Colombia

Drogas sintéticas, el desafío más grande de todos los países

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COLPRENSA
19 MAY 2013 - 10:18 AM

Optimista sobre las próximas noticias. Así se declaró Bo Mathiasen, representante en Colombia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), al anticipar que en unas seis semanas esa agencia y el Gobierno colombiano darán a conocer el informe anual sobre los sembradíos de coca en el país, elaborado por el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI).
Sin embargo, advirtió que las drogas sintéticas constituyen ahora el desafío más grande que tienen todos los países. Por eso, anunció la realización de una encuesta de hogares sobre consumo de drogas ilícitas que, según dijo, no solo permitirá saber lo que está pasando en ese campo, sino que dará elementos al Gobierno para tomar medidas estratégicas y direccionadas a las poblaciones vulnerables. Los resultados se conocerán en septiembre próximo.
En cuanto a la trata de personas, otro de los delitos contra los cuales lucha esa agencia de las Naciones Unidas, el diplomático anticipó que UNODC está en el proceso de hacer la segunda edición del Plan Nacional contra la Trata, basado en las experiencias y prácticas acumuladas, y que se focalizará ahora en los niveles nacional, departamental y municipal.
Mathiasen, un danés gentil, vivaz y reflexivo que ejerce como representante de UNODC en Colombia desde septiembre de 2012, y que habla un español todavía mordido, pero casi perfecto, dialogó con Colprensa en su despacho, situado en el séptimo piso del edificio que lleva un nombre que es hoy símbolo de la lucha contra el narcotráfico y la corrupción: Rodrigo Lara Bonilla.
- Dadas las circunstancias actuales del mundo, parece que a esta agencia se le viene mucho trabajo. ¿En cuántos países está en este momento UNODC?
Aparte de Colombia deberemos estar más o menos en 40 países. Intentamos estar donde estratégicamente podemos tener una alianza importante no solamente con el gobierno; también en un contexto en donde realmente podemos hacer una diferencia. Nuestra presencia también depende mucho de la situación: si mejora, es claro que nuestra presencia es menos necesaria, y al mismo tiempo estamos abriendo oficinas en países donde no había un problema, pero hoy en día lo tienen.
- En ese universo de 40 países, ¿cómo ve a Colombia?
Es difícil comparar y no se debe hacer por varios motivos: los países son diferentes, tienen sus historias, su contexto específico. Pero hablando de Colombia y sus desafíos, digo sin ningún tipo de preocupación: Colombia está caminando bien. Ha hecho muchos avances en los últimos 10 ó 20 años. La tasa de homicidios ha disminuido, el área de cultivos ilícitos ha disminuido mucho, el Gobierno ha fortalecido la presencia del Estado en zonas donde había problemas muy grandes. Todavía hay otros desafíos, claro. Pero estos avances son muy significativos. Si antes había una amenaza al Estado democrático colombiano por parte del crimen organizado y guerrillas, hoy día no es más el caso.
- Hay una herramienta que ha desarrollado esta agencia para observar lo que pasa en Colombia, que es el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) que entregó el año pasado su más reciente informe. ¿A estas alturas de 2013 hay datos o informaciones más actualizadas sobre lo que está pasando?
El SIMCI se creó para tener una fotografía, un análisis más completo sobre el problema de cultivos ilícitos en Colombia. Monitoreamos solamente la coca. Cuando se empezó este proceso hace diez años se hizo en estrecha alianza con el Gobierno Nacional. Eso es importante, porque siempre lanzamos este informe con el Gobierno. Producimos los números, el Gobierno colombiano confía plenamente en este proceso, que es muy transparente, altamente académico y científico. Los números del año pasado indicaron una estabilidad. Había un pequeño incremento en el área cultivada, pero eran 64 mil hectáreas de coca. Este año estamos todavía terminando este análisis. Vamos a lanzar los números más o menos en seis semanas, conjuntamente con el Gobierno. En estos momentos estamos juntando todavía los números, pero soy optimista.
- ¿Cómo se hace ese monitoreo, cuál es el grado de exactitud y cómo se alcanzan los datos que después conoce el país?
Utilizamos imágenes satelitales. Cuando hay dificultad de usar imágenes satelitales, que es el caso principalmente en Nariño y la parte del Pacífico, porque hay una cobertura (de nubes) casi permanente, usamos aviones. Sobrevolamos y filmamos y fotografiamos esta zona. Además, tenemos, dependiendo de la época del año, entre 50 y cien monitores que viajan por todo el país, muchas veces en mula o a caballo; y en zonas muy remotas, con GPS. Con sus mediciones en terreno podemos verificar con las imágenes y certificar lo que estamos viendo. Lo que podemos hacer con estas imágenes satelitales es una diferenciación de colores. Podemos decir con total certeza qué tipo de planta es. Cada planta tiene su codificación de color y por eso podemos decir con exactitud si es coca o no.
- ¿Cómo garantizan la seguridad de los monitores en zonas de orden público?
Normalmente son recibidos bastante bien. Están en zonas donde hay guerrilla y bandas criminales, pero en general consiguen entrar en gran parte de las zonas donde hay cultivos. No están armados, utilizan los teléfonos y distintivos de las Naciones Unidas. Es un monitoreo. Es bastante inofensivo lo que están haciendo.
- Qué opina de teorías que apuntan a que para combatir el narcotráfico está siendo más efectivo atacar eslabones de la cadena de producción como la producción y la comercialización, antes que la fumigación o la erradicación...
La verdad es que debe hacerse un paquete de intervenciones. La fumigación ocurre en zonas donde el Estado no tiene su acceso físico: donde hay guerrilla o bandas criminales, simplemente porque no pueden entrar sin entrar en conflicto directo. En estas zonas se utiliza básicamente la fumigación aérea. Donde el Estado tiene acceso se utiliza la erradicación manual, que es más eficaz, porque con la fumigación no necesariamente muere la planta. Donde el Estado puede entrar y hacer la erradicación manual es claro que el efecto es más eficaz. Pero hay una tercera modalidad que es la erradicación voluntaria, que puede ser forzosa o voluntaria, en combinación con desarrollo alternativo, es decir, ofreciendo alternativa para los cocaleros para que sean campesinos que vivan con una cultura de la justicia y de la legalidad y produciendo algo que no es ilícito, una actividad económica lícita. Y digo actividad económica porque a veces no es solamente agricultura. Puede ser ecoturismo, piscicultura, artesanías, dependiendo de la población y las circunstancias, apoyamos estas comunidades en identificar lo que podría ser más viable, rentable y sostenible económicamente para esta transición.
- Hay otro asunto que es la desilusión, la desesperanza, que produce el desplazamiento y mutación de los delitos. Se ha invertido mucho dinero y se ha hecho mucho esfuerzo contra cultivos ilícitos y narcotráfico y se han logrado avances; de pronto aparece un delito nuevo como la minería ilegal, que no se sabe cómo controlarlo. Parece una cadena difícil de romper...
Es un desafío, sí. Y es un desafío complejo, pero lo que tal vez hace este tipo de desafío más fácil de enfrentar es que, por ejemplo, la minería ilegal es fácil de identificar dónde es; no es móvil como el narcotráfico. Eso es un tema de identificar la minería ilegal y tomar medidas para controlar o cerrar estas minas o hacer algún tipo de control del Gobierno para evitar los daños ecológicos que están haciendo y también para garantizar que el oro o los otros metales que están explotando allá también beneficien al Estado.
- Otro aspecto desestimulante para la sociedad colombiana es ver cómo algunos de los narcotraficantes que son extraditados a Estados Unidos terminan pagando penas irrisorias y regresan tranquilos; por eso ahora se van con una amplia sonrisa...
Es una cuestión de justicia criminal que debe tener un componente de justicia restaurativa. Es importante que nosotros entendamos que hay varios tipos de crímenes y que los criminosos deberían tener un tránsito hacia ciudadanos normales y honestos, y deberían tener una oportunidad para ser reintegrados en la sociedad. Nosotros sabemos que cinco, seis o siete años todavía es mucho tiempo. Una persona que está en la cárcel durante este tiempo en otro país no va a encontrar la misma situación en cinco o siete años en Colombia.
- Se ha empezado a alertar sobre el cambio en Colombia a una sociedad más consumidora de drogas ilícitas. Una cantidad importante de cocaína que antes se exportaba se está quedando en las calles del país. ¿Esa también es una certeza para ustedes?
Estamos verificando esto. Estamos en el proceso de preparar y hacer, junto con el Gobierno, una encuesta de hogares en Colombia sobre consumo. Tendremos los datos listos más o menos en septiembre de este año. Será una investigación nacional muy amplia que dará una fotografía buena sobre la situación de consumo de drogas ilícitas. No me gustaría adelantar conclusiones, pero es claro que la preocupación de la prensa y de la opinión pública es que sí hay un incremento del consumo. Esta encuesta es muy importante no solamente para saber lo que pasa. Más importante para el Gobierno, para tomar medidas estratégicas y direccionadas a poblaciones más vulnerables y afectadas.
- Pero podría dar detalles, como ¿dónde se va a realizar, a cuántas personas...?
Es una encuesta nacional. En el país, como un todo, la vamos a hacer entre varias poblaciones. Vamos a tener consideraciones para la edad de las personas, género, nivel socio-económico. Es una encuesta que tiene varios componentes y también es de consideración geográfica porque puede ser que haya un consumo más bajo o más alto en unas ciudades comparado con otras.
- A propósito del delito de trata de personas, UNODC acaba de firmar un convenio con el Gobierno para llevar el combate contra ese delito a los niveles departamental y municipal y estará en Medellín, Cali, Cartagena, Pereira y Bogotá...
Los datos que tenemos indican que esas son las ciudades más vulnerables en este momento. Son las que tienen más casos específicos de trata. Pero la idea con este convenio es trabajar en esas ciudades para que se fortalezca la respuesta por parte de los departamentos en conjunto con el Estado, para que tengan más actividades de prevención, información. Estamos en proceso de hacer la segunda edición del Plan Nacional contra la Trata, basado en las experiencias y prácticas, que se focaliza en los niveles nacional y departamental. Por eso, vamos a trabajar en los departamentos para fortalecer la respuesta local a través de los comités departamentales contra ese delito.
- ¿Con los datos que permitieron establecer que esas ciudades son las más vulnerables también se podrían trazar rutas de trata de personas en el país?
La verdad, los casos no son tantos. Es un tipo de delito subnotificado todavía. Lo que estamos viendo es una concientización por parte de la sociedad colombiana cada vez más sobre este tema, en todos los niveles: gubernamental, regional, y entre las personas. Esto es importante para que las personas reporten, cuando tengan sospechas, ante las autoridades. Existe la posibilidad de que haya otras ciudades que tengan un problema grande, pero todavía no sabemos. Eso es lo que vamos a hacer durante los próximos años: tener un sistema más completo de datos para poder dimensionar este problema, siempre con el Ministerio del Interior.
- ¿En el análisis del comportamiento del delito, cómo influye la tecnología y las nuevas formas de comunicación en crear nuevos delitos, nuevas redes?
En general, podemos decir, no solamente sobre trata de personas, que la globalización ha traído muchos beneficios para la humanidad. Pero abrimos mucho nuestras puertas y bajamos también, indirectamente, no queriendo, el nivel de control. Esto está poniendo un desafío para la comunidad internacional: cómo vamos a continuar viviendo con estos beneficios que la globalización ha traído, pero también cómo podemos crear mecanismos adecuados, sin impedir la globalización, para poder controlar o disminuir los delitos internacionales que utilizan de una manera muy ágil la globalización.
- Otro factor de esa globalización es cómo se multiplican las crisis económicas, particularmente la de Europa. ¿Qué influencia cree que puede tener sobre los delitos internacionales esta situación europea?
No creo que vaya a cambiar tanto. Nada indica en este momento que haya una disminución muy grande en la demanda, por ejemplo, de drogas ilícitas. Puede ser que haya una estabilidad. No creo que el mercado europeo sea creciente en demanda por drogas ilícitas necesariamente, pero es estable. Lo que vemos más en este momento es que hay otros mercados que son crecientes. Obviamente el mercado brasileño, en términos de drogas. No se habla mucho sobre eso. Continuamos hablando sobre Estados Unidos y Europa, pero no se ve mucho para este lado. Brasil tiene un problema enorme de cocaína. Hay unos cambios que vemos en la dinámica de consumo: no está creciendo en Europa y está disminuyendo en Estados Unidos. Hay otro mercado que está reemplazando esta baja en la demanda y futuramente es posible que vayamos a ver un crecimiento en la demanda por cocaína en el mercado chino.
- ¿Y ese panorama no tendría una explicación en el fortalecimiento del tráfico de drogas sintéticas?
Sí. Es el desafío más grande tal vez que tenemos adelante todos los países. Es mucho más complejo porque no tenemos cultivos que podamos monitorear, no tenemos los laboratorios en la selva, pero sí en los apartamentos. Se pueden hacer anfetaminas o metanfetaminas en un espacio pequeño, con dos o tres personas no más. Ellos tienen los precursores químicos necesarios para hacer esas drogas sintéticas. Van a poder producir de una manera asimétrica. Es mucho más difícil para las fuerzas públicas identificar y desarticular.
- Pero lo hacen incluso sin tener los precursores químicos, porque están vendiendo pastillas de harina que funcionan como placebos...
Eso es tal vez el límite. El lado positivo es que normalmente los mismos jóvenes que más gustan de las drogas todavía les gustaría saber lo que están consumiendo. Tienen que confiar mucho en la persona que les está vendiendo. Esta falta de tener un 'sello de calidad' un 'sello' de saber el origen, el productor, cierta garantía, es un tema bastante complejo. Nosotros pensábamos que tendría, en términos de consumo en varios mercados, un incremento más rápido. Pero un factor que frena un poco este consumo es que las personas se preocupan sobre lo que realmente están consumiendo. Esto hace parte de la encuesta de consumo que vamos a hacer.

Bo Mathiasen, representante en Colombia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). COLPRENSA

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