Tan sencillo como esbozar una palabra. Sí, el lenguaje verbal es obviamente la forma de comunicación más avanzada en los seres humanos, y las palabras son eslabones que llevan finalmente a una conversación que no siempre tendrá una misma dirección o propósito.
“Hay palabras cargadas con flechas. Hay gestos que lanzan granadas. Hay miradas que pueden empujarte por un acantilado”. “Hay risotadas que se mueven en patota y asfixian el alma”, con todo esto consignado, se puede evidenciar el poder que tienen estas expresiones para hacer bien, como para hacer mal, afirma la periodista y escritora argentina Magela Demarco en su obra “Palabras semilla”, un cuento ilustrado por Caru Grossi, que ha llegado a intervenir en muchos colegios de su país con el mensaje contundente de tomar conciencia del dolor que puede causar la discriminación. Lea: Papás que se prenden y apagan, una realidad sin cifras
La obra, bien sea desde su lectura o análisis de la ilustración, evidencia lo que ambas autoras quisieron interpretar en su ideal de abrir puertas desde la misma infancia, etapa donde más se padece esta serie de comportamientos que marcan las diferencias entre un niño y otro y que el más “fuerte” toma para atacar.
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Este tipo de señales se hacen evidentes a lo largo del manual, explica la autora. Desde los audífonos, la pierna ortopédica, incluso el vitiligo, se manifiestan para reforzar confianza y hacer que los pequeños normalicen en ellos y sus compañeros cada una de estas características, si llegaran a existir.
Teniendo como base lo que se logra cambiar con nuestros actos, Magela Demarco resalta que siempre podemos elegir qué semillas vamos a plantar, qué palabras vamos a pronunciar y quiénes queremos ser, entonces, cuestiona a sus lectores con “...y tú, qué palabras semilla vas a sembrar”.
Aprendiendo de los niños
Cuando la tarea de escribir para los niños va más allá del simple entretenimiento de los mismos, la escritora se da la tarea de encontrar en situaciones cotidianas ese material que inspira y enseña. De esta manera se han concebido sus creaciones anteriores.
“A veces me tardo en escribir, pero este libro brotó muy rápido. Además de conversar con mi hijo de alguna situación particular en su colegio, recordé de lo que me pudo pasar en mi niñez, siempre digo que mi hijo es mi maestro y muchos de mis libros se han basado en lo que he aprendido de él”, agrega. Lea: “Un papá con delantal”, el libro que invita a reflexionar
Magela advierte que en su infancia pudo experimentar la soledad que viene con el cambio de colegio, la no aceptación del grupo, y en la adolescencia vivió el prejuicio del peso corporal, a tal punto que cuando un chico le gritó “gorda”, la palabra caló tan hondo, que le hizo sufrir.
Ahora escribe estos libros que son para niños, pero que se ajustan perfectamente a un adulto, porque en mayor o menor medida, todas las personas tuvieron un momento para sentirse solas, discriminadas, no comprendidas o dejadas de lado. “Al crecer nos ponemos corazas y tenemos herramientas para protegernos y defendernos, pero cuando somos niños, eso es inmenso y hace daño”, indica.
Al dictar los talleres, Magela explica a los maestros que no siempre se trata de una víctima y un victimario, generalmente ese chico que ataca trae una situación de su casa o su ámbito, que puede ser maltrato o falta de amor y comprensión, y con su comportamiento intenta mostrar lo que le incomoda.
Según lo que ha investigado a nivel psicología, la autora sugiere que para lograr que cesen este tipo de situaciones, se trabaje inicialmente en el aula y fomentar una participación activa con los compañeros para tomar el control y evitar las agresiones. Los padres también juegan un papel importante, al notar comportamientos que se deban puntualizar y ponerlos de manifiesto.
Palabras y más palabras
Como el fundamento de la publicación está en las palabras en general, desde las que dañan hasta las que sanan, Magela Demarco ha encontrado términos que van afianzándose a tal punto de ser ofensivos y mantenerse en la conversación de los chicos como ataque a sus compañeros.
La palabra “gordo”, si bien puede expresar cariño, también es agresiva y por estos días en Argentina se emplea despectivamente, aunque es importante aclarar que en Colombia la expresión “me cae gordo” lleva una connotación negativa. De otra parte, las redes han contribuido a la creación de nuevos términos que ofenden y dañan.
Contrario a todo esto, existen frases que validan y servirían de mucho si su uso se masificara, explica Magela. “Ten confianza en ti mismo”, “Tú puedes”, son algunas de las que bien pueden trabajar la autoestima, dando a entender siempre que la integridad no depende de lo que diga otra persona.
La escritora recomienda un ejercicio sencillo que se puede incentivar desde los primeros años y tiene que ver con mirarse al espejo y decirse a sí mismo lo que necesita escuchar. “Yo puedo”, “Soy inteligente”, “Me quiero”, “Me cuido”, palabras que estarán cargadas de tanto poder, que su efecto siempre será positivo.
En un mundo que educa para competir, marcando siempre lo que falta, lo que no se tiene, lo que se debe mejorar y que pocas veces señala las virtudes, la palabra juega un papel fundamental, y debe resaltar dones y diferencias, pero de la mejor manera.