Cartagena


Rumbas y aglomeraciones: La vida nocturna del Centro Histórico

Pese a las medidas de las autoridades, los visitantes de esta zona han vuelto a tener los mismos comportamientos que antes de la pandemia.

ANGIE GOEZ AHUMEDO

15 de febrero de 2021 10:00 AM

Hola, buenas noches. Quisiera saber cómo hago para ingresar

-Buenas noches, señorita. Adelante

-¿No es necesaria una reserva?

-No. Aquí la gente viene, entra y está el tiempo que quiera

-Ah, ok. Permiso

El gel antibacterial y el termómetro infrarrojo que estaban sobre un taburete eran solo decoración en la entrada de una discoteca en el Centro Histórico de la ciudad. Ni a mí, ni a un grupo de personas que ingresó antes, nos desinfectaron las manos ni tomaron la temperatura corporal, solo exigieron, como requisito para entrar, tener puesto el tapabocas.

Y digo requisito de entrada porque al cruzar la puerta fue como ingresar en otra dimensión donde la COVID-19 no existe, donde todos eran inmunes o ya se aplicaron la vacuna; donde la pandemia que ha acabado con la vida de 980 cartageneros llegó a su fin.

En menos de 10 minutos pude contar más de 80 personas en un espacio pequeño, sin ventilación externa, sin distanciamiento, hablándose al oído, riendo a carcajadas, bailando unos con otros, ingiriendo alcohol y con la única preocupación de que el tiempo era corto para continuar la rumba ahí.

Nadie exigía el cumplimiento de algún protocolo. Solo los empleados del lugar portaban tapabocas pero recibían dinero, pasaban apretados entre las personas, llevaban cervezas y pocas veces se desinfectaban las manos. Realmente eran pocas las cosas que recordaran que el mundo está en medio de una pandemia, los avisos sobre los protocolos de seguridad parece que solo se encargaban de contrastar con la rústica decoración.

-¿Ya se va, señorita?

-Sí, está muy lleno y no encontré donde ubicarme

-Es que la rumba ahora es temprano por lo del toque de queda, la próxima tiene que venir más temprano

-Gracias, lo tendré en cuenta

Salí del lugar pensando que tal vez por su reconocimiento estaba así de lleno, y que quizás en otro espacio podría encontrar otro escenario más aterrizado a la realidad. Para mi sorpresa no fue así. Entré en al menos tres discotecas más y en todas se repetía el mismo guión, solo era cuestión de que la gente cruzara la puerta para que el tapabocas quedara doblado en un bolsillo o un bolso y adiós COVID-19.

Calles abarrotadas

La diferencia de estar fuera o dentro de una discoteca en el Centro Histórico de Cartagena, un sábado, a las 10:30 de la noche, no era mucha pero por lo menos se sentía el aire fresco, y eso, porque con tapabocas no se puede respirar muy bien.

Las calles del Corralito de Piedra estaban en completa normalidad: centenares de personas caminando a la par, grupos de raperos detrás de los turistas improvisado algunos versos, vendedores tirados en los andes y otros persiguiendo compradores, porteros a las afueras llamando a consumidores, y uno que otro policía recorriendo la zona pero sin inmutarse por nada de lo que pasaba a su alrededor. Parecía que se rindieron de pedir cumplimiento por las normas y dejaron que cada ciudadano escoja su suerte.

Según han denunciado los residentes del Centro Histórico, la calle Primera de Badillo está siendo conquistada por el turismo depredador o de excesos nocturnos. “Cada noche esta emblemática calle se llena de jíbaros, proxenetas y prostitutas, que se aglomeran sin tener en cuenta la pandemia de la COVID-19”.

Pero no es una realidad propia de esta calle, también son escenas que se repiten en el camellón de los Mártires, muelle de Los Pegasos, Plaza de la Paz, Torre del Reloj, Plaza de los Coches, Plaza Santo Domingo, Plaza de San Diego y La Trinidad.

Turismo sexual

Desafortunadamente Cartagena no ha podido quitarse la etiqueta de turismo sexual y pese a la pandemia las actividades de este campo también se han reactivado. No hace falta ser un experto para identificar a las mujeres que se dedican a la prostitución y van detrás de los clientes sin miedo ni temor al COVID-19.

Aunque el tapabocas tape parte de su rostro, cuando ven a un potencial cliente tienden a bajarlo hasta su barbilla o prescindir de él para lanzar una pícara sonrisa. Los tacones, lo más alto que se pueda; el vestido, que deje poco a la imaginación. Su icónico lugar: la Plaza de los Coches.

Algunas andan solas, otras en pareja y otras en grupo, saben cómo actuar, cómo acercarse y tienen claro que cualquiera que esté ahí tampoco tiene miedo al virus.

Tan solo hace una semana, el canal Major Lyfestyle (dedicado a mostrar una vida de lujos, viajes, mujeres y rumba) publicó un video sobre la vida nocturna en Cartagena en donde quedó evidenciado cómo confluyen las actividades en los alrededores de la Torre del Reloj.

El clip tiene más de 51.414 vistas y muestra a decenas de personas aglomeradas e incluso a un proxeneta que se acerca a ofrecer servicios sexuales de varias mujeres.

Preocupación entre residentes

Como si la situación con las condiciones actuales no fuese suficiente para preocuparse, esta semana la Alcaldía de Cartagena anunció una ampliación en el horario del toque de queda, dando más tiempo para las actividades sociales de los fines de semana con el fin de “impulsar la reactivación económica de la ciudad”.

A través del Decreto 0168 se estableció que el toque de queda aplicará de lunes a jueves desde las 00:00 horas hasta las 5:00 horas de cada día y los viernes, sábado y domingo desde las 2 hasta las 5 a.m. de cada día.

La medida no fue bien recibida por los residentes del Centro Histórico, teniendo en cuenta las situaciones antes expuestas y el poco o casi nulo control por parte de las autoridades.

“El Colectivo Somos Centro Histórico observa con preocupación que las autoridades locales son muy flexibles con los horarios de la rumba en una zona que es de uso mixto y que por lo tanto debería respetar a los residentes. Estos horarios incentivan un tipo de turismo que no es compatible con el carácter de patrimonio de la Humanidad y dista mucho del modelo de turismo internacional que ofrecen los centros históricos en muchas partes del mundo”.

Agregó que “confía en que la Alcaldía tome prontas medidas para avanzar en un modelo de turismo comunitario y cultural, que es el apropiado para cumplir con los estándares internacionales que debe tener el Centro Histórico de Cartagena”.

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