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Cultural

Virgen de la Candelaria: el arte de las manos que visten su imagen

Mayi Feghali de Benedetti y Margarita de Amín preservan la tradición de los vestidos de la Virgen en las Fiestas de la Candelaria.

Virgen de la Candelaria: el arte de las manos que visten su imagen

Margarita de Amín y Mayi Feghali de Benedetti: las manos que visten a la Virgen de la Candelaria. //Foto: Javier García- El Universal.

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Cartagena de Indias despierta en emoción cada año con el fervor de las Fiestas de la Candelaria, una celebración que une a generaciones en torno a la ‘patrona’, la Virgen de la Candelaria. Durante nueve días, los fieles suben al Cerro de La Popa en largas caminatas de fe como una muestra de devoción conmovedora.

La Virgen de la Candelaria, que reposa en el santuario de la cima, espera su gran día: el 2 de febrero, cuando es vestida con un traje especial y llevada en procesión en su majestuoso descenso hasta la ciudad.

Detrás de este ritual hay manos laboriosas y corazones entregados a ella. Entre esas manos, este año destacan las de Mayi Feghali de Benedetti, de 60 años, y Margarita de Amin, de 72, dos mujeres cuya fe se teje en cada puntada del vestido que la Virgen usará en su bajada.

Mayi Feghali de Benedetti y Margarita de Amín, modistas de la Virgen de la Candelaria. //Javier García- El universal.
Mayi Feghali de Benedetti y Margarita de Amín, modistas de la Virgen de la Candelaria. //Javier García- El universal.

Un legado familiar de devoción y arte

Para Mayi, confeccionar los vestidos de la Virgen es más que una tradición, es una herencia familiar. Su padre, Jorge Feghali, era un ferviente devoto que inculcó en su familia la costumbre de subir cada año al santuario.

“Mientras mis amigos subían por los caminos tramposos, a mí me llevaban a la iglesia a hacer la novena todos los días”, recuerda con nostalgia.

Con los años, su madre, junto con otras cuatro mujeres, fundó la Cofradía de la Virgen de la Candelaria, un grupo de fieles que ha mantenido viva la tradición y se encarga de muchos de los preparativos de la festividad.

Mayi confeccionó su primer vestido a los 18 años. Aunque con el tiempo se alejó del diseño de modas para dedicarse a la lencería de hogar, este año decidió volver.

“Mi mamá ya tiene 85 años y queríamos darle las gracias a la Virgen mientras ella aún puede estar presente. Sé que pronto se le hará difícil subir, así que esto es nuestra manera de honrarla y de agradecerle a la Virgen por todo lo que nos ha dado”, dice con la voz entrecortada.

“Cada año hay un donante distinto, alguien que siente el llamado de ofrecer el vestido como muestra de gratitud o devoción y nosotras lo materializamos. Es un honor hacer este vestido, porque no es solo tela, es amor, es fe, es historia”, añade Mayi.

Familia Feghali el día que donaron la corona y accesorios religiosos de oro a la Virgen de la Candelaria. //Foto: cortesía.
Familia Feghali el día que donaron la corona y accesorios religiosos de oro a la Virgen de la Candelaria. //Foto: cortesía.

Un trabajo hecho oración

Margarita de Amín no creció en una familia ligada a la Cofradía, pero su devoción por la Virgen de la Candelaria nació cuando estudiaba en el colegio que lleva su nombre.

“Hice mi primera comunión en el colegio de la Candelaria y desde entonces sentí su presencia en mi vida”, relata. Con el tiempo, empezó a involucrarse en la confección de los vestidos. “Cuando escojo la tela, cuando corto y bordo, siempre le pido a la Virgen que me guíe, que me muestre el camino para hacer lo que ella quiere y lo que a ella le agrade”, confiesa.

La confección del vestido es un proceso meticuloso que implica técnicas de bordado en mostacillas, lentejuelas, tejidos y encajes. “El manto es lo que más la realza”, explica Margarita, detallando cómo cada año se busca innovar para que la imagen luzca diferente y despierte expectativa entre los fieles.

Pero más allá del diseño, es un acto de entrega y devoción. “Cada puntada es oración. Cuando estamos bordando, estamos en un estado de oración continua. Es un momento de intimidad con ella”, dice.

Este año, el vestido de la Virgen está inspirado en los atardeceres cartageneros. “Nos hemos basado en esos colores mágicos que se ven en el cielo cartagenero cuando el sol se oculta y la Virgen baja: morado, naranja, fucsia y un leve gris. Queremos que cuando la Virgen baje a las cuatro de la tarde, el sol la ilumine y la haga resplandecer aún más”, cuenta Mayi con entusiasmo. Margarita complementa: “Los tonos cálidos reflejan la luz de la Virgen, su dulzura, su guía. Es como si ella misma se fundiera con el cielo”.

Margarita de Amín y Mayi Feghali de Benedetti confeccionan el vestido de la Virgen de la Candelaria 2025. //Foto: Javier García- El universal.
Margarita de Amín y Mayi Feghali de Benedetti confeccionan el vestido de la Virgen de la Candelaria 2025. //Foto: Javier García- El universal.

Un milagro en cada puntada

Para Mayi y Margarita, la Virgen no es solo una imagen, sino una presencia viva en sus vidas. “Nos ha concedido milagros, nos ha hablado en momentos de angustia”, aseguran.

Margarita recuerda con lágrimas en los ojos cómo la Virgen la sostuvo en uno de los momentos más difíciles de su vida: “Mi hijo fue secuestrado, y el día en que iban a negociar su liberación, me paré frente a la Virgen de la Medalla Milagrosa y le pedí que me lo devolviera. En ese instante la Virgen me mostró cómo me devolvía a mi hijo. Creyeron que estaba loca, pero esa misma noche, a las 9, mi hijo estaba de vuelta en casa con una medallita de la virgen empuñada en su mano”.

Mayi también tiene una impresionante historia: su esposo, Amaury Benedetti, marino, estuvo 72 horas perdido en el mar. “Yo sabía que la Virgen me lo iba a devolver. Y lo hizo. Desde ese día, cada 23 de enero le doy las gracias por tenerlo conmigo”.

Margarita de Amín y Mayi Feghali de Benedetti tienen una fuerte conexión con la Virgen. //Foto: Javier García- El Universal.
Margarita de Amín y Mayi Feghali de Benedetti tienen una fuerte conexión con la Virgen. //Foto: Javier García- El Universal.

La bajada de la Virgen

El 2 de febrero, en la madrugada, se vive uno de los momentos más conmovedores de la celebración: la Virgen es vestida en una ceremonia solemne. Mientras las encargadas ajustan con delicadeza cada detalle del atuendo, los miembros de la Cofradía rezan el rosario a su alrededor. Luego, la imagen es llevada a su anda, decorada con flores frescas que combinan con su atuendo. “Cuando la vemos lista, con su vestido resplandeciente, sabemos que todo el esfuerzo ha valido la pena”, dice Mayi con los ojos llenos de emoción.

Unas horas después, alrededor de las 4 de la tarde, comienza el esperado descenso de la Virgen desde el Cerro de La Popa hasta la ciudad. La procesión es multitudinaria: miles de fieles la acompañan, algunos llorando, otros cantando y orando con fiel devoción. “Hay personas que bajan descalzas o de rodillas, cumpliendo promesas. Cuando la Virgen avanza, la gente la mira y repite: ‘Ahí viene nuestra reina’”, cuenta Margarita. En ese momento, la fe de todo un pueblo se hace tangible.

Vestido de la Virgen de la Candelaria confeccionado por Margarita de Amín. //Foto: cortesía.
Vestido de la Virgen de la Candelaria confeccionado por Margarita de Amín. //Foto: cortesía.
Vestido de la Virgen de la Candelaria confeccionado por Margarita de Amín. //Foto: cortesía.
Vestido de la Virgen de la Candelaria confeccionado por Margarita de Amín. //Foto: cortesía.

El legado de estas mujeres trasciende la costura. Con cada vestido, con cada puntada, con cada oración, Mayi Feghali de Benedetti y Margarita de Amín honran una tradición centenaria que sigue iluminando el corazón de Cartagena de Indias. Y este año, cuando la Virgen descienda envuelta en los colores del atardecer, será su amor y devoción lo que la haga brillar aún más.

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