es conocida por familiares y amigos en Facebook, tiene 27 años y hace 6 comenzó su lucha con la vida, de la cual ha salido victoriosa.
“Yo antes era una persona normal. Tenía 21 años cuando quedé embarazada y a los 4 meses, vomité y oriné sangre varias veces y como estaba muy agitada, me llevaron a la Clínica Regional del Caribe. Hasta donde recuerdo, me desmayé”, comenta.
En esa clínica no tenían un hepatólogo disponible en el momento, por lo que fue trasladada a la Clínica Santa Cruz de Bocagrande, donde la internaron mientras le hacían varios estudios, pero “no me aparecía nada. Fue cuando decidieron hacerme una cesárea para sacarme a mi hija”. La menor, nació a los 5 meses y hoy tiene 5 años.
“En el 2017, después de que naciera mi hija, fue cuando me hicieron un examen de genética que arrojó síndrome de Wilson, pues al principio decían que era cirrosis. En ese entonces yo quedé inconsciente unos 2 meses aproximadamente. Decían que yo estaba muerta, pero no era sí”, asegura Angie con una sonrisa, ella se autodenomina una guerrera de la vida. (Lea aquí: Colombianos resilientes que viven con enfermedades raras)
“Los que tenemos esta enfermedad acumulamos mucho más cobre que una persona normal, lo que hace que haga metástasis en el hígado, riñón, cerebro y vista, órganos que se afectan”, asegura, y añade que: “Por esto cuando desperté me sentí muy mal, no podía moverme, me tocó aprender nuevamente a hablar, caminar, comer, a hacer todo y con ayuda de Dios y mi fortaleza logré hacerlo”.
A Angie le tiemblan las piernas y las manos, dice que es algo normal de la enfermedad, pero que sabe que algún día podrá dejar de hacerlo y volverá a hacer sus tareas normales.
“Yo antes estudiaba en la Universidad de Cartagena Química Pura, también estuve en el Colombo aprendiendo inglés, pero estas no las pude terminar por mi enfermedad, pues fue cuando me inició todo. Pero tengo cursos en el Sena de manipulación de alimentos y de análisis químico industrial. Espero algún día poder volver a ser independiente”, asegura.
Su recuperación se debe no solo a su buena disposición ante la vida, sino también al apoyo psicológico, familiar y terapéutico que ha tenido.
“Yo quiero llegar a los medios de comunicación con el fin de recolectar más pacientes que tengan mi enfermedad, porque quiero que personas que quizás no sepan que la tienen conozcan cuáles son esos síntomas”, argumenta.
Según organizaciones médicas, en Colombia hay aproximadamente 20 personas con esta enfermedad, en Cartagena solo Angie.
“Los médicos no sabían cómo tratarme, tuvieron que buscar ayuda en el exterior. Los que tenemos esta enfermedad dicen que no vivimos mucho, pero yo he mostrado lo contrario”, finaliza.
