Un día de ciclovía, de deporte y de alegría, se convirtió en el más negro para la familia Cañas Estevez.
El hombre de la casa, Elkin Alfredo Cañas Suárez, quien tenía 44 años, fue asesinado el pasado domingo por un par de delincuentes que lo asaltaron para quitarle su bicicleta.
Los malhechores aparte de robarle su ‘caballito de acero’, sin el menor reparo le hundieron una navaja en el pecho a la altura del corazón.
¿QUIÉN FUE?
Cañas era un hombre muy dedicado a su familia. Estaba casado hacía 16 años con Marisol Estevez y de esta unión quedaron dos hijos varones. Ellos, su esposa y sus hijos, eran su motor, su alegría, su todo, eran, como él mismo lo decía, sus tres amores eternos.
Era nortesantandereano. Había nacido en Pamplona. Aunque su corazón estaba en aquellas lejanas tierras donde queda la mayoría de su familia y amigos, amaba a Bogotá.
Era egresado de uno de los colegios más representativos de Pamplona, el San José Provincial, de donde hacía parte activa de los miembros de la banda de guerra de exalumnos.
CASERO Y TRABAJADOR
Elkin trabajaba desde hacía varios años en el departamento de despachos de un renombrado almacén de cadena. También años atrás había sido empleado de la Caja Promotora de Vivienda Militar y de Policía, donde se desempeñó como almacenista.
Para este buen hombre de familia, el ciclismo, desde décadas atrás, se había convertido en una pasión.
Fue una disciplina que le cambió la vida y con la cual estaba muy agradecido. Su tiempo libre lo utilizaba para pedalear unos cuanto kilómetros.
Elkin por estos días no estaba del todo contento.
Desde hacía cinco días su esposa y sus dos hijos no estaban en Bogotá.
Ella, la que fue su compañera por más de 15 años y el más grande amor de su vida, tuvo que ausentarse de la ciudad para resolver unos problemas familiares, sus dos hijos la acompañaron.
NEGRO AMANECER Como todos los domingos, Elkin Alfredo se levantó muy temprano para irse a pedalear un rato.
Se montó de casco, guantes y acompañado tan solo de un inclemente frío tomó su rojo ‘caballito de acero’ y pasadas las 5:00 de la madrugada salió de su casa del barrio Las Flores, en Suba.
Su ruta fue tomar la Av. Ciudad de Cali, pretendía llegar hasta la calle 26 y allí unirse a la ciclovía dominical.
Elkin rodaba por la ciclorruta de la Ciudad de Cali, pero en el puente vehícular que divide Suba de Engativá a menos de 50 metros del CAI la Serena, fue abordado por delincuentes armados con cuchillo que querían despojarlo de su 'bici’.
Uno de los atracadores, para quitar más fácilmente su 'cicla’, le clavó una navaja en el pecho.
Elkin soltó la bicicleta y cayó contra la baranda del puente.
Los ladrones huyeron como ratas. Elkin quedó desorientado, bajó el andén e intentó pedir auxilio. Dos taxistas que lo vieron dando tumbos lo auxiliaron.
“No puedo respirar” era lo que él les decía “Ayúdenme. No puedo Respirar”, volvía a repetir.
Una patrulla de la localidad de Suba que pasaba por ahí lo trasladó al hospital de Suba pero cuando llegó allí ya no había nada que hacer.
Los ladrones no solo se le llevaron su amada bicicleta, se le llevaron también los sueños personales, las ilusiones de ver crecer a sus hijos, la alegría de tener a su lado a Marisol, se le llevaron todo.
Se le llevaron la vida estos asesinos salvajes.
