Cartagena


Cartagena, la ciudad donde comer tres veces al día es todo un reto

Una encuesta del Dane reveló que entre 23 capitales del país, Cartagena ocupa el último puesto en número de hogares que consumen tres comidas al día.

Desayuno, almuerzo y cena. Esas son las tres comidas que en teoría todo ser humano debería consumir, como mínimo, en un día. Pero para muchos cartageneros, por muy simple que parezca para aquellos que viven en posiciones más privilegiadas, comer tres veces es un ideal que difícilmente se alcanza con lo que se logra ganar durante un día de trabajo. En Cartagena, solo el 33,5% de los hogares tiene el poder adquisitivo para comer tres veces. Así lo reveló la encuesta de Pulso Social del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), que ubicó a la ciudad en el último puesto en este indicador en comparación con otras 23 capitales del país.

La diferencia es abismal. En Tunja, ciudad que ocupa el primer puesto, un 97,1% de los hogares puede comer tres veces. Incluso en Barranquilla, que se ubica en el penúltimo lugar, se trata del 45,3%. Pero no siempre fue así. Si bien para nadie es un secreto que Cartagena pese a todo su potencial turístico y económico ostenta uno de los mayores cordones de pobreza del país, principalmente en su zona suroriental, antes que empezara el aislamiento preventivo en 2020, el porcentaje de hogares que consumían tres comidas al día en la ciudad era de 71,5%, por lo que la pandemia realmente significó una tragedia para tantas familias en Cartagena que desde entonces comenzaron a pasar hambre.

Y es que, según la misma encuesta, el 80,9% de los cartageneros afirmó que su situación económica empeoró con la llegada del coronavirus, y de ellos el 23,1% aseguró que dentro de doce meses las cosas estarán “mucho peor”.

La encuesta registra también que el 95,7% de los cartageneros consultados aseguró no tener las mismas posibilidades que tenía antes de la pandemia para poder comprar ropa, zapatos o alimentos; mientras que un 93,7% dijo tener menor chance de comprar muebles, televisores, lavadoras u otros electrodomésticos. A su vez, tan solo un 8,3% afirmó que dentro de los próximos doce meses podría tener dinero para salir de vacaciones. Las cosas también están críticas para inversiones a mediano y largo plazo: el 97,1% de los encuestados dijo que no planea comprar carro nuevo o usado en los próximos dos años; y el 87,3% no piensa en construir, comprar o remodelar su vivienda en este mismo periodo.

El confinamiento detuvo el flujo de caja en muchas empresas y en ese orden de ideas, muchos empleados fueron despedidos, la tasa de desocupados aumentó y por ende sus ingresos fijos. Con la flexibilización de las medidas restrictivas fueron pocos los que lograron mantener o recuperar su empleo y muchos recurrieron a la informalidad. Es por ello que la encuesta señala que tan solo el 2,6% de los cartageneros tiene posibilidades de ahorrar una parte de sus ingresos, el 44,4% dijo que no puede hacerlo y el 53% afirmó no tener ingreso alguno.

Optimismo por el suelo

La pandemia no solo ha afectado económicamente a la ciudad, sino la misma salud mental y emocional de los cartageneros, que ahora ven con más dificultad poder salir de la crisis.

La encuesta indica que solo el 33% de los cartageneros cree que el empleo en el país aumentará en los próximos doce meses, mientras que el 42,7% está seguro que disminuirá.

“En el caso de Cartagena, donde uno de cada dos empleos es informal, se generaliza la percepción negativa y las dificultades para acceder al sostenimiento. Al no existir planes ni alternativas claras por parte de los gobiernos, lo natural en la sociedad es un pesimismo generalizado sobre la situación económica”, explica David García, magíster en economía y docente de la Universidad del Norte.

Este pesimismo en el nivel psicológico, de acuerdo con Diana Gómez, magíster en psicología clínica, se explica desde la incertidumbre reafirmada desde el comienzo de la emergencia sanitaria. “Una persona optimista realiza mayores esfuerzos por afrontar una situación porque considera que sí es posible encontrar una solución, por el contrario, una persona pesimista tiene anticipaciones negativas y tiende a un fenómeno conocido en psicología como ‘desesperanza aprendida’, en el que considera que cualquier esfuerzo que haga para cambiar algo será inútil”, explica.

Afirma que factores como la desregulación emocional, la baja tolerancia a la frustración y las actitudes negativas aumentaban con relación al grado de afectación económica sufrido o percibido en la pérdida de empleo, la reducción de ingresos o en la búsqueda de otras alternativas económicas, que siguen estando críticas en Cartagena.

“Nadie tiene absolutamente claro qué sucederá no solo en términos de empleo, sino en términos generales en un mundo ‘pospandemia’. Sin embargo, es importante comprender que lo contrario a la desesperanza es la resiliencia y esta es la única opción para seguir adelante”, puntualiza Gómez. Mientras tanto, la ciudad sigue reactivándose lentamente, intentando recuperarse de las consecuencias que dejó el periodo más álgido de la pandemia, que golpeó en la peor de las formas que quizá le puede afectar a cualquier ser humano: con el hambre.

Sobre Pulso Social
La Encuesta de Pulso Social fue aplicada en enero de este año y sus resultados fueron publicados en febrero. La cobertura geográfica es de 23 ciudades capitales del país: Barranquilla, Cartagena, Sincelejo, Valledupar, Santa Marta, Riohacha, Bogotá, Tunja, Villavicencio, Neiva, Florencia, Bucaramanga, Cúcuta, Cali, Pasto, Popayán, Manizales, Ibagué, Pereira, Armenia, Medellín, Montería y Quibdó. La encuesta es realizada por el Dane con el apoyo técnico del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
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