España es uno de los 10 países que reciben la mayor parte de la población migrante en el mundo; Cataluña, Madrid y Valencia concentran la mayor cantidad de extranjeros. Según cifras oficiales, en 2024 el 33.6% del total la población de Barcelona es de origen foráneo. Colombia es el segundo país que, después de Italia, aporta más migrantes a la “Ciudad global”, la cual alberga a ciudadanos de 182 nacionalidades y por ello sus calles, plazas, ramblas, playas, escenarios deportivos o comercios son vivas representaciones de la Torre de Babel, con un sinnúmero de idiomas entrecruzados.
A esta metrópolis fascinante llegó hace más de 20 años Luis Fernando Acosta Romero, un joven nacido en Sahagún, Córdoba, quien, tras terminar sus estudios de bachillerato y residir después en Cartagena de Indias, decidió buscar futuro en España. Ingresó a la Facultad de Humanidades de la Universidad Pontificia de Salamanca, pero, influenciado por compañeros seminaristas, interrumpió sus estudios iniciales y se propuso ingresar a la vida diocesana, motivado más por una vocación de servicio que religiosa.
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Se ordenó como sacerdote en 2013 y desde entonces ha desarrollado una intensa jornada de servicios que lo han hecho merecedor a reconocimiento colectivo, al respaldo y la confianza de las jerarquías eclesiásticas, hasta el punto de ser hoy responsable de dos parroquias: Sant Angel Custodio y Santa Dorotea, en Sants, uno de los más tradicionales y céntricos barrios de Barcelona.
El “Cura Fer” o “Mousent Ferrán” (en catalán) fue capellán de hospitales donde ofrecía sosiego espiritual a moribundos y albergaba en su propia casa a exconvictos para apoyar su reinserción a la sociedad. Su condición de hombre caribe, abierto, espontáneo y expresivo, le facilitó la conexión con centenares de fieles que asisten diariamente a sus oficios en castellano y catalán; conectó también con las penurias y dificultades que afrontan muchos de sus connacionales y migrantes de otros países cuando llegan cargados con maletas de ilusiones que se van esfumando con los días y luego enfrentan carencias económicas por la falta de empleo -o por promesas incumplidas- que pronto se reflejan en estrés, soledad, depresión, ansiedad y en el dilema de no querer regresar en condiciones indignas a su país.
Mousent Ferrán comenzó a conectar personas que necesitaban servicios de diversa índole, con latinos que estaban dispuestos a ofrecerlos, pero también a asistir directamente a quienes mayores dificultades afrontaban. Surgió entonces el Proyecto de Asistencia Integral a Migrantes y Refugiados (B Migrants), que cuenta con varios componentes: acogida, alimentación, soporte laboral, asesoramiento legal, soporte sicológico, formación, acompañamiento e integración. Se trata de una red de solidaridad que en menos de un año ha atendido ya a 800 familias. Con apoyo de entidades internacionales y filantrópicas, B Migrants ofrece un cómodo albergue temporal a migrantes, mientras pueden pagar un arriendo; por lo menos una vez al mes suministra de manera gratuita un mercado de alimentos a 120 familias, y dispone de un “ropero” en el que se surten de prendas y abrigos gratis, entre otras ayudas. La mayoría de quienes piden apoyo son latinoamericanos, entre ellos un alto porcentaje de colombianos, que el cura nacido en Sahagún se siente con el deber de proteger, aunque recomienda a quienes estén planeando emigrar a Europa que se abstengan de hacerlo si no están bien asesorados, para evitarse sufrimientos.
Les brinda también orientación legal sobre sus derechos en el país para tramitar documentación, cursos y talleres de carácter ocupacional y no formal en: idiomas, especialmente inglés, catalán y español, atención a adultos mayores, primeros auxilios, servicios domésticos, salud mental, piano, guitarra y musicoterapia.
Un equipo de por lo menos 20 voluntarios participa en los procesos formativos y de acompañamiento, algunos de ellos son migrantes previamente beneficiados que, a manera de compensación por las ayudas recibidas, aportan sus conocimientos y experiencias, y otros son catalanes animados por su espíritu altruista y de solidaridad.
Christian Álvarez es un joven de 26 años, nacido en Girón, Santander, quien, buscando oportunidades laborales que no encontró en Colombia como administrador de empresas, se fue a Suiza, pero encontró tantas barreras y dificultades que apenas dos meses después terminó en España, solo, sin dinero, sin techo y sin los apoyos que inicialmente le ofrecieron algunos allegados. Tras su primer día y noche deambulando por Barcelona entre lágrimas de frustración, fue presentado por una amiga ante Mousent Ferrán, y este le dio un giro positivo a su situación. Tras recibirlo en su casa-refugio, y brindarle las atenciones básicas, lo orientó con su equipo para afrontar una nueva vida.
“Luifer apoya a los colombianos brindando también un apalancamiento que necesitamos, pero aparte de eso nos ayuda a cambiar de conceptos frente a la realidad, para proyectarnos mejor al futuro; nos orienta sobre cómo ser mejor persona, a vestir bien, dar una buena imagen en presencia y comportamiento, lo que representa un plus a lo aprendido en la universidad, porque son herramientas para la vida. Él es un ángel que literalmente se convierte en salvación para muchos migrantes latinos”, afirma Chistian, quien ya labora “en negro” acompañando a adultos mayores y aporta su trabajo logístico como voluntario a B Migrants.
El texto “Nadie es más fuerte que una persona que no le teme a comenzar de nuevo” abre la página web del proyecto, www.bemigrantsproject.org, e ilustra el propósito del sacerdote colombiano que solamente luce su sotana al oficiar la misa, pero el resto del tiempo viste como cualquier parroquiano.
Asegura que su proyecto y el de su Iglesia católica es “una narrativa de esperanza, donde cada hebra entrelazada es un acto que abraza a quienes más lo necesitan”.
El mundo necesita cada vez más de muchos más Mousent Ferrán, sean colombianos o de cualquier origen.