Cartagena


Las clases de la seño Mabe no se detienen por la pandemia

Ante la falta de internet en su sector, la seño Mabe va de casa en casa a llevarle la educación a sus 70 estudiantes, que gracias a ella han podido continuar con sus clases durante la cuarentena.

JULIE GONZÁLEZ ORTEGA

09 de agosto de 2020 12:00 AM

Su nombre es Mabel Ariza, pero todos la conocen como la ‘seño Mabe’. No tiene un computador o una impresora, pero sí un corazón y una voluntad lo suficientemente grandes para seguir enseñando aún en medio de circunstancias tan difíciles. Incluso a través de su ejemplo.

Cuando son las 10 de la mañana del domingo y muchos apenas están despertando para aprovechar su día de descanso, la maratónica jornada de la seño Mabe en el sector San Bernardo de Asís del barrio La María apenas comienza.

En compañía de su hija Evelyn, quien también es profesora en la Fundación Escuela Mixta Mundo Maravilloso (colegio que fundó ella misma), sale de su hogar sin importar lo fuerte que esté el sol o que las calles estén llenas de barro, con el fin de recoger de casa en casa los cuadernos y las tareas de sus 70 estudiantes, que como todos, se encuentran cumpliendo con el confinamiento obligatorio.

Sube las empinadas lomas y llega donde muchos no lo hacen con tal de que ningún niño se quede sin estudiar, y así todos puedan continuar sin excepción con su proceso académico.

“Este año comencé con 120 niños desde preescolar hasta quinto de primaria, pero por la pandemia se fueron reduciendo. Yo siempre les insistí a los padres y a los niños para que no se quedaran en sus clases y no repitieran, para que no se quedaran sin hacer nada. Entonces comencé a hacer los recorridos y a dejarles las actividades para que las hicieran en la casa, con sus lecturas, sus témperas y sus crayolas”, explica la seño.

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Mabel y Evelyn en uno de sus recorridos.

De esos niños, ahora quedaron 70, que gracias al esfuerzo de la seño Mabe han podido seguir con sus clases a pesar de las dificultades que impone la pandemia.

“La labor de la seño es muy buena porque así no nos exponemos a salir tanto a la calle. Ella recoge los trabajos y los trae todos los fines de semana, ya lleva como tres meses así”, dice Rosmery Berrío, quien tiene dos hijos que no han dejado de estudiar en cuarentena, uno en primero y otro en tercero de primaria.

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Son 70 niños entre preescolar y quinto de primaria los que tiene la seño Mabe.

Y es que la seño Mabe entendiendo incluso la difícil situación económica que pasan muchos padres de familia de su sector, tomó la decisión de dejar de cobrar la pensión del colegio, la cual era de 40 mil pesos.

“A ellos ya no se les está exigiendo la mensualidad completa sino lo que de su corazón les nazca. Hay algunos que a veces me ayudan con una manito de plátano o una bolsa de arroz. Otros me colaboran con 3 mil, 5 mil o 10 mil. Hay padres de familia que me colaboran así como hay papitos que no pueden, pero de todas formas a todos se les llevan sus cuadernos y se les revisan sus actividades por igual”, dice la seño, quien a veces lo que le dan, lo invierte en las mismas copias para entregar talleres a sus estudiantes.

Pero ella tampoco ha sido inmune a la crisis. Por la pandemia, las demás profesoras que le ayudaban tuvieron que retirarse porque no tenía para cancelarles su salario, y ahora tuvo que alquilar uno de los salones de clases del colegio para obtener un ingreso adicional. También tiene una pequeña chaza con la cual se ayuda.

“Así es que nos hemos estado manteniendo. Ahora solo quedamos nosotras dos, Evelyn y yo, y bueno, como dueña del colegio tengo que responder por los estudiantes que están matriculados. Por eso me hice el compromiso de llevarles a sus casas sus tareas y talleres. No he parado. Todos los domingos salgo y a mitad de semana cubro otro sector porque también tengo estudiantes en San Francisco, en la carretera y en el sector Panorama”, dice.

Es tanto lo que hay que recorrer que a veces se divide con su hija por sector para poder llegar a todos los estudiantes.

“Para mí la labor de mi mamá es demasiado grande, es una labor fuerte, pero me gusta mucho verla, porque lo único que quiere es que sus estudiantes aprendan. No ha sido fácil, pero todo se puede”, manifiesta Evelyn, quien también resalta el importante rol y el compromiso que han tenido los padres de familia para apoyar a sus hijos en este proceso.

“Todos los padres de familia me han ayudado mucho. Cuando termino el recorrido me pongo a revisar, llenar planilla y les devuelvo con las nuevas actividades. Ha sido complicado, porque no es igual estudiar en un salón de clases que en la casa, donde los papás tienen otras ocupaciones y de pronto no le dedican todo el tiempo al niño, pero sí han respondido con sus tareas. A veces si no han terminado les digo como que ‘bueno, regreso la otra semana’ y vuelvo y ya están listas, y así”, explica Mabel.

‘Nuestra heroína’

En San Bernardo de Asís todos describen y equiparan la labor de la seño Mabe a la de una heroína, que sin importar qué tan arriba esté una casa en las lomas, ella las sube con tal de llegar a donde esté su estudiante.

“Ella es una muy buena profesora. Tiene años de estar educando a casi todos los niños de por aquí y enseña muy bien. Mi hijo está en primero y no ha dejado de estudiar, ella siempre está muy pendiente”, expresa Rosalba Moreno, madre de familia.

Erick Puello, presidente de la Junta de Acción Comunal, también exalta su labor. “La seño Mabe representa un ejemplo enorme. Es nuestro héroe personalizado, representa el amor por la comunidad, por los niños, y la educación. No ha dejado de trabajar, es más, ahora trabaja más y sigue garantizándoles a los niños que tiene matriculados su proceso de formación académica sin cobrarles un solo peso”, dice Puello.

El líder explica que el hecho de que no esté cobrando por una labor tan ardua significa mucho sobre todo en un barrio que es estrato uno y en el que ha sido muy difícil que el Distrito llegue.

“Acá la mayoría de los habitantes viven en lomas porque esa es la composición del barrio. No hay cobertura de internet, por lo que la seño Mabe no tiene la facilidad de decir que va a enviar talleres por Whatsapp porque simplemente no se podría. Además la gente que vive aquí en su mayoría son personas que trabajaban en las playas, hay carperos, peinadoras, vendedores de frutas, de bebidas, gente que vive de la zona turística que ahora está cerrada. También hay personas que trabajan en el mercado y que viven de la pesca. Por eso todo ha sido muy complicado”, explica Puello.

Y si bien para la seño Mabe tampoco ha sido sencillo, es más el amor que ella tiene por su profesión; el que le inspira a seguir ejerciéndola en medio de las dificultades.

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Son más de 30 años los que lleva en la docencia y es la primera vez que le ha tocado vivir algo así, pero eso no ha sido impedimento para sacar adelante todos los proyectos que tenía pensados para sus estudiantes desde que comenzó el año.

“La falta de internet nos ha dado duro, pero todo lo hago con mucho amor y estoy feliz de que los niños estén en su casa trabajando y que sus papás los apoyen. La docencia es compromiso, responsabilidad y sobre todo amor.

Es una labor muy bonita que me gusta mucho. Ojalá el año que viene todo se componga y vuelva a la normalidad para que los niños puedan regresar a las aulas de clase. Yo siento que se ha ido una parte de mi vida porque no tengo a mis estudiantes pero estoy satisfecha de ir de casa en casa y ver los resultados positivos”, dice la seño.

Ahora, ella misma crea su propio mundo maravilloso en las calles de San Bernardo de Asís, ese que le ha dado nombre a su colegio por tantos años y que ha sido la primera escuela de muchos niños en el sector, que hoy, ya en su adolescencia y plena adultez aun saludan a la seño mientras ella adelanta sus recorridos por todo el barrio, a lo que ella les responde siempre con una sonrisa.

Mientras tanto sigue su camino, sube esas lomas empinadas, llenas de barro y sin pavimentar, con un montón de cuadernos en sus brazos que no parecen cansarse nunca, pues los motivan esa fuente inagotable del amor a la profesión, la esperanza de que la pandemia pasará pronto, y de que en menos de lo que cree volverá a tener a sus estudiantes en las aulas, felices, atentos, y aprendiendo de la mano de su seño Mabe.