Cartagena


La esperanza de los gatos del puente de Los Caracoles

Desde hace nueve años, Esperanza Soto se dedica a cuidar los gatos en estado de abandono que llegan al puente de Los Caracoles. Esta es la historia de su labor y sus exigencias al Distrito.

JULIE GONZÁLEZ ORTEGA

22 de noviembre de 2020 10:41 AM

Lo que movió a Esperanza Soto a dedicar su vida al cuidado de los animales fue simplemente el deseo de no querer seguir siendo cómplice. Cómplice de la indiferencia, cómplice de la desidia o en palabras más simples, cómplice del maltrato animal que de manera silenciosa sufren cientos de animales que deambulan sin rumbo por las calles en Cartagena.

Fue así como lo que comenzó con visitas para dar comida a los gatos abandonados a su suerte en el puente de Los Caracoles, pronto se convirtió en un refugio donde los animales ahora son alimentados, cuidados y atendidos por parte de Esperanza, en alianza con otros animalistas y veterinarios que se han sumado a la causa de procurar el bienestar de estos gatitos. ([Vídeo]: Esperanza y los gatos del puente de Los Caracoles)

Imagen REFUGIO
Este es el albergue que se acondicionó para los gatitos debajo del puente.

Esperanza, quien vive en el barrio El Country, visita el albergue todos los días, dos veces: en la mañana y en la tarde, sin importar que llueva, truene, relampaguee, o incluso si vuelve a haber un nuevo brote grave de coronavirus. De hecho, durante la época de cuarentena estricta, tampoco se detuvo. En medio de unas calles solas, donde todos estaban resguardados y los únicos que quedaban en las calles eran los desamparados, ella se mantuvo firme en su decisión de seguir ayudando a los gatitos.

“Hace nueve años, esta era la ruta mía para ir en ese entonces al refugio de FRAD donde hacía voluntariado. Yo me iba para allá y por aquí siempre veía a gatos adultos y a gatos pequeños que salían debajo del puente, al principio me quise hacer la indiferente a la situación pero luego me di cuenta que si son animales en situación de abandono simplemente no puedo serlo. Fue entonces cuando me dediqué a traerles comida”, relata Esperanza.

En esa dinámica, cada vez fueron llegando más gatos al sitio y llegó un punto en el que tuvo que comenzar a acondicionar el lugar para poder albergarlos a todos, algo que incluso le trajo problemas con vecinos del barrio que no estaban de acuerdo -y algunos siguen sin estarlo- con la presencia de los animales. Aún así, Esperanza se mantuvo firme en su propósito.

Imagen ESPERANZA1
Esperanza alimenta a los gatitos y con ayuda de veterinarios también atiende sus enfermedades y esteriliza.

“Lo que hice en ese entonces fueron cambuches porque cuando llovía los gatos se mojaban, así que puse la malla. Cuando empecé habían unos 18 gatos, los pequeños eran pocos porque morían atropellados o de enfermedades con las que los encontraba como desnutrición. Yo primero se los llevaba a la doctora Ingrid de FRAD pero llegó un momento en el que dije que tenía que hacer un alto porque ya el sitio se estaba convirtiendo en un refugio, yo me llevaba gatos a FRAD y al día siguiente aparecían más”, expresa.

Fue entonces cuando la idea de dedicarse por completo a este grupo de gatitos tomó más fuerza. Desde entonces es esta la principal ocupación de Esperanza, la cual afirma que seguirá llevando a cabo hasta que Dios así se lo permita.

“A medida que fueron pasando los años que la gente me veía, me fueron apoyando más. Un grupo de jóvenes me donó una casita y luego otros animalistas donaron otras dos, ahí se fue acondicionando más el espacio (...) Mi atención principal y básica con ellos es la alimentación, su comida, su agua y mirar qué enfermedades presentan, lo más común es la diarrea y la gripa en época de invierno. También los esterilizo, trabajo con una veterinaria y muchas personas también han apadrinado sus esterilizaciones. Ya la gente es más consciente de que la estadía de ellos aquí es maltrato animal y que procrearse es un problema grave, entonces a raíz de ello también regalan esterilizaciones”, dice Esperanza.

Imagen ESPERANZA5
Al lugar llegan diversas personas a apoyar la labor de Esperanza, ya sea con donaciones o también adoptando gatitos de ese lugar.

Un problema de fondo

Ahora, según cuenta Esperanza, mal contados, hay más de 60 gatos. “Los gatos llegan aquí por la comunidad, la falta de cultura de la gente los lleva a ellos a no tener respeto por los animales. Piensan que simplemente es llevar una gata a su casa para cazar ratones pero no la esterilizan, la gata sale preñada y botan las crías, otros incluso, botan a la gata embarazada o a los gatos adultos”, dice Esperanza. (Le puede interesar: Animales en Cartagena también quedaron afectados por el paso de Iota)

Efectivamente para ella es común llegar un día en la mañana y encontrar cajas selladas con gatitos recién nacidos adentro.

“Educar a la comunidad es lo más difícil. Mi propósito en dedicarme a esta labor va más bien enraizado a la problemática que yo quisiera que se resolviera. El Distrito como ente encargado de la protección animal debe tomar partido de la situación y no solamente aquí porque Cartagena está llena de botaderos de gatos y de perros”, expresa.

De esta manera asegura que es responsabilidad de la administración destinar recursos a hacer campañas de adopción y de esterilizaciones masivas en los barrios cada tres meses y hacer sensibilización en las comunidades de la importancia de hacerlo.

“Estoy segura que con una campaña de esterilización trimestral en dos años baja la botadera de animales en Cartagena, si se va a tener un animal debe ser con consciencia y responsabilidad. Al macho hay que castrarlo, a la hembra que esterilizarla, a ambos hay que operarlos porque ambos tienen la capacidad de engendrar y esta es una problemática porque una sola gata puede parir cuatro veces en el año camadas de cinco crías. Son 20 gatos de un solo animal que pueden terminar abandonados en la calle”, puntualiza.

Es en ese sentido que Esperanza hace un llamado al Distrito para que tome las cartas en el asunto.

“Abandonar es asesinar, por eso quiero que la gente tenga consciencia de que los animales son seres sintientes como lo dice la Ley 1774 de 2016 y que merecen respeto. Por eso yo invito a la comunidad y al Distrito, a la Umata, a la Policía Ambiental y a todas las entidades encargadas a que se apersonen de la situación de los animales en Cartagena, no solamente de los de este puente sino de otros puntos: la Perimetral, Ceballos, el Espíritu del Manglar, el parque del Joe, El Pozón (...) Necesitamos una gestión que se vea y que el alcalde nos atienda para plantearle las propuestas porque esta no es una problemática de hoy ni de ayer que se soluciona con pañitos de agua tibia mandando a unos veterinarios a que vengan solo a vacunar y a desparasitar unos cuantos gatos”, manifiesta Esperanza.

Epílogo

A Esperanza su nombre le queda como anillo al dedo, pues es ella quien le ha devuelto la fe a decenas de gatitos que de no ser por ella quizá no hubiesen sobrevivido tanto tiempo como lo han hecho. Es su paciencia, su dedicación pero principalmente el amor que tiene por los animales el que a pesar de todos los señalamientos que ha tenido que soportar por parte de quienes no simpatizan con los gatos, lo que la mantiene firme en su labor.

“Si yo creo en Dios tengo que respetar lo que Él creó, a la naturaleza, porque yo no sé hacer un gato y tú tampoco, y si no respetamos lo que Dios nos brinda, lo que nos ofrece, lo que nos da, entonces no podemos dar amor a nadie porque no amamos la creación que es lo más importante, porque eso es vida y eso me hace a mí inclinarme aún más por los gatos, por ser los animales más estigmatizados, más maltratados, más olvidados y porque merecen respeto”, indica Esperanza.

Es eso lo que la motiva a levantarse desde temprano y a desplazarse de la comodidad de su hogar al albergue de los gatitos bajo el puente de Los Caracoles y por lo que también extiende la invitación a todos los cartageneros a sensibilizarse sobre esta problemática y comenzar a ser parte de las soluciones. “El respeto implica la protección y eso es lo que debemos hacer como seres humanos, como comunidad, sacar un poquito de esa parte buena de nosotros y hacerlo porque es un deber. Es un deber atender a los animales en condición de abandono y vulnerabilidad. Entonces yo los invito a todos a que se unan a la causa y a que cuando vean un animalito por lo menos le brinden poquito de agua y de comida porque no saben cuánto tiempo lleva sin comer, todos tenemos que ser parte de esta lucha con los animales en situación de abandono”, finaliza Esperanza.

Entre tanto, ella sigue visitando su albergue diariamente, siendo testigo del crecimiento de sus gatitos y dándoles el amparo que necesitan mientras aguarda en su propia esperanza. Aquella que espera por las soluciones de fondo que históricamente han necesitado estos animales y que sueña con que en algún momento puedan ser una realidad.

Así puede ayudar
Esperanza visita el albergue todos los días, dos veces: de 7 a.m. a 9 a.m. y de 4 p.m. a 7 p.m. También puede contactarla al 3052479306 si desea apoyarla en su labor de cualquier modo.