Cultural

Se acerca el 1 de noviembre: ¿por qué celebrar Ángeles Somos?

Este 1 de noviembre se celebra ‘Ángeles Somos’, una tradición que marcó a toda una generación y que busca conservarse a medida que pasan los años.

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DIANA ACOSTA H.
28 OCT 2023 - 02:32 PM

Cuando Camilo abrió sus ojos ya era primero de noviembre, uno de sus días favoritos de año. Se levantó de la cama, comió el desayuno que su madre le sirvió y apuró el paso para no llegar tarde al colegio. Una vez entró al plantel educativo encontró a sus compañeros sentados en los pequeños pupitres de madera a la espera de que las maestras terminaran de organizarse para salir a recorrer el barrio. Las mujeres agarraron ollas, cucharas de palo, tapas de calderos y cualquier otro objeto que hiciera bulla y salieron a las calles al compás de sonidos estrepitosos con una manada de niños siguiéndoles el paso. “Tintililillo, tintililillo, cinco pesos pa’ mi bolsillo”, entonaron frente a una casona vieja de la que asomó una mujer visiblemente mayor. Entre sus manos traía el fruto de su generosidad: dos plátanos verdes, tres mazorcas y unas ramitas de cilantro que hicieron brillar los ojos de Camilo y de sus compañeros. Las maestras dieron las gracias y acomodaron los alimentos en uno de los calderos, lo levantaron sosteniéndolo a lado y lado con un palo de escoba y siguieron el recorrido a través de las calles, retumbando con los cánticos del ‘Ángeles somos’.

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Los recuerdos de la infancia vienen a la memoria con un aire de nostalgia cuando se acercan los primeros días de noviembre, mes que para los cartageneros se convierte en símbolo de jolgorio y alegría. Los videos, que circulan en todas las redes sociales y hasta en YouTube, con escenas de niños y niñas pidiendo tintililillo en las calles, despiertan los recuerdos del niño interior que vive en nosotros, el mismo que celebraba con entusiasmo la llegada del primero de noviembre y con él, el tradicional ‘Ángeles somos’ que culminaba en un sancocho preparado por las manos de mamás, abuelas y vecinas. Lea aquí: Ángeles Somos: una fiesta solidaria que no debemos olvidar

Esta tradición originaria de España llegó a Cartagena de Indias gracias a los colonizadores, quienes profesaban la fe católica; para ese entonces el Papa Bonifacio IV tomó la decisión de trasladar el Día de los Santos al primero de noviembre, marcando el inicio de la tradición que con el paso del tiempo se convirtió en un canto colectivo que resonó en distintas regiones como Sucre, Córdoba, Atlántico y Magdalena, que, en épocas pasadas, formaban un solo departamento.

En el caso de Cartagena, la costumbre se convirtió en un acto obligado entre los barrios populares, lugares en los que los niños salían acompañados por sus madres, quienes al final se encargaban de preparar el suculento almuerzo en un fogón de leña improvisado. Papas, plátanos y yucas se convertían en la fórmula de la felicidad que daba inicio a las fiestas novembrinas con cánticos versados por los más pequeños, quienes no escatimaban en disfrutar cada momento del festín.

Sin embargo, durante varios años la celebración corrió el riesgo de desaparecer y fue ahí cuando Rosa Díaz de Paniagua junto a su esposo Raúl Paniagua se embarcaron en la misión de rescatarla. Durante años unieron esfuerzos y trabajaron para que fuese reconocida como una tradición que marcaba el inicio de las Fiestas de Independencia. Para la socióloga Díaz de Paniagua, Ángeles Somos’ es un testimonio de cómo una costumbre traída por los conquistadores se transformó y adaptó a la idiosincrasia de su entorno, ya que a lo largo del tiempo esta celebración se erigió como una expresión de identidad y comunidad, cruzando fronteras y estableciendo su presencia en otros países de América Latina, hasta el punto de ser incluida en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, un reconocimiento que impulsa a que perdure en el tiempo. Lea aquí: ¿Qué hay detrás de la celebración de Ángeles Somos?

Un legado de varias generaciones

Luego de haberse convertido en patrimonio, la responsabilidad fue aún más grande: había que cuidar la tradición y garantizar su permanencia. Por eso, se creó el Plan Especial de Salvaguardia, un documento que grosso modo reúne las estrategias para lograr la difusión, el reconocimiento y arraigo de los valores que acompañan a esta celebración, que a la final se convierte en el escenario a través del cual demostramos nuestra capacidad de dar y compartir.

Más allá de ser una mera festividad, posee un valor simbólico significativo que contribuye al fortalecimiento de la memoria y la identidad colectiva. Desde el instante en que un niño crece con la ilusión cada año de cantar el tintililillo, se forja en él un arraigo que lo acompañará toda la vida así esté lejos, tal como sucede con muchos de los cartageneros que durante estas fechas se refugian en los videos que circulan en las redes para recordar la celebración que marcó su niñez y que promueve la cultura del compartir, en un despojo generoso de lo propio para dárselo a quien lo necesita y a su vez perpetúa la memoria colectiva, aquella en la que tienen cabida los recuerdos que vienen a nosotros a través de los sentidos y que no conocen diferencia de etnia o credo.

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