Algo de la niña que se subía a los cerezos de cuatro metros de altura en el monte de Galicia, habita en Nerea Barros (Santiago de Compostela, 1981), Premio Goya 2014 a Mejor Actriz Revelación por su actuación en el filme policíaco La isla mínima, de Alberto Rodríguez.Ese filme ganó diez premios Goya en la versión de 2014.Nerea Barros no es solo el rostro de la promesa verdadera del cine contemporáneo de España, sino la imagen encarnada de la versatilidad en el cine. Irrumpió a sus dieciséis años, en 1997, en la película Nena del director gallego Xavier Bermúdez, y nuevamente en 2008, en su otro filme Rafael. Empezó a popularizarse en la televisión de Galicia, por su papel en Matalobos. Y en 2013, fue una estrella nacional por su papel de Beatriz Ugarte en la serie El tiempo entre costuras, basada en la novela de María Dueñas. Y volvió a conmover en su papel de la espía Hidalgo en El Príncipe.Sensible, irreverente, descomplicada, decidida y tierna la vez, Nerea Barros llega al diario con una falda que arrastra su cola como por una pasarela invisible. Es un vestido vaporoso de trazos geométricos de color púrpura, beige y amarillo, que deja al desnudo su espalda y su pierna izquierda.¿Cómo empezó la pasión por actuar?- Tengo la imagen de la niña de cinco años que se ponía los tacones rojos y la bata marrón con bolitas de colores de su mamá, y se miraba actuando frente al espejo, ante la perplejidad de sus padres que creían que su niña se había vuelto loca.Cuando cumplí dieciocho años, mis padres querían que estudiara Medicina, pero mi elección fue siempre el arte dramático, así que estudié Arte Dramático y Danza, y me decían que de eso no viviría, que estudiara algo paralelo. Entonces estudié Enfermería y Cuidados Intensivos para tener los pies sobre la tierra. ¿Hubo algún ambiente familiar que la incitara a actuar?-No. En mi familia no hay nadie que esté vinculada la creación, al arte, a la plástica o al arte dramático. Tengo unos padres increíbles con una generosidad absolutra por sus hijos. Pero mi madre Maricarmen que es una matrona, me sirvió para hacer el papel de Rocío en La isla mínima. Tuve que mirar a los ojos de mi madre para encontrar al personaje de la película. En esos ojos encontré a las madres gallegas, a las heroínas y a las luchadoras. Cuando hice el papel de Rocío, quise que los espectadores vieran en ella a una heroína. A una super mujer brutal en su lucha y en su generosidad.Mi padre José Barros toca el piano, pero es profesor de física y matemáticas. Es muy conservador. No le gustan los cambios, pero es un padre amoroso, tierno, es un pedazo de pan que se deja amoldar por sus hijos. Somos tres: dos mujeres y un hombre. Ninguno eligió el arte, sino la administración.¿Qué otros juegos tenía en la infancia, además de actuar?-Me crié en Santiago de Compostella, en Galicia, que tiene un campo a pocos minutos de la ciudad. La infancia fue en una finca que tenían mis padres, con un valle fascinante, y mis juegos eran subirme a los árboles, jugar al escondite, comer cerezos, ir por la carretera en bicicleta a doscientos por hora, correr por el campo abierto y caer en un agujero. Esa era yo de pequeña.¿Qué significó ganar el Premio Goya a Mejor Actriz?-Goya es el reconocimiento más importante que otorga España a sus actores y actrices. Para mí supuso una inyección de fuerza. Lo hace visible a uno dentro y fuera de su país, y mucha gente pasa a valorarte de otra manera con ese reconocimiento, pero en mi caso, me he negado a aceptar papeles que continúen a Rocío en La isla mínima. No fue fácil encarnar a una mujer de más edad. Lo que deseo es desafiarme y retarme explorando nuevos papeles. Mi convicción es que a medida que evoluciono como persona que es lo más importante, de manera paralela evoluciono como actriz.Si mirara de conjunto toda su trayectoria, ¿qué hay en común entre su primer papel y el más reciente?- Me gusta retarme a mí misma. Arriesgarme. Luego de mi papel en La isla mínima, que mereció el Premio Goya a Mejor Actriz en 2014, algunos directores me propusieron seguir haciendo un papel parecido. Por suerte sigo un instinto, y busco encarnar personajes diferentes en cada película. Para mí el mejor piropo es cuando alguien me ve en la calle y me dice: “No te pareces en nada al personaje”, porque como actriz es que el espectador no vea a Nerea Barros sino al personaje que representa.¿Cómo le ha parecido conocer a Cartagena de Indias?- Este es un paraíso. Llegué anoche de Bogotá y estoy muy impresionada. Esta es una ciudad cinematográfica. Me encantaría filmar algo aquí. Lo poco que he visto me ha cautivado: los colores del arte en los muros, la arquitectura, el ambiente de la ciudad.¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con directores como Alberto Rodríguez o Daniel Calparsoro?- Alberto Rodríguez, el director de La isla mínima te escucha y respeta, modifica las cosas y sugiere, pero susurra: ¿Tú crees que así es mejor? Es un gozo trabajar así. Cada director tiene su manera particular de trabajar. Daniel Calparsoro es un director duro, es una fiera trabajando, pero allí conmigo, somos dos fieras en el rodaje, disfrutando.EpílogoNerea Barros confiesa que uno de los directores de cine que más admira es al surcoreano Kim Ki-duk (1960), cuyos filmes tienen una alta y palpitante y “absoluta poeticidad”, una realidad arrasadora en su belleza y en sus historias. Ha visto varias veces La isla, Las estaciones de la vida, Hierro 3 y El arco. Sus actrices favoritas son Audrey Hepburn y Betty Davis.Está ahora en la terraza y enciende un cigarrillo que fuma lentamente mientras mira hechizada el Castillo de San Felipe. Entonces le pregunto: Frente al espejo, ¿quién es Nerea Barros? Y ella me responde mirándome a los ojos y sonriendo:“Una tauro cabezona que nació el 12 de mayo, Día del Santo Nereo. Solo hasta hace poco supe que el día que nací es el Día de la Enfermería. Me llamo así por el santo. Soy una persona dura y dulce, obstinada, obcecada, que toma decisiones continuamente, que es pragmática y creativa la vez, super libre, con una dureza pero blandita a la vez, con una enorme empatía con su trabajo y con una vocación para echar a volar la imaginación”.



