¿Qué diría el Maestro Enrique Grau?- le pregunto a Monika Hartmann, la directora de la Casa Grau en Bogotá, que ha logrado crear un café y un vino con el nombre y la imagen de Enrique Grau (1920-2004).
“Mire, no todas las personas tienen la posibilidad de tener una obra original del gran artista cartagenero, y hacer un vino y un café con empaques que aluden su obra no solo es una manera de perpetuar su memoria, sino de mantenerlo vigente en las nuevas generaciones. Nosotros como museo no podemos vender obras del artista”.
Monika Hartmann parece haber salido de una de las pinturas de Grau: bella, alta, ejecutiva, una amalgama humana de obstinación, dulzura y vigilia sin tregua. Lo que se propone lo logra trabajando sin descanso, con la convicción de que ninguna iniciativa cultural en este país se sostiene por sí sola. Nació en Bolivia, es ciudadana alemana, administradora y diplomática, ha vivido en muchos países, tiene tres hijas y cinco nietos, y diversos orígenes: boliviana, alemana, italiana, holandesa, ecuatoriana y colombiana.
Grau sabe a café
Grau murió a sus 84 años con el deseo de crear el Centro Cultural Enrique Grau, que era algo más que un museo, un lugar interactivo de las artes, con un café y un restaurante. Lo soñó inicialmente para fundarlo en Chambacú, luego en el antiguo Club Cartagena donde jugó en su infancia, y más tarde, en el Claustro de la Merced.
¿No hay en toda Cartagena alguien que se conmueva con la generosidad de Grau?
- Tenemos siete años esperando que aparezca alguien dispuesto a entregar una casa antigua del corazón amurallado para que se cumpla la voluntad de Grau. Pero no aparece. Aurelio Martínez Canabal, un hombre íntegro que amó y trabajó por su ciudad natal, también murió gestionando caminos y convocando voluntades para que se hiciera realidad ese sueño. También Raimundo Angulo ha estado atento a esta misión. Pero no se tiene nada aún.
¿Cómo surge esta iniciativa de hacer el café y el vino Grau?
- El Café Grau en dos empaques, uno más suave que el otro, es café gourmet, forjado en la hacienda cafetalera Combia, de Calarcá, con 115 años de historia. Su costo es simbólico: treinta mil pesos. El vino Grau es tinto, español, y su producción limitada es de mil botellas. Su costo es de cuarenta y seis mil quinientos pesos. Es importado por la Casa Grajales de Cali que se ha vinculado a Casa Grau. Viene de España y se etiqueta aquí. Nadie se enriquece con estos precios. El objetivo es difundir su obra. Los museos del mundo preservan la obra y la imagen de un artista de muchas formas, a través de lápices, portavasos, utensilios, vajillas. No veo por qué no hacerlo con el Maestro Grau, si su fin es hacer sostenible un museo de arte.
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