El lunes 10 de agosto, quedó en la retina del pueblo colombiano tras el fuerte terremoto de 7,4 que azotó varias zonas del país. Lo ocurrido, volvió a poner sobre la mesa la amenaza sísmica en el territorio nacional. Aunque el epicentro estuvo distante de la región Caribe, expertos de la Universidad del Norte advierten que las principales ciudades de la Costa aún carecen de estudios de microzonificación sísmica.
La herramienta permite determinar de qué manera los distintos tipos de suelo pueden modificar el movimiento generado por un terremoto. Esta información resulta especialmente relevante para ciudades como Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Riohacha y Valledupar, donde existen edificaciones construidas bajo diferentes normas y condiciones.
¿Qué riesgo sísmico enfrenta el Caribe colombiano?
El Tiempo entrevistó a Carlos Arteta, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad del Norte y doctor en Ingeniería Sísmica, quien planteó que el Caribe necesita avanzar hacia un análisis más detallado de su amenaza sísmica y complementar la información disponible a escala nacional. Lea: Video: Antonio, el perro que sobrevivió a 48 horas bajo los escombros tras terremoto
Colombia cuenta con un Modelo Nacional de Amenaza Sísmica elaborado por el Servicio Geológico Colombiano. Sin embargo, de acuerdo con los expertos de Uninorte, ese modelo tiene una cobertura nacional y no permite establecer con precisión cómo responderían sectores específicos dentro de una misma ciudad.
El comportamiento del terreno es uno de los factores que pueden modificar el impacto de un mismo terremoto. La magnitud del evento y la distancia al epicentro son determinantes, pero las características del suelo también pueden aumentar el movimiento que experimentan las estructuras.
“Entre más grande sea la magnitud, mayores serán los daños. Entre más corta sea la distancia, mayores serán los daños. Y mientras el suelo, en general, sea más blando, mayores serán los daños”, le explicó Arteta a El Tiempo.
El investigador señaló que, dependiendo de sus características y del periodo de vibración, un depósito de suelo blando puede amplificar entre dos y cinco veces el movimiento del terreno frente a un escenario sobre roca.
Un reporte preliminar de la Red Colombiana de Investigación en Ingeniería Sísmica, CEER, en la que participa la Universidad del Norte junto con otras instituciones académicas, encontró diferencias entre las sacudidas observadas en Manizales y Cali y las previstas por modelos de atenuación sísmica. Lea también: Terremoto en Colombia: De la Espriella anuncia emergencia económica
En dos estaciones los valores registrados estuvieron particularmente alejados de las estimaciones. Para Arteta, una posible explicación se encuentra en las condiciones geológicas bajo las ciudades: “El mismo evento, filtrado por suelos distintos, produce movimientos distintos”.
¿Por qué el Caribe necesita estudios de microzonificación sísmica?
Mientras Bogotá, Medellín y el Valle de Aburrá, Cali, Manizales, Bucaramanga, Barrancabermeja y municipios del Valle del Cauca ya cuentan con estudios de este tipo, el Caribe colombiano todavía no dispone de una microzonificación sísmica, según el investigador.
La región está rodeada por dos sistemas de fallas asociados al movimiento entre las placas Caribe y Suramericana. Se trata de Oca–Ancón, ubicado hacia el norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, y Santa Marta–Bucaramanga, que se extiende por el occidente.

Ese contexto geológico hace que la ausencia de terremotos destructivos frecuentes en la memoria reciente no pueda interpretarse como una desaparición del riesgo. Camilo Montes, docente investigador del programa de Geología de Uninorte, ha estudiado la distribución del movimiento de la placa Caribe y señala que los terremotos no pueden anticiparse en fecha, hora y magnitud, aunque la investigación geológica y los registros históricos permiten reconocer fuentes de amenaza y posibles escenarios.
Santa Marta y Riohacha están clasificadas en una zona de amenaza sísmica intermedia. En el caso de Santa Marta existe además un antecedente histórico relevante: el 22 de mayo de 1834 la ciudad fue afectada por un terremoto cuya magnitud se ha estimado en 6,4. Los registros de ese evento reportaron más de un centenar de viviendas destruidas o inhabitables y daños en la Catedral y otras iglesias. Le puede interesar: Heridos por el terremoto, en riesgo: hospital de Quibdó no tiene dónde guardar sangre
Han pasado cerca de 192 años desde aquel terremoto, pero Arteta advierte que ese lapso tiene un significado diferente para una falla geológica que para una escala humana. “Hay que tener claro que el silencio del registro no significa ausencia de amenaza, sino ausencia de observación”, afirmó.
La capacidad para estudiar estos fenómenos en la región ha crecido durante los últimos años. La red sismológica comenzó a densificarse en el Caribe a partir de 2008, aunque los investigadores todavía señalan limitaciones para detectar de manera confiable pequeños sismos que permitan comprender mejor el comportamiento de las fallas.
La Universidad del Norte obtuvo en 2015 el registro calificado para crear el primer programa de Geología de la región Caribe. Los primeros estudiantes ingresaron en enero de 2016 y el programa cuenta actualmente con cerca de 180 egresados.
Desde entonces, investigadores de la región han participado en misiones posteriores a terremotos ocurridos en Muisne, Ecuador, en 2016, y Puebla, México, en 2017. También desarrollaron en 2021 modelos de atenuación calibrados para el norte de Suramérica y participaron entre 2021 y 2024 en la coordinación académica del Modelo Nacional de Riesgo Sísmico, con aplicaciones en Barranquilla, Santa Marta y Valledupar. Este año, además, participaron en una misión técnica tras la reciente secuencia sísmica registrada en el norte de Venezuela.
Para Arteta, estos avances científicos permiten plantear una nueva etapa de investigación: estudiar con mayor detalle la amenaza sísmica del Caribe desde la propia región y conocer cómo sus condiciones geológicas pueden influir en la respuesta de las ciudades ante futuros terremotos.

