Cartagena


Esperanza Soto y su amor por los gatos abandonados

Esperanza cuida a todos los gatos que son abandonados debajo del puente de Los Caracoles desde hace nueve años. Aquí les contamos su historia.

WENDY CHIMÁ P.

01 de junio de 2021 12:00 AM

El amor de Esperanza Soto por los animales es grande y se le nota en la mirada, en cada una de las palabras que pronuncia y hasta en sus expresiones. Desde niña supo que su vocación era ser un ángel para esas criaturas que deambulan por las calles buscando un hogar y alimento.

Fue así como hace 9 años decidió crear su propio refugio, donde cuida, alimenta y protege a más de 80 gatos, los cuales viven en las calles o son abandonados justo ahí donde tiene el hogar de paso, debajo del puente de Los Caracoles.

El espacio, para algunos puede ser incómodo, no solo por el hecho de tener que soportar el maullido y el hedor de orina animal, sino también porque ocupan un espacio público, sin embargo, eso no ha sido impedimento para que Esperanza pueda mantenerse firme ayudando a los gatos, contando con el apoyo de otros animalistas y veterinarios, pero sobre todo siendo su protectora.

El proceso

La solidaridad de Esperanza afloró cuando se unió como voluntaria a una fundación que ayudaba a estos animales, donde debía ir todos los días a ayudar en todo el proceso, desde bañarlos y darles de comer, hasta ver si alguien quería adoptarlos. Ella pensaba que ahí podía ayudar mucho más a estos animales, sin embargo, el destino le tenía preparadas otras cosas y fue así como decidió quitarse la venda de la indiferencia y dejar de ser cómplice de aquellas personas que, como ella, pasaban cerca del puente de Los Caracoles y veían como los gatos bebés, adultos, embarazadas y demás, maullaban pidiendo comida, mientras otros estaban casi muriendo ya sea de desnutrición o porque fueron atropellados.

“Pasaba todos los días en las mañanas por el puente y veía que ellos estaban ahí atropellados, muchos eran pequeños, otros adultos preñados y buscando algo que comer, pero seguía mi camino, hasta que un día abrí los ojos y decidí no ser indiferente a esta situación y comencé a traerles comida, así les fui dando poco a poco mi amor”, relató Esperanza, quien ya lleva 9 años en esta labor.

Al principio, con sus propios recursos, les compraba concentrado de gatos y se los llevaba, los acariciaba y luego se iba, pero al ver que el amor que ella entregaba era recíproco, decidió cambiar su rutina y visitarlos dos veces al día, dedicándoles también un tiempo al juego.

“Comencé a alimentarlos una sola vez, eran 18 gatos, pero con el pasar de los días veía que eran más gatos los que se acercaban o dejaban aquí abandonados. Casi todas las semanas cuando llego encuentro una caja llena de gatos, pequeños o grandes”, comentó Esperanza, agregando que: “Fue ahí cuando decidí comenzar a buscar ayuda, para poder alimentarlos de la mejor manera y tenerles algunas mantas”.

El refugio tiene varias casas de cartón, mantas, sábanas y hasta una cama de animales, elementos que le han donado a Esperanza para que los gatos tengan un espacio acogedor, donde puedan refugiarse de la lluvia o el sol.

“Comencé poniéndoles unos cambuches con mallas, pero al llegar la lluvia se mojaban y conseguí el plástico que ahora tenemos como techo. Poco a poco, con ayuda de muchas personas he podido adecuar el espacio. Al principio cuando se enfermaban los llevaba a la Fundación Rescate Animales Desamparados (FRAD), donde muchos se quedaron, pero al día siguiente encontraba más gatos acá y sabía que debía hacer algo”, explicó.

Al ver que el número de gatos aumentaba día a día y cada vez era más complicado tener recursos para mantenerlos a todos, comenzó a hacer rifas y a buscar apoyo de personas que están a favor de la protección animal para poder adecuarles el espacio y tener así más alimento para darles.

“Tenemos tres casitas que fueron donadas, una por unos jóvenes y las otras por animalistas. Siempre estoy pendiente de que coman, de ver si están enfermos, incluso los esterilizo, para esto trabajo con una veterinaria, donde algunas personas han apadrinado estos procedimientos”, aseguró, añadiendo que “ya la gente es más consciente de que la estadía de ellos aquí es maltrato animal y que procrearse es un problema grave, entonces a raíz de ello también regalan esterilizaciones”.

Esperanza visita a sus gatos dos veces al día, pero cuando hay gatas paridas, va tres veces al día, con el fin de atenderlas de la mejor manera. Ella asegura que se dedicará a cuidar a los gatos hasta que Dios se lo permita.

Por ley

La Ley 1774 de 2016 establece las sanciones y multas por maltrato animal. “Los animales son seres que sienten, no son cosas y recibirán especial protección contra el sufrimiento y el dolor, en especial, el causado directa o indirectamente por los humanos“, así lo declara la norma. Ante esto Esperanza añade que “ellos no deben sufrir de hambre, ni de sed, de malestar físico, dolor, o enfermedades de miedo ni estrés. Deben manifestar un comportamiento natural de su especie pero llenos de amor y cariño, donde prevalezca el respeto, la solidaridad y la compasión”.

A pesar de que existe esta ley, Esperanza es clara en afirmar que “no he recibido apoyo de la administración. La ley dice que es responsabilidad del estado, pero esto no pasa. Las fundaciones están saturadas y llenas, por lo que no pueden recibir más animales”.

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