La juez Marienele Cabrera enfrenta un proceso disciplinario en la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, seccional Caquetá, por el contenido que publica en sus redes sociales.
La investigación se originó tras una queja presentada por dos ciudadanos, quienes aseguran que los videos en los que la funcionaria aparece cantando, bailando y mostrando sus outfits afectan la “imagen de un funcionario de la Rama Judicial”.
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Ante esto, el organismo decidió abrir un proceso disciplinario que incluía, además, la entrega de sus dispositivos móviles. Cabrera se negó a hacerlo y, en cambio, optó por visibilizar su situación. Publicó detalles de la investigación y manifestó públicamente su inconformidad, lo que a su vez motivó la apertura de un segundo proceso en su contra por divulgar información reservada.
“Nunca me imaginé que tuviera que defender mi dignidad, mi autonomía personal y mi libre autodeterminación de la administración de justicia”, dijo la funcionaria en una de sus publicaciones.
La juez Marienele Cabrera defiende su postura y rechaza sesgo de género
Lejos de ceder frente a la investigación, la juez Cabrera ha hecho de esta controversia un escenario para reafirmar sus convicciones. En redes sociales ha dejado mensajes en los que se define como una mujer resiliente y decidida a no dejarse silenciar.
“No podrán intimidarme ni silenciarme. Mi voz se sostiene en la solidez de mi trabajo, en la dignidad y en la fortaleza que la violencia no logró arrebatarme. Será un placer no encajar en moldes machistas”, escribió recientemente.
No todo ha sido fácil para la juez Marianela Cabrera
Marienele Cabrera ha vivido los golpes más duros del conflicto armado en Colombia. Su vida es el reflejo de cómo la guerra puede atravesar generaciones enteras. La guerrilla asesinó a su padre, reclutó y posteriormente ejecutó a su único hermano, desplazó a su madre y la despojó de sus bienes. Años después, su esposo, un oficial del Ejército, también fue asesinado, dejándola sola con una hija de apenas seis meses de nacida.
Ese historial de dolor marcó a Cabrera, pero también la impulsó a resistir y a reinventarse. Decidió transformar la tragedia en fortaleza y canalizarla impartiendo justicia. Por eso se convirtió en juez en el conflictivo departamento del Caquetá, donde durante años se mantuvo al margen de la opinión pública, dedicada a su labor en estrados judiciales.