El regreso a clases presenciales ha sido bastante debatido: hay quienes lo apoyan y otros que lo consideran un riesgo dadas las circunstancias actuales relacionadas con la pandemia. Sin embargo, ya es un hecho y desde mediados de enero, universidades y colegios tanto privados como públicos empezaron las clases en los planteles educativos.
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Tras casi dos años sin asistir a las instituciones los nervios y también las expectativas pueden afectar a los niños y los jóvenes que no saben qué esperar en cuanto al comportamiento social, como a la exigencia educativa. El Universal consultó con la psicóloga Diana Cecilia Gómez Miranda, magíster en psicología clínica, a cerca del impacto que genera el regreso a clases presenciales en los estudiantes.
¿Impacta a nivel psicológico el regreso a clases presenciales?
No podemos subestimar los efectos de esta pandemia en el cerebro en desarrollo de los niños y adolescentes. Hay un impacto innegable en una generación, un impacto a nivel emocional y de aprendizaje, que no podemos ignorar y/o minimizar.
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Todo lo que implicó y aún implica la pandemia, las vivencias de cada núcleo familiar, los procesos de duelo (perdidas de seres queridos y/o de empleo de sus padres, u otros), conflictos familiares, reestructuraciones al interior de las familias, incluso los casos de abuso durante la pandemia; en fin, cada niño, cada estudiante enfrentó una realidad distinta y es importante también valorarlo desde la individualidad.
En el caso de los más pequeños, son niños que empiezan a tener su primer contacto con las clases. Leía en un artículo sobre cómo estos niños se han visto afectados directamente en sus habilidades sociales por el tiempo de la pandemia, ¿qué pasa con ellos? ¿Será positivo?
En el caso de los más pequeños tendrán los desafíos propios del desapego e incursión en un espacio nuevo.
El contar con espacios de socialización le permite al menor adoptar el sentido de independencia que requerirá para su vida adulta. Así mismo, la interacción social es fundamental en el proceso mismo de aprendizaje, y no hay punto de comparación en nuestro contexto, con una plataforma virtual o como sucede en muchos casos en las zonas rurales, a través de un mensaje de WhatsApp o de guías. Es decir, desde la psicología se confirma la importancia que tiene la presencialidad en el aprendizaje principalmente por ese fortalecimiento de vínculos con sus pares, docentes y otros profesionales del entorno escolar.
Sí, y si se tiene en cuenta además que no todos contaban con las mismas facilidades para las clases virtuales, mucho más. No todos los estudiantes tienen la posibilidad de un internet fijo, no todos cuentan con excelente conexión, no todos manejaban las plataformas.
Desde mi perspectiva, en el corto plazo es muy probable que se incrementen las cifras de deserción escolar, y se profundicen las brechas educativas que ya existían. Además, la sobreexposición a pantallas es otro factor de riesgo a considerar (este es una de las mayores preocupaciones de los padres actualmente).
¿Cuáles son las recomendaciones para los padres de familia para que este retorno a la presencialidad no sea tan traumático para sus hijos?
- Escucharlos, acompañarlos, comprenderlos, brindarles fuentes de seguridad.
- Estar atentos a los cambios conductuales, emocionales y a las verbalizaciones que realicen sus hijos.
- Estar alerta ante síntomas como: expresión de pánico al contagio, fatiga cognitiva, irritabilidad, alta impulsividad, conductas desafiantes, alteraciones en el ciclo del sueño, manifestaciones de angustia, miedo, ansiedad, cambios en el estado de ánimo, en el apetito, en la forma de relacionarse, quejas somáticas, negativa para asistir al colegio, etc.
- Mejorar canales de comunicación, no solo con sus hijos, sino con la Institución Educativa.
Gómez agrega que si se genera alguna alerta desde la Institución educativa, o si como padres lo observan, es imperativo buscar ayuda profesional externa y brindar todos los apoyos adicionales necesarios para minimizar riesgos y proteger la salud mental de los niños.
La mayoría de los temores y las preocupaciones que manifiestan los niños son el reflejo de los temores y las preocupaciones que manifiestan los adultos; es decir, si ustedes como padres no están bien, difícilmente sus hijos lo estarán. “Cuidar su propia salud mental y darle la importancia necesaria, es el mejor regalo que pueden brindarle a sus hijos”, concluye.

