Marco T. Robayo (Bogotá, 1961) ha escrito cuatro novelas sobre Cartagena de Indias que lo erigen ya como uno de los más destacados artífices de la novela histórica en Colombia y en lengua castellana.
Es un maestro de la trama y la tensión narrativa, de las descripciones de época, del diálogo y del retrato emocional de sus personajes. Lo ha logrado con la sutileza obstinada de un buscador de tesoros sumergidos. Me cuenta que vino desde niño a conocer el mar de Cartagena de Indias, hace más de cincuenta años, y su deslumbramiento lo ha acompañado desde siempre.
No le cabe la menor duda de que la historia de la ciudad en cinco siglos es la más rica de toda la nación. No hay otra ciudad que tenga más historias que el Corralito de Piedra. Y al sumergirse en sus historias ha encontrado el tesoro secreto. “Me sorprende que la gente sepa más del naufragio del Titanic que de la historia singular del galeón San José”, dice. Lea aquí: Identifican nuevos hallazgos en la zona arqueológica del Galeón San José

Ha escrito novelas como El gran genocidio, sobre la brutal conquista española en el territorio del Caribe, Colombia y América, en la que murieron 90 millones de personas de la comunidad indígena, 14 veces más que los 7 millones de judíos asesinados bajo el gobierno nazi... “Y me asombra y preocupa que esa masacre de la segunda Guerra Mundial haya generado cientos de libros y películas, y haya mayor distinción por la tragedia vivida en América en la conquista. Al escribir sobre esta masacre no lo hago con ánimo revanchista, sino para que conozcamos la historia y para que se reconozca ese pasado y se admitan los desmanes y despropósitos de una historia trágica. No se puede borrar de la memoria el tráfico de 20 millones de africanos esclavizados que llegaron de Nueva Guinea, Nigeria, Etiopía, al mar de Cartagena de Indias”.
Sobre la esclavización de los africanos escribió la novela Piel de ébano, ganadora de los International Latino Book Awards 2021 de Los Ángeles, como una de las mejores novelas de ficción histórica.
Las fuentes documentales
Para escribir esa novela y recrear esa tragedia desde el puerto de embarque de esclavizados a América, leyó la novela Raíces, del escritor norteamericano Alex Haley. “Sin duda, un referente para toda historia que abarque el tema de la esclavitud entre los siglos XVI y XIX. Haley recrea de manera fehaciente cómo los nativos eran capturados por los soberanos africanos y vendidos a los esclavistas europeos, quienes se encargaban de su embarque. A partir de la documentación que hay en el Archivo General de Indias en Sevilla, creé un escenario en el que el campo ficcional jugó un papel importante. Predominó la intención de mantener la realidad que existió alrededor del tráfico humano y la forma como los prisioneros de guerra, los imputados por delitos o aquellos que cayeron en desgracia, pasaron a formar parte de esta red brutal que azotó a un sector vulnerable de la humanidad”. Lea aquí: ¡Es oficial! Comenzó el proyecto de investigación del Galeón San José
Robayo confiesa que su gran obsesión como novelista histórico es Cartagena de Indias. Consulta el censo de la época y relee el relato de los viajeros Antonio de Ulloa y Jorge Juan Sanacilia, en 1735, los compendios del Archivo General de Indias en Sevilla, España, y el Archivo General de la Nación en Bogotá. En los intersticios entre el documento y la ficción que recrea momentos de nuestra historia, señala que utiliza “ciertos recursos literarios que permiten llenar los vacíos de la historia con la fantasía y la imaginación”. Con la novela A la caza del galeón San José, ha ido tras todo lo que se ha escrito y se ha acercado a quienes han tenido el privilegio de estar cerca del hallazgo del legendario galeón.
La bruja que sedujo a los inquisidores
Con la novela Aleluya, ha reconstruido la vida de Paula de Eguiluz, célebre en los tiempos inquisitoriales en Cartagena de Indias por haber sido procesada en tres ocasiones por brujería. En esta novela, la ficción enriquece el relato verídico de la historia y, a su vez, el relato documental se integra al relato ficcional, conjugando un formidable lienzo de polifonías que palpitan como si acabara de suceder bajo el sol y la luna de Cartagena de Indias de hace más de cuatrocientos años.

La narración teje en tiempo presente una sutil filigrana sobre la vida de esta mujer inigualable en la historia de Cartagena de Indias, una especie de Sherezade, capaz de aplazar el veredicto insoslayable de la muerte con la gracia de su espíritu. Paula de Eguiluz, mujer negra, alta, delgada, aura de misterio encantador, tenía un poder hipnótico capaz de embrujar a los mismos inquisidores que la juzgaban a muerte y le consultaban las minucias del amor y los sortilegios de la vida cotidiana. Con ese mismo poder era consultada por arzobispos, militares y mercaderes de la época. Robayo cuestiona la doble moral que ha prevalecido con respecto al pasado de Cartagena de Indias. Y al referirse a Paula de Eguiluz cuenta que esta mujer fue condenada, además, por tener un conocimiento de los saberes ancestrales sobre las hierbas medicinales.
La historia no contada
Sobre la figura de Pedro de Heredia, Robayo dice que valdría la pena bajar a este personaje de la historia de su pedestal y guardarlo en el Museo de los Héroes Indignos. “No podemos destruir las estatuas, porque no podemos destruir la memoria histórica de una ciudad, pero Pedro de Heredia puede estar en ese museo como referencia de un personaje nefasto de nuestra historia”. Hay personajes que merecen ese pedestal. Y al mirar la estatua de Blas de Lezo, dice que es de los pocos personajes españoles a los que les tiene aprecio por defender a Cartagena de Indias, del ataque de los ingleses. Lea aquí: Zona donde está el Galeón San José es declarada área arqueológica protegida
Y al pasar por el Parque Bolívar, nos ha confesado que algún día escribirá lo que la historia no ha contado del general Simón Bolívar, los 800 muertos sobre sus hombros y su fatal decisión de ordenar fusilar al gran general José Prudencio Padilla.
Frente al mar de Cartagena de Indias
Marco T. Robayo ha estado por estos días lluviosos y ardientes de agosto en Cartagena de Indias, presentando su novela sobre el galeón San José en las escuelas de la ciudad, y dialogando con los estudiantes.
Al recorrer algunas calles del corazón amurallado, se ha detenido a mirar el resplandor de las piedras y el fulgor de la vieja muralla. Y ha expresado con una visionaria convicción que debe haber una segunda y fortalecida oportunidad en el mundo para que la literatura colombiana sea más reconocida y valorada dentro y fuera de nuestras fronteras.
En Estados Unidos hay 25 mil bibliotecas, pero la literatura contemporánea aún es muy desconocida. La llama universal la encendió García Márquez, pero es hora de que esa llama vuelva a encenderse.