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Cultural

Edgardo Carmona, el otro color de los aceros

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El escultor y pintor cartagenero  Edgardo Carmona, con una sensibilidad ingeniosa y versátil, logra conciliar pintura con escultura, y verter en volúmenes y acero, su universo personal, forjado de su aguda y coherente percepción del mundo que le rodea.

Carmona es una pupila inagotable de la cotidianidad del Caribe, que lo lleva a vivificar memorias dormidas de su ciudad natal, ya sea en esculturas o pinturas: salva del olvido, escenas, gestos, oficios perdidos en el tiempo, vivencias y emociones, como si quisiera esculpir o retratar, sentimientos y pensamientos del alma de las cosas.

Con una diestra sensibilidad de domador de maravillas sepultadas, va más allá de las formas y los volúmenes, y alcanza a interpretar el plano íntimo, individual, espiritual, de sus criaturas.

Las esculturas son un híbrido entre figuratividad y abstraccionismo.

Pero esas fronteras son a veces imperceptibles y sutiles.

Lo abstracto es la otra manera de sentir lo figurativo.

Lo abstracto sugiere e interpela lo figurativo.

Cuando el artista quiere representar lo intangible, busca dos senderos singulares: deja silencios que solo completa el espectador. 

La figura que aparece inacabada, culminada en sus tensiones secretas y en su expresividad.

Objetos y sujetos dialogan entre sí.

La mano del guitarrista puede pulsar una cuerda invisible.

Pero no solo se queda en estas búsquedas entre espacios habitados y desahabitados.

O solo habitados por la acción, la  emoción y espíritu de sus personajes.

Junto a las esculturas, están las pinturas que son la conjunción de las líneas, los volúmenes, y las formas.

La otra geometría del acero.

El conjunto artístico, es una legión de imágenes capaces de sugerir y develar la inasible y misteriosa existencia.

En ese territorio creado por el artista, fluyen las  voces de sus criaturas, como destellos de lo intangible, que  establece con el espectador, una nueva dimensión de la obra.

Un diálogo secreto que empieza con su génesis creadora, y prosigue sin cesar, en la mirada perpleja de quien la contempla.

El público es el legítimo y espléndido convidado de esta experiencia estética.

Todas sus pinturas y sus esculturas están ungidas por el ánima del movimiento, la gestualidad, como la muchacha de Palenque, con su cielo de frutas en la cabeza. 

La muchacha de Palenque va y viene del acero a la pintura.

Las manos del artista doman los formatos impredecibles: el hierro, el acero, la madera, los lienzos y los mosaicos.

A veces, en las noches, tiene la tentación de explorar el silencio, y se pone a cantar. 

 

 

Edgardo Carmona, integra la pintura y la escultura en sus obras más recientes. Cortesía Edgardo Carmona
Edgardo Carmona, integra la pintura y la escultura en sus obras más recientes. Cortesía Edgardo Carmona
Edgardo Carmona, una de sus obras que exhibe hoy. Cortesía Edgardo Carmona
Edgardo Carmona, una de sus obras que exhibe hoy. Cortesía Edgardo Carmona
El artista Edgardo Carmona junto a sus obras que exhibe hoy. Cortesía Edgardo Carmona
El artista Edgardo Carmona junto a sus obras que exhibe hoy. Cortesía Edgardo Carmona
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