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Cultural

El fragor del viento, el mar y el bullerengue en la obra de Diana Restrepo

Los sonidos de un mar estruendoso, la voz de una cantadora y el eco de un pescador artesanal, son las voces que guían la experiencia sonora.

El fragor del viento, el mar y el bullerengue en la obra de Diana Restrepo
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La voz de Yadira, la “Chamaría de los manglares”, como le gusta que le digan, relata su historia de vida a través de un bullerengue. La mujer entona cánticos que develan sus pesares y los acompaña de su tambora, la que siempre ha estado presente para componer cada uno de sus versos. Vive en una casa ubicada más allá de La Boquilla, por eso acostumbra a cantar sentada en medio del mangle.

Yadira nació cantando pero hasta hace pocos años decidió darse a conocer a través de sus composiciones, inspiradas en la vida que lleva en medio de las playas que enternecen su cantar con el ritmo de las olas. Por las noches sueña con que sus canciones atraviesen las olas y lleguen a la orilla de quienes puedan reflejarse a través de ellas. El sueño va cumpliéndose poco a poco y esta vez su voz llegó hasta los oídos de Diana María Restrepo, una artista que la convirtió en protagonista de ‘Fragor’, una obra sonora que explora las formas de vida en el Caribe.

Diana nació en Caicedonia, un municipio en el Valle del Cauca, pero una parte de su corazón está amurallado en Cartagena de Indias. Es percusionista clásica, artista sonora y performer con estudios en Francia. Durante diez años trabajó como profesora de instrumentos hasta que en el 2011 rompió las partituras durante un solsticio de verano. “Sentía que ese lenguaje me estaba restringiendo así que me dediqué sin pensar a la vida desde la escucha y a expresarme desde los sonidos”, por eso el oído representa una parte esencial de su obra. Lea aquí: Las campanas de la Catedral de Magangué volvieron a sonar después de 40 años

Más que percusionista, Diana María es una artista que transita la vida a través de los oídos, va moviéndose a través de las olas con los sentidos dispuestos a sentir la belleza en cada parte del cuerpo. Por eso el arte sonoro es para ella una manera de vivir abierta a los infinitos estímulos que la rodean, desde el eco de un vendedor que pregona la venta de aguacates hasta el silencio que se impone en un lugar que antes estuvo habitado por el ruido. “Así como un compositor clásico compone con violines, chelos y trombones, nosotros componemos con distintas posibilidades sonoras”, contó.

La exposición estará exhibida hasta el 25 de marzo. //Foto: cortesía.
La exposición estará exhibida hasta el 25 de marzo. //Foto: cortesía.

Durante el encierro obligado por la pandemia se asomaba a su ventana para escuchar a los vendedores pasar pregonando las frutas contenidas en sus carretillas, anotaba las horas y las frases con las que ofertaban los alimentos y así dio origen a Pregones 2020 – Street cries, un proyecto que nació de su mirada curiosa.

La exposición estará exhibida hasta el 25 de marzo y estará abierta al público de martes a domingo, de 3:00 p.m. a 7:00 p.m.

Su ingreso a este arte fue a través de la curiosidad por la memoria colectiva por lo que las voces de las personas tomaron especial relevancia. Pero con el paso del tiempo descubrió que debía permitirse narrar la voz de la naturaleza porque “me interesa que la voz de la madre tierra sea escuchada y en la medida que seamos capaces de escucharla vamos a ser capaces de cuidarla”.

Por eso cuando el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes junto a la Escuela Taller Cartagena de Indias (Etcar) abrieron la beca ‘Túnel de Escape’, la obra de Diana cobró sentido y se convirtió en la seleccionada para ser una exposición in-situ en el Baluarte de Santa Catalina. ‘Fragor’, que significa ruido prolongado, fue el nombre con que bautizó la exposición sonora inspirada inicialmente en ‘La ceiba de la memoria’ un libro del cartagenero Roberto Burgos que le despertó el deseo de habitar un Caribe compuesto de esencias y ruidos. Lea aquí: Dos costeños le siguieron las pistas a un corresponsal picotero de Cartagena

Sin embargo, fue el silencio del manglar el que provocó el estruendo en su obra al revelarse como un ecosistema fracturado. Por eso, a la artista le llamó la atención el esfuerzo esperanzador de recuperar el manglar por parte de las comunidades de los asentamientos de Villa Gloria y Puerto Rey, quienes a punta de plántulas de mangle buscan hacer brotar la vida entre el cuerpo de agua. “Yo creí que iba a ser una obra sobre los pescadores, esa era la obra que tenía en la cabeza, pero cuando yo entré a ese lugar pensé “no puedo hablar del manglar sin hablar del cambio climático”, por eso la exposición busca adentrar a las personas en un Caribe profundo cuyos protagonistas son lideresas, pescadores y cantadoras.

Yadira, ‘La chamaría de los manglares’ en medio de los manglares. //Foto: cortesía.
Yadira, ‘La chamaría de los manglares’ en medio de los manglares. //Foto: cortesía.

Female gaze

La mirada femenina en la obra de Diana Restrepo va más allá de la fascinación por la realidad y se convierte en un compromiso social por preservar el medioambiente pues su manera de ver el arte fluctúa como una conversación entre el mundo humano y el más que humano. Por eso, cuando se dispuso a conocer a los protagonistas de su obra, escuchó a Francisco Alvarado, un pescador que lamentó el silencio que ahora se apodera de las ciénagas Juan Polo y de la Virgen a causa del deterioro del manglar. Por eso decidió grabar sus voces, inmortalizándolas en el tiempo a través de una obra in situ que básicamente es una exposición adecuada en un espacio particular y que “si se saca de ahí ya no funcionaría, por lo tanto el diálogo con un lugar es muy importante”. Lea aquí: “El arte sana”: ‘Pincelhadas’ busca equilibrar la psicología y la pintura

A pesar de que Diana ha sido un alma volátil y ha vivido en Francia, Venezuela y Panamá, la mayoría de su inspiración proviene de la Costa, por eso cuando escuchó el sonido de la palanca, la vara con la que el pescador impulsa la canoa, supo que sus historias de resiliencia estaban dotadas de recursos sonoros con los que podría transmitir un sinfín se sensaciones: “Yo invito a los a los oyentes a explorar a través del sonido los ecos de la memoria amurallada, los paisajes sonoros del Caribe y el reencuentro entre dos mundos”, dijo.

La obra está ubicada en el Baluarte Santa Catalina, un espacio que por su ubicación propone un proceso de inmersión en el que el asistente debe recorrer el túnel en ausencia de la luz que suele golpear en la cara a su salida. Estando adentro se encontrará con un espacio en el que está dispuesta una canoa sobre la arena, y cuatro dispositivos que le permitirán embarcarse en el viaje sonoro acompañado por el fragor del mar.

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