A sus 37 años, María José Pizarro contribuye a la construcción de la paz reinterpretando “desde una mirada crítica, limpia y sin revanchismo”, la historia de su padre, aquel líder guerrillero que se reintegró a la vida civil y aspiró a la presidencia de Colombia.
En entrevista con El Universal, habló sobre sus aportes a la reconciliación, lo que debería hacer cada sector del país para lograr la anhelada paz y el sentimiento que guarda por la impunidad en el crimen de Pizarro.
Como mujer, ¿cuál ha sido su rol en el proceso de paz?Soy hija de la guerra y madre de la guerra porque tengo hijas que nacieron en este conflicto. Mis padres y mis abuelos han luchado en esta guerra, pero tomé opciones diferentes (...) Intento reinterpretar la lucha de mis padres, que sea vista en su dimensión. Hago una lectura histórica del momento que ellos vivieron en relación con el momento que a mí me tocó vivir. En ese trabajo busco que quienes se acerquen a esa historia lo hagan desde una mirada crítica, limpia, sin revanchismo, y definitivamente yo no recibí por herencia el odio, entonces puedo caminar, lanzar mensajes que nos hermanen y hermanarme con quienes se creería que nunca podría. Precisamente mi padre fue asesinado por un sicario de las comunas de Medellín, y desde la Fundación Carlos Pizarro hemos creado una gran alianza con ellos.
¿Cómo reconstruye la memoria de su padre?Llevo un trabajo de memoria de más de 13 años. Tengo un archivo y una exposición que se llama “Carlos Pizarro, memoria para la paz”, que estuvo aquí en Cartagena y ha recorrido varios lugares del país, tengo un libro que se llama “De su puño y letra”, y dos documentales en los que he venido trabajando. El último se lanzó el pasado 26 de abril, cuando se cumplieron 25 años del magnicidio de mi padre, y aunque parezca que la Fundación está anclada en el pasado porque hemos querido construir y reconstruir memoria, tenemos un proceso muy interesante con jóvenes de la Comuna 13 de Medellín, que se llama Agroarte, ayudamos en la reconstrucción de la iglesia de Bojayá, y estamos ampliando nuestro trabajo hacia otras regiones y con quienes sentimos que debemos hermanarnos.
¿Participaría en los diálogos de paz en La Habana?Creo que estamos participando aunque no estemos allá. La participación no solamente está en quienes estén sentados en la mesa de negociación, la participación está en todos los ciudadanos que nos movemos, que aportamos, que estamos desde múltiples orillas mandando mensajes, intentando sensibilizar, llegar a quienes posiblemente no están de acuerdo o no han tomado una posición política frente al tema, pero en los diálogos de La Habana está el país entero.
¿Alguna sugerencia al Gobierno para mejorar estas negociaciones?Hay una ausencia muy grande que vi en el grupo de víctimas que viajó a La Habana y son los jóvenes. Los jóvenes no están decidiendo su futuro. Hay una generación en La Habana, que es la generación de mis padres, son hombres de 60 a 70 años quienes dicen lo que será nuestra sociedad los próximos 20 años, pero los jóvenes no participan decidiendo activamente cuál será su mañana. Ya no soy tan joven, pero en 20 años todavía estaré como interlocutora en este país, y básicamente nosotros somos los que vamos a hacer sostenible esta paz, porque desafortunadamente, y no porque yo quiera que desaparezcan, en 20 años los que están sentados en La Habana no serán los interlocutores, seremos nosotros y entonces tenemos que estar ahí.
¿Qué deberían aportar los diferentes sectores de la sociedad para lograr la paz?El Gobierno tiene la mayor responsabilidad. Debe garantizar la vida, la supervivencia y las opciones a las personas que se desmovilizan, pero todos los que han contribuido a este enfrentamiento tienen responsabilidades. Los gremios económicos tienen que dar puestos de trabajo y respetar la tierra, los ciudadanos tienen que empezar a entender que tenemos el derecho y el deber de convivir en paz, brindar espacios y oportunidades a las personas que se desmovilizan para que no reincidan en la lucha armada.
En busca de construir paz y reconciliación, ¿perdonó al Estado por el magnicidio político de su padre?No he perdonado al Gobierno porque no me ha pedido perdón. Lo primero para perdonar es que quien cometió el error pida perdón, y una de las formas de pedir perdón, aunque no sea un perdón público, es avanzar en el caso, que haya justicia, derrocar la impunidad y es lo que no han hecho. Hay impunidad, no hay responsables y la investigación está en fase preliminar después de 25 años. En abril fue inhumado el cadáver de mi padre y no hay una actitud de celeridad en el caso, de querer decir lo siento. El Estado también debe pedir perdón por lo que ha sucedido en este país. El padre debe ser el primero en pedir y enseñar el perdón. Si el Estado no lo enseña, difícilmente lo aprenderemos los ciudadanos.
¿Qué sentimiento guardas por esta impunidad?Dolor, porque le arrebatan a uno pilares fundamentales en su vida y a esta sociedad uno de sus grandes hombres, pero rencor no porque mal haría yo en alimentar mi alma y mi camino de ese sentimiento. Sigo exigiendo y seguiré exigiendo lo que considero que es justo, y considero que la justicia es una de las cosas por las que debemos luchar. Por eso se dice verdad, justicia y reparación, pero no hay verdad, justicia, ni mucho menos reparación, y creo que estamos lejos, sobre todo las víctimas de crímenes de Estado, de acercarnos a ese escenario. Esperemos que todo sea distinto y que hayan actitudes que cambien, porque en la mesa de La Habana no solamente se están negociando las responsabilidades que tuvieron las Farc en este conflicto, sino todos los que tuvieron algo que ver, entre ellos el Estado colombiano.
