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Cultural

Ruby Rumié, la artista cartagenera que se deconstruyó para encontrar su propia voz

Reflexiona sobre su proceso de deconstrucción personal, el camino para encontrar su voz y la manera en que su obra dialoga con las heridas sociales desde la estética y la experiencia.

Ruby Rumié, la artista cartagenera que se deconstruyó para encontrar su propia voz

La artista cartagenera que a través de sus obras busca recrear y confrontar situaciones de la realidad sino también explorar su propia emocionalidad // CORTESÍA - RUBY RUMIÉ.

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Cuando se piensa en artistas representativos de la ciudad, la memoria se expande. Cartagena ha parido a creadoras y creadores que llevan su nombre más allá de las murallas. En ese mapa sensible del arte contemporáneo, Ruby Rumié ocupa un lugar singular: el de una mujer que decidió mirar hacia adentro para construir una obra honesta, atravesada por la emoción, el cuerpo y la experiencia humana.

Allí, en su casa ubicada en el barrio Getsemaní —un lugar que es, al mismo tiempo, vivienda y taller— hay libros cuidadosamente organizados, obras en proceso y rastros de exposiciones pasadas entre las grises paredes y las luces tenues que adornan la estancia. Ruby se mueve con naturalidad entre ese universo que ha construido con los años. Habla despacio, con una calma que contrasta con la profundidad de sus ideas. Antes de empezar, aclara algo que parece definirla cuando se le pregunta por quién es:

Somos muchas, no somos una. Soy una persona en proceso".

Al escucharla, no habla de su trabajo como una meta alcanzada, sino como un camino en permanente transformación. Para ella, crear implica desmontarse, cuestionarse, volver una y otra vez a lo esencial. “Yo soy una persona en constante movimiento, con capacidad de asombro y curiosidad”, dice, y esas cualidades —no siempre valoradas, como ella misma señala— son las que sostienen su práctica artística.

La artista sitúa la acción en el Volcán del Totumo, un cráter de lodo con profunda
carga simbólica y ancestral // CORTESÍA RUBY RUMIE.
La artista sitúa la acción en el Volcán del Totumo, un cráter de lodo con profunda carga simbólica y ancestral // CORTESÍA RUBY RUMIE.

El arte como proceso y pregunta

En su obra, el arte no funciona como una respuesta cerrada ni como un discurso dogmático. Al contrario, es una invitación a habitar la duda.

La única manera en la que tiene sentido es trabajándome, cuestionando la médula, abriendo el esternón y haciéndome preguntas incómodas. Creo que esa es la capacidad que el arte le da al artista”, afirma con convicción.

Ese ejercicio personal se traduce en proyectos que por más de 30 años de vida artística, el cuerpo es protagonista, no como forma estética, sino como territorio de memoria. En uno de ellos —su proyecto más reciente— el barro aparece como símbolo central. “Se nos dijo que el barro ensucia, pero aquí el barro limpia”, explica. Para Ruby, cubrir el cuerpo de barro no es ocultarlo ni embellecerlo, sino revelar aquello que normalmente permanece oculto. “El cuerpo deja de ser posición y vuelve a ser materia”.

Una artista que sus obras han estado expuestas en diferentes escenarios del mundo, sin embargo, no se olvida de sus raíces a la hora de contar una historia // CORTESÍA RUBY RUMIÉ.
Una artista que sus obras han estado expuestas en diferentes escenarios del mundo, sin embargo, no se olvida de sus raíces a la hora de contar una historia // CORTESÍA RUBY RUMIÉ.

Mostrar lo incómodo sin renunciar a la estética

Rumié es consciente de que su obra incomoda. No rehúye ese efecto; lo asume como parte de su responsabilidad artística. “A veces muestro cosas que la gente no quiere ver, que cree que barriendo debajo de la alfombra van a desaparecer”, dice. Sin embargo, hay un límite claro que no está dispuesta a cruzar: el descuido estético.

“Puedo mostrar algo incómodo, pero siempre dentro de una estética. Para mí eso es clave”, afirma. En sus proyectos, la belleza no suaviza el conflicto, pero sí lo vuelve visible, mirable, habitable. Desde allí, la cartagenera aborda temas como el clasismo y el racismo, problemáticas que, asegura, siguen profundamente arraigadas. “En eso sí estoy convencida: todavía tenemos mucho problema de clasismo y racismo”.

¿Cómo están los niños? es el nombre de su más reciente obra que está expuesta en la ciudad // CORTESÍA RUBY RUMIÉ.
¿Cómo están los niños? es el nombre de su más reciente obra que está expuesta en la ciudad // CORTESÍA RUBY RUMIÉ.

Cartagena, raíz y resonancia

Aunque su obra ha circulado por distintos escenarios internacionales y la ha llevado a expandir sus horizontes artísticos, la ciudad sigue siendo una presencia constante. No como postal turística, sino como experiencia vital. Crear desde Cartagena ha sido también un acto de afirmación y resistencia.

Al escucharla hablar, podría pensarse que esa voz segura nació con ella. Sin embargo, no fue así. En un camino lleno de altos y bajos, Ruby la fue encontrando y aprendió a usarla a través de sus ideas que luego ha materializado en obras que muestran y confrontan la realidad. “Fue muy difícil encontrar la voz que hoy tengo”, reconoce. Esa voz se construyó con el tiempo, a partir de la escucha, de la experiencia compartida y de la necesidad de contar historias que no siempre quieren ser escuchadas de una forma que no puedan pasar desapercibidas.

Hoy, en su casa ubicada en este barrio icónico y bohemio de la ciudad, entre libros y recuerdos de sus obras, Ruby Rumié, la artista, esposa, mamá y abuela habla desde la serenidad de quien entiende el arte como un acto profundamente humano y sensible. Su voz no busca imponerse, sino abrir espacios. Y en esa búsqueda constante, su obra sigue encendiéndose desde lo más profundo, proyectando no solo a la ciudad, sino también a ella misma.

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