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Cultural

La espada de Bolívar: las mil historias tras un símbolo de paz

Patricia Lara Salive revela el viaje de más de dos siglos de la espada, célebre porque fue robada por el M-19 y se convirtió en símbolo de paz.

La espada de Bolívar: las mil historias tras un símbolo de paz
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La espada de Simón Bolívar, que data de 1821, está fundida en bronce y acero, no tiene más de 85 centímetros de largo, y la mano pequeña que la empuñó hace más de dos siglos era la mano del mismo general, un hombre flaco, de un metro con sesenta y siete centímetros. Patricia Lara fue tras los secretos de la espada que el presidente Gustavo Petro ordenó que sacaran de su urna de cristal en la Casa de Nariño, el día de su posesión, el 7 de agosto de 2022. Lea: Esta es la historia de la espada de Bolívar que Petro incluyó en su posesión

El presidente que se posesionaba había visto por primera vez en su vida la espada de Bolívar, porque el presidente saliente se la enseñó como una sorpresa que le tenía reservada. Y aquello que empezó como una crónica de Patricia Lara para la revista Cambio, se convirtió en un apasionante libro y en un reportaje de investigación: ‘La espada de Bolívar. Del M-19 a la Casa de Nariño’ (Planeta, 2023), un intenso y pormenorizado reportaje investigativo de 231 páginas resuelto en 29 breves capítulos.

Patricia Lara vino a Cartagena a presentar su libro recientemente en el Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena, donde reposan las cenizas de Gabo, y contó detalles de la investigación en un acto organizado por la Librería Remedios La Bella, la Universidad de Cartagena y la editorial Planeta. Lea: Patricia Lara lanza el libro ‘La espada de Bolívar’

Al principio, su editor, Juan David Correa, le sugirió que escribiera una novela sobre la espada, pero ella se dio cuenta que la historia era singularmente desmesurada en su realidad para asumirla desde la ficción. Y la historia de la espada de Bolívar no requería de ficciones, porque su realidad competía con la ficción. Así que hizo el rastreo documental de este episodio histórico que parece la trama de una novela de intriga y suspenso, un episodio en el que se refleja la historia misma de Colombia desde hace más de doscientos años hasta nuestros días.

El robo de la espada

La espada de la Quinta de Bolívar, de la que menos información se tiene, es la más famosa porque fue la que el M-19 se robó el 17 de enero de 1974, precisa Patricia. Jaime Bateman ‘Pablo’, comandante del movimiento, diseñó con detalles la estrategia para robar la espada junto a Álvaro Fayad, ‘El Turco’, María Eugenia Vásquez, ‘La Negra’, ‘El Mono’ Pedro y Carlos Sánchez, quien manejaba un Renault 6 alquilado para esa operación, entre otros. Para esa arriesgada operación llevaron “dos metras, una pistola y tres revólveres”, contó Fayad a Patricia.

Bateman y sus amigos planearon el asalto sin disparar un arma, y neutralizaron a los vigilantes, a tres celadores, dos señoras que hacían de guía y a personas de administración, a todos los amarraron y les advirtieron que no opusieran resistencia. La espada de Bolívar estaba en una urna, con sus estribos y los espolines, en una pequeña habitación con una puerta de acceso a una recámara donde permanecía la cama en la que el general había estado con Manuelita Sáenz. ‘El Mono’ Pedro llevaba una varilla que parecía una pata de cabra debajo de la ruana, y con ella rompió el candado y la cerradura del cuarto.

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Fayad, con guantes de caucho blanco, destrozó la urna con la varilla y sacó la espada de Bolívar que tenía la empuñadura dorada. Todo ocurrió entre las 3 y las 4:30 de la tarde de ese 17 de enero. Huyeron con la espada y la dejaron en la casa de Ernesto Sendoya. Luego, a las 7 de la noche de ese mismo día, se tomaron el Concejo de Bogotá. La espada durmió donde Sendoya y Bateman fue a verla al día siguiente. La tomó entre sus manos, lamentó que la espada estuviera oxidada y la empezó a brillar con pomada Brasso hasta devolverle el esplendor perdido.

Los viajes de la espada

La noticia del robo de la espada causó revuelo nacional. Ahora en las manos del movimiento la espada de Bolívar, en medio de la temeridad y el peligro, era un símbolo que irradiaba entre ellos una misteriosa e irracional seguridad.

La espada inició una travesía de fuga y, huyendo de la persecución, se escondió en el estudio del poeta antioqueño León de Greiff.

Durante 1974 y 1975 la espada con los estribos y los espolines estuvo escondida en la biblioteca del poeta, hasta que el 22 de julio de 1975, en la celebración de los 80 años del poeta, llegaron a condecorarlo en su propia casa, ceremonia en la que estuvo el presidente Alfonso López Michelsen y Belisario Betancur. Lo que nunca intuyó el presidente López, que ordenó a los servicios de inteligencia encontrar la espada, era que justo sobre su cabeza estaba el estudio donde esta reposaba.

A finales de ese 1975 la sacaron de la casa del poeta y se la entregaron a Gustavo Arias Londoño, ‘Boris’, quien la llevó a la casa del poeta Armando Orozco y su compañera Isabel García Mallorca. El poeta brillaba la espada con devoción y pasión y dormía con ella. En su casa hizo una habitación subterránea donde guardaba armas, cantimploras, botas, etc. Y en ese sótano escondió la espada. Luego, la sacaron de la casa de Orozco y se la dieron a Vera Grave, que la escondió en el baúl de su Renault verde y anduvo con ella varios días por Bogotá. Bateman se la entregó a Cuco Corredor, y con Boris de Greiff, la devolvieron otra vez a los anaqueles del poeta León de Greiff.

Después de la muerte del poeta, el 11 de julio de 1976, Argemiro Plaza la sacó de allí. Bateman se llevó la espada.

Luego de la muerte de Bateman, la espada siguió itinerando. Viajó en valijas diplomáticas, estuvo en Panamá en los días de la invasión norteamericana; Manuel Piñeiro, comandante Barbarroja, la guardó en La Habana en un armario en su oficina, fue enterrada en un tubo PVC de un metro y medio sellado con tapones. Regresó de Cuba a Colombia, hasta que, en 1991, fue devuelta en los augurios de la nueva Constitución. Pasó a una bóveda oscura del Banco de la República y a la Casa de Nariño, hasta aquella tarde en que salió de la urna de cristal a la posesión de Gustavo Petro. La espada ha sido un símbolo, una reliquia, un paradójico talismán en el tiempo, que en silencio despierta los impredecibles caminos de la paz y la guerra entre los colombianos. Lea: Presidente Petro ordena llevar espada de Bolívar tras negativa de Duque

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