Philippe Claudel (Nancy, 1962) dice que al llegar a Cartagena de Indias invitado por Hay Festival reanudó una novela que está escribiendo hace siete años. Sus ojos brillan de perplejidad y no sabe explicar qué pudo ser, pero al mirar el escenario teatral de la ciudad antigua, diseñada para el cine o el embrujo turístico, no deja de pensar en el sufrimiento de que está parado en una ciudad que fue plaza de los africanos esclavizados. Pero no solo piensa en eso, sino en la inmensa pobreza que oculta esta apariencia. Es la segunda vez que viene, pero tiene un recuerdo más humanizado de la ciudad en 2011, más sencilla, más auténtica y con menos hoteles.
Philippe Claudel ha ganado con sus novelas los más grandes premios que otorga Francia y es uno de los autores de culto entre los lectores contemporáneos. Allí están sus novelas ‘Almas grises’ (2005), ‘La nieta del señor Linh’ (2006), ‘El informe de Brodeck’ (2008), ‘La investigación’ (2010), ‘Aromas’ (2013), ‘Adiós, señor Friant’ (2017), ‘Bajo el árbol de los toraya’ (2017), ‘El archipiélago del perro’ (2019).
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“Mi fascinación por la literatura empezó en la infancia, cuando mis padres me contaban historias antes de dormir. Tuve esa suerte”, me dice ahora, bajo la luz del jardín del hotel Santa Clara. “Soy de una familia de clase media, con un padre que antes de la guerra era aserrador, y en la resistencia se volvió policía. Mi madre trabajaba en una empresa siderúrgica. A ella le gustaba leer poesía y a mi padre leer sobre la historia de Francia. La novela ‘La nieta del señor Linh’ surgió de mi curiosidad y mi interés por conocer la historia de inmigrantes que vivían en mi pueblo: italianos, portugueses, africanos. Quise contar esas vidas desarraigadas de seres que dejaban su tierra y su cultura para irse a trabajar en otro país. Lo escribí en diez días intensos. Me gusta escribir varias novelas al tiempo, pero tenía abandonada hace cinco meses, una de ellas que empezó hace siete años, y se reanudó al llegar a Cartagena de Indias. Debe ser la magia de esta ciudad. Cada libro es diferente y tiene su propio ritmo. Con ‘La nieta del señor Linh’ quise con un lenguaje sencillo llegar a todos los públicos, inclusive a los niños. Contar una historia pura y sencilla, con pocos personales.
“He releído ‘Crimen y castigo’, de Dostoievski, que cuando lo leí -a mis 17 años- me provocó un impacto y ahora he sentido el mismo efecto. Hay novelas incómodas y necesarias que nos marcan.
“Hay historias de mi familia que he querido contar. La de mi tío Mauric, hermano de mi madre que murió a sus 13 años, luego de desobedecer a su su madre... Lo enviaron a buscar agua en unas botellas de vidrio, pero él se fue en bicicleta con las botellas en el pecho. Se cayó de la bicicleta y los pedazos de vidrio de las botellas se le incrustaron y lo hirieron de forma fatal. Se fue desangrando y murió. Mi madre siempre me contaba esa historia. He enseñado a niños con discapacidades, con enfermedades degenativas y personas encarceladas. Es como estar preso en una enfermedad o en una cárcel. La vez pasada fui a visitar a las reclusas de la Cárcel de Mujeres de Cartagena. Me gusta ir en busca de gente que no tiene la oportunidad de salir de su lugar. He tenido encuentros con niños que están muy cerca de la muerte y, sin embargo, hacen bromas y se ríen de todo. Una paradoja.
“Los escritores somos seres humanos comunes y corrientes. Tenemos las mismas rutinas cotidianas, pero si queremos llegar con nuestras historias a la gente, necesitamos una vida normal. Para mí cada día es diferente.
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“Cuando era adolescente tenía un miedo que superé: era el miedo de que una chica no pudiera enamorarse de mí y quedarme soltero.
“Escribir para cine y televisión y escribir novelas tiene una diferencia. Cuando escribo guiones para cine y televisión, las palabras desaparecen en la pantalla para convertirse en imágenes, mientras que las palabras del novelista quedan en el lector. Esa es la diferencia”.
Philippe Claudel autografía la edición de su novela ‘La nieta del señor Lihn’ que tengo en mis manos. Una novela que me hizo llorar. Me cuenta que sus personajes tienen una vida que él construye con el rigor de la imaginación y los días navegados.
