Alberto Sierra Velásquez se adelantó a su tiempo. En 1963, a sus 18 años, escribió la primera novela urbana intimista o monólogo de una mujer que transcurre en una habitación del Centro amurallado de Cartagena. Nos referimos a la breve y hermosa novela “Dos o tres inviernos”, ganadora del segundo Premio de Novela Extensión Cultural de Bolívar, de ese año, y publicada al año siguiente en 1964, hace sesenta años. Lea: El arte del Caribe colombiano en la feria internacional ARCOmadrid 2024
La novela fue elogiada a nivel nacional por el poeta Jorge Zalamea Borda, prologada por Alberto Duque López, y celebrada por Gabriel García Márquez, Roberto Burgos Cantor y Eligio García Márquez. Hacía un año, Manuel Zapata Olivella había escrito la primera novela urbana social “Chambacú, corral de negros”, cuyo territorio era la barriada de Chambacú y la dramática realidad de los habitantes de la ciudad que habían vivido en tres barrios al pie de las murallas: Boquetillo, Pekín y Pueblo Nuevo (1890-1939).
La novela de Sierra Velásquez asimilaba técnicas de la novela moderna, el influjo de Joyce con “Ulises”, Durrell en “El cuarteto de Alejandría”, la poesía de Cavafis, William Faulkner, y el cine italiano. Esa obra resuelta en tres capítulos: Uno que va de la habitación, la ventana a la ciudad externa y a la Fiesta del Agua, se conjuga el universo emocional interior de una joven mujer, en su adentro y afuera. La obra se anticipó a la modernidad de la narrativa del Caribe, en la que brillaban por su calidad: Manuel Zapata Olivella, Gabriel García Márquez, Héctor Rojas Herazo, Álvaro Cepeda Samudio y una joven narradora de 18 años, la barranquillera Fanny Buitrago, con su novela “El hostigante verano de los dioses” (1963).
La voz de la narradora es la de una mujer que está sumergida en la soledad de la habitación. Su voz está permeada por la lluvia y por el halo inminente del deseo. Su manera de percibir la realidad es la de una elusiva sensibilidad oriental, llena de murmullos, sensaciones, golpes de luz y penumbra acariciando como en un haz de luz que se desliza por el territorio de su cuerpo y por el río incesante de sus pensamientos. La novela fluye como las imágenes de una película. Alberto pensaba siempre en imágenes cada vez que escribía poemas, textos narrativos, dramas o ensayos. Su prosa es esencialmente poética. Sierra era un erudito de las artes. Con él se podía hablar de autores, de películas, de obras de arte. Era apasionado. Poseía una sensibilidad creadora que se expresaba con metáforas e imágenes visuales. Había escrito una segunda novela que valdría la pena rescatar de sus archivos secretos con sus familiares y herederos. “Dos o tres inviernos” merece reeditarse. La Universidad de Cartagena, en 2007, la incluyó en su colección crítica de El reino errante, y publicó notas críticas sobre esta invaluable novela colombiana. Alberto dejó poemarios y ensayos inéditos sobre la historia del cine y su relación con la literatura. Lea: El Universal, el periódico que ha sido escuela de mujeres escritoras
Alberto Sierra era el hombre en Cartagena de Indias que más sabía de cine. Fue el crítico estable e ineludible del Festival de Cine de Cartagena, durante más de treinta años. Estudió en la Escuela de Arte Dramático de Bogotá y en la Escuela de Bellas Artes en Cartagena. Fue uno de los pioneros del cineclubismo en Cartagena, autor además del poemario “Ojo desnudo en espiral”, “Imágenes-Anamorfosis”, y “Literatura en imágenes”, entre otros. Además de crítico de cine, poeta y dramaturgo, era profesor de literatura en varios colegios de bachillerato en la ciudad. Hizo cine experimental con obras como “Ojo desnudo en espiral” (collage, narrativa, poesía, teatro), y “El antimilagro”. Se destaca su libro “Imágenes-Anamorfosis” (crónicas de cine y guión fílmico).
Alberto se refugió hasta el final de sus últimos días en el barrio San Fernando. Fomentó el cineclubismo y el teatro en barriadas, en colegios, universidades, y en empresas privadas y oficiales. En Colpuertos dirigió un grupo de teatro, al igual que en las Empresas Públicas de Cartagena. Era un consagrado docente de colegios de bachillerato, y en los últimos años, vinculado a la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar (Unibac), que lo honró con su máxima condecoración la Medalla Epifanio Garay y lo incluyó en la serie editorial con su libro sobre la relación del cine y la literatura. Lea: Lo que piensan grandes escritores sobre Gabriel García Márquez
Era un lector de literatura universal y estaba al día con lo que surgía en la literatura y el cine contemporáneo. Su casa bajo la sombra de los árboles, era el escenario de una película que jamás intuimos sería el ámbito de una muerte atroz. Estaba rodeado de colores, máscaras, afiches, una inmensa biblioteca, una cámara de proyección de cine, vestuarios y diseños. Era la casa de un hombre solitario y sensitivo. Murió asesinado en 2011, dejando una extraordinaria obra narrativa, poética, dramática y ensayística.
